Pragmatismo y reconfiguración hemisférica: China en la Estrategia De Defensa Nacional 2026 De Estados Unidos | Tonatiuh Fierro, Universidad Autónoma de Guerrero

Uno de los objetivos principales de la Estrategia de Defensa Nacional (EDN) 2026 de Estados Unidos, dada a conocer el 23 de enero, es: “disuadir a China” para establecer “una paz decente, en términos favorables para los estadounidenses, pero que China también pueda aceptar y vivir bajo ellos”. Desde luego, Estados Unidos no renuncia a su naturaleza intervencionista que considera legítima, siempre y cuando sus intereses nacionales no estén en riesgo. Así pues, con estas palabras la EDN describe a China como la segunda potencia global, en la cual destaca su modernización tecnológica-militar, aún con sus crecientes desafíos internos:

Si bien China enfrenta importantes desafíos económicos, demográficos y sociales internos, lo cierto es que su poder está creciendo. Beijing ya ha gastado enormes cantidades en el Ejército Popular de Liberación (EPL) en los últimos años, a menudo en detrimento de las prioridades nacionales. Sin embargo, China aún puede permitirse gastar aún más en su ejército, si así lo desea, y ha demostrado su capacidad para hacerlo con eficacia.

A lo largo del texto, la descripción estadounidense de China evidencia la apertura y transigencia de su voluntad política para lograr un ambiente que permita una mayor disposición al diálogo, la negociación y el intercambio bilateral pragmático. Esto no significa que dejen de ser competidores estratégicos globales en el corto y mediano plazo, lo que buscan en la narrativa es disminuir los riesgos de una escalada bélica. Además, hay muchos temas de interés en común que exigen un entendimiento y colaboración bilateral y multilateral.

En un contexto de “despolitización pragmática”, Washington y Beijing han buscado espacios de cooperación para la próxima visita de Donald Trump a China en abril de 2026 como la lucha contra el trasiego ilegal de precursores químicos para la elaboración del fentanilo y la eventual suspensión estadounidense de aranceles por medidas antinarcóticos, y la eliminación china de los controles a la exportación de minerales críticos —galio, germanio, antimonio y grafito—. Asimismo, Trump reconoce que tiene una capacidad limitada para seguir ejerciendo una fuerte presión hacia China. Es decir, hay un cambio y distensión en el discurso al no basarse en descalificaciones.  

La segunda presidencia de Trump prioriza la vigencia de la Doctrina Monroe y el Corolario Roosevelt para “restaurar el dominio militar estadounidense en el hemisferio occidental”, justo cuando su posición dominante “comenzaba a desvanecerse”, de ahí la publicación del “Corolario Donroe” plasmado en la Nueva Estrategia de Seguridad Nacional el 5 de diciembre de 2025, en donde manifiesta el reajuste de su presencia hemisférica con énfasis en América Latina y en clara rivalidad con China como potencia extrahemisférica. Asimismo, argumenta que la EDN debe “evaluar, clasificar y priorizar” a “América Primero” con una perspectiva altamente realista y pragmática en congruencia con los intereses y objetivos estadounidenses. Trump rompe con “las grandiosas estrategias de las administraciones posteriores a la Guerra Fría que carecían de un enfoque concreto en los intereses prácticos”.

Este proyecto busca poner en marcha de forma activa su capacidad disuasiva estratégica, y no tanto de confrontación directa, contra aquellas amenazas que considera “viscerales” y que percibe como “reales y creíbles” que afectan a “la seguridad, la libertad y la prosperidad de los estadounidenses”, al mismo tiempo mantiene la capacidad de tomar medidas decisivas unilateralmente, teniendo en cuenta el apoyo de sus aliados y socios regionales para que contribuyan a la defensa colectiva, principalmente en zonas geográficas lejanas.

