Los resultados de los comicios revocatorios celebrados en Taiwán hablan por sí solos: los 24 legisladores del Kuomintang (KMT), que iban a ser revocados, sobrevivieron a sus votaciones, lo que garantiza que esta formación junto con los legisladores del Partido Popular (PPT) mantendrán el control de la oposición en la Legislatura.
Solo siete de las 25 votaciones revocatorias consiguieron suficientes votos a favor para alcanzar el umbral del 25 por ciento de votantes elegibles requerido para que la revocatoria tuviera éxito, pero esas campañas aún así fracasaron porque más personas en esas contiendas votaron para oponerse en lugar de apoyar la revocatoria. En las otras 18 contiendas revocatorias, no se alcanzó el umbral de votos a favor y el número de votos en contra superó a los favorables. La alcaldesa de Hsinchiu, Ann Kao (PPT), salió airosa de la prueba. Aunque quedan siete revocatorias adicionales por ser votadas el 23 de agosto, el proceso está herido de muerte.
Tres importantes derrotas
Ha sido una derrota, en primer lugar, para el partido gobernante, el Partido Democrático Progresista (PDP), en minoría en el Yuan Legislativo, que quedó muy lejos de su objetivo de “corregir” la legislatura dimanante de las elecciones del 13 de enero de 2024. Aunque el PDP se ha esforzado por negar su implicación directa en las iniciativas de destitución, lo cierto es que su primer instigador fue Ker Chienming, líder de su bancada en el Yuan Legislativo.
Pero ha sido también, en segundo lugar, una derrota del movimiento ciudadano “Anticomunistas, protejan a Taiwán”, que recogió el guante lanzado por Ker y se ha consumado como víctima de la instrumentalización por parte del PDP para satisfacer su ambición política. Robert Tsao, el magnate tecnológico retirado y hasta hace poco miembro del Consejo de Seguridad del presidente Lai, líder visible del movimiento, ha sido otra cara de la derrota. Tsao atribuyó los resultados a la “influencia generalizada de Beijing en Taiwán, la infiltración y las estrategias del PCCh”….
Y, en tercer lugar, ha sido una derrota mayúscula para el presidente Lai Ching-te, quien se habia referido a los diputados de la oposición como “impurezas” que era necesario “eliminar” para asegurar la plena defensa de la soberanía taiwanesa.
Claramente, el PDP no logró convencer a la ciudadanía del momento supuestamente “crítico” que vive Taiwán. Esta se desentendió en buena medida de esa atmosfera de “asedio de las fuerzas externas” bien orquestado con las maniobras militares Han Kuang de un lado y, de otro, los 10 discursos de Lai por toda la isla sin escatimar esfuerzos. La desautorización de la oposición asociándola con el intento de socavar el orden constitucional y comprometer la seguridad de Taiwán promoviendo los intereses de Beijing, o incluso apelando al anticomunismo visceral de los votantes, ha naufragado.
El PDP ha forzado demasiado el argumentario, pervirtiendo una fórmula, la de la revocatoria, que no está pensada para dirimir la pugna entre los partidos sino entre los electores y sus representantes.
En realidad, probablemente, muchos electores recelaron de un enfoque un tanto errático cuando en realidad se trataba de encubrir algo tan simple como “controlar” la legislatura para aplicar el rodillo gubernamental. Y no pocos discreparían, por inexactas y exageradas, de las acusaciones a la oposición de haberse rendido al PCCh solo porque defienden que el diálogo con China continental es indispensable para garantizar la paz.
Una mayúscula victoria de la oposición
La oposición sale muy fortalecida de este pulso y todo indica que va a perseverar en su táctica legislativa. El día previo a las votaciones, rechazaron en pleno las designaciones propuestas por segunda vez por el presidente Lai para renovar el Tribunal Constitucional (también se le sumaron algunos votos de diputados afines al gobierno) en un mensaje contundente.
El KMT seguirá teniendo la llave de la estabilidad política en Taiwán. Lo logrado no es un cheque en blanco pero sin duda advierte de las fuertes raíces de su movimiento político, especialmente en algunas zonas del país donde fue capaz de movilizar a sus bases, algo que había sido puesto en duda a la vista del fracaso en su intento de instar revocatorios contra legisladores del PDP. Que su líder parlamentario, Fu Kun-chi, tantas veces acusado de promover los intereses de China, haya salido ileso es reflejo de esa contramovilización.
Por otra parte, esta victoria probablemente contribuirá a cimentar la colaboración con el PPT, aunando fuerzas con mayor empeño para trabar y condicionar la acción de gobierno del PDP.
¿Cuál ha sido la reacción de Lai Ching-te? “No es una victoria para un bando ni una derrota para el otro”, dijo, después de apelar a la unidad. Pero es su agenda la que impide el consenso. Y no va a renunciar a ella. También su talante político, poco dado a tratar con humildad a la oposición que es mayoritaria (recuérdese que es presidente con el 40 por ciento de los votos). De hecho, de nuevo, no se comprometió a tratar de cerrar la brecha abierta con los demás partidos, ni de ejercer mayor capacidad de consideración de sus puntos de vista.
Para el PDP, si lo supiera leer, es el fin de una estrategia política. Por lo pronto, es de preveer que estos resultados ahonden en la división y el enfrentamiento político entre gobierno y oposición, entre verdes y azules, entre secesionistas y unionistas. El primer ministro Cho Jung-tai no debiera tardar en remodelar su gobierno y sopesar cuánto de advertencia hay en este mensaje de cara a las elecciones locales del próximo año.
![Observatorio de Política China [OPCh]](https://www.politica-china.org/wp-content/uploads/logo-horz-1-v500.png)