La EDN considera que “no todas las amenazas tienen la misma severidad, gravedad y consecuencias”. Sin embargo, pese a la distancia geográfica, para Estados Unidos, el Indopacífico es clave para garantizar su acceso al “centro de gravedad económico mundial” porque “aún tienen implicaciones excepcionalmente reales, de hecho, fundamentales, para los intereses vitales de nuestra nación” al poner en peligro su capacidad de reindustrialización. Asume que es importante “mantener un equilibrio favorable de poder militar en el Indopacífico” para su seguridad nacional. De este modo, jerarquiza “el equilibrio de poder flexible y sostenible”.

Con un enfoque de “realismo flexible”, la EDN reitera que reenfocará al ejército estadounidense en su “objetivo fundamental e irremplazable de ganar las guerras de la nación decisivamente”. No obstante, en comparación con otros gobiernos anteriores, “nuestro propósito no será la agresión ni la guerra perpetua”. Cuando Estados Unidos perciba que sus intereses nacionales corren peligro o esté en riesgo la seguridad nacional, su estrategia será “letal” como la Operación Lanza del Sur con la proyección tecnológica-militar de su poder naval en el Caribe con el portaaviones USS Gerald R. Ford en contra de lo que denomina organizaciones terroristas extranjeras (OTE), especialmente hacia los “narcoterroristas”. Por ejemplo, se jacta de la Operación Resolución Absoluta que finalizó con la captura súbita del presidente Nicolas Maduro y su esposa Cilia Flores el 3 de enero de 2026 en Caracas.

En pocas palabras, tampoco quiere empantanarse en conflictos bélicos extranjeros debido a que toma en serio las dificultades enfrentadas en Iraq y Afganistán, que finalmente han tenido un alto costo para su prestigio exterior y estabilidad interna. En este espíritu de diálogo y negociación con China, Estados Unidos requiere obtener “condiciones favorables”:

El Departamento de Guerra buscará […] apoyar la estabilidad estratégica con Beijing, así como la distensión y la desescalada en general. Sin embargo, también seremos lúcidos y realistas sobre la velocidad, la escala y la calidad del histórico desarrollo militar de China. Nuestro objetivo no es dominar a China, ni estrangularla ni humillarla. Más bien, nuestro objetivo es simple: impedir que nadie, incluida China, pueda dominarnos a nosotros o a nuestros aliados.

Para Estados Unidos, “la paz es el bien supremo”, aunque revela que, “afortunadamente, esta paz es compatible con los intereses de nuestros posibles oponentes, si mantienen sus demandas razonables y contenidas”. En estos puntos es iterativa en todo el texto. Aunque en ocasiones pareciera que exige condicionar previamente la “paz” bajo sus propios términos y no considera los intereses chinos. En cierta forma, el lenguaje muestra una actitud ambivalente.

La política de Estados Unidos hacia China no busca y “no requiere un cambio de régimen”. La EDN no “considera necesario imponer nuestro estilo de vida por la fuerza. No busca resolver todos los problemas del mundo”. En efecto, la promoción de la democracia y la defensa y el respeto de los derechos humanos dejaron de ser objetivos y valores cruciales de la política exterior estadounidense. Temas que no se abordan en el EDN, colocando su relación bilateral hacia una altamente pragmática.

De alguna manera, hay un reconocimiento explícito de la esfera de influencia china en la región del Indopacífico, pero a la vez Washington espera que Beijing contenga su avance trepidante en su zona cercana. Ya que, sin mencionar a China, de acuerdo con Estados Unidos, han “visto crecer la influencia de los adversarios desde Groenlandia en el Ártico hasta el Golfo de América, el Canal de Panamá y lugares más al sur”. Por este motivo, el Departamento de Guerra “colaborará con las naciones de todo el hemisferio para impulsar estos objetivos, incentivándolas y capacitándolas”. Los márgenes de maniobra de Estados Unidos dependerán del uso del pragmatismo en sus negociaciones políticas con China.

Fuentes

Departamento de Guerra de Estados Unidos (2026, 23 de enero). National Defense Strategy. https://media.defense.gov/2026/Jan/23/2003864773/-1/-1/0/2026-NATIONAL-DEFENSE-STRATEGY.PDF

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