Después de la reunión ministerial del Foro CELAC-China en Beijing, esta semana los tabloides tuvieron como uno de los temas centrales la visita de Sergio Gutiérrez Luna, actual presidente de la Cámara de Diputados de México, a China.
La cobertura de los medios fue distinta en la prensa china y en la mexicana, pues en el país anfitrión esta visita se colocó en un escaparate para visibilizar la cercanía entre estos dos países. Sin embargo, en el caso mexicano, esto fue distinto, pues la oposición comenzó a cuestionar el origen de los fondos de los gastos de la visita de Gutiérrez Luna a Beijing.
En este breve análisis, se rescatará la participación de México en el Foro CELAC-China y la visita del presidente de la Cámara de Diputados, con el objetivo de identificar el momento en el que se encuentra esta relación bilateral, más allá de lo mediático.
El Foro CELAC-China y la Declaración de Beijing
Este foro se desarrolló en un momento clave para la diplomacia y la política exterior china, pues si bien los diálogos regionales que tiene China con otras áreas geográficas, como el Foro Boao y el FOCAC, ya habían acontecido, esta reunión sucedió en medio de la confrontación comercial y tecnológica entre China y Estados Unidos.
El retorno de Donald Trump ha representado un desafío para Beijing, pues durante abril y mayo China utilizó toda su infraestructura diplomática para reunirse con distintos gobiernos y así reafirmar alianzas frente a la agresiva política exterior americana. En este sentido, esta reunión ministerial permitió mostrar al mundo la presencia de China en América Latina. Si bien Latinoamérica no es el perímetro inmediato de la frontera china, y tampoco es el bloque regional que tiene el mayor dinamismo con el país asiático, sí representa un espacio importante en el equilibrio del poder entre las dos potencias globales, que son Estados Unidos y China. Al mismo tiempo es una zona de inflexión en la triangulación Washington- Taipéi- Beijing. Esto se demostró con la primera visita del gobierno de Trump a América Central, a cargo de Marco Rubio a principios de febrero de este año. Esta acción sirvió para reafirmar a esta subregión como área geoestratégica de contención a China, pues este segundo mandato ha fragmentado al continente. Por un lado, esto ha complicado la relación con su primera zona de seguridad periférica, en donde se encuentran Canadá y México. Por otro lado, ha dado escaparate a mandatarios latinoamericanos con ideología conservadora, como es el caso de Milei. Este panorama y la agresiva política exterior de Washington ha trasladado a América Central su pivote regional. La coerción trumpista ha logrado el cambio panameño respecto a China y la criminalización de inmigrantes recluidos en El Salvador. Mientras que, en el Cono Sur, los casos de Argentina y Paraguay son la excepción; el primero ya explicado y el segundo por el reconocimiento diplomático a Taiwán.
Bajo este panorama complejo, el Foro CELAC-China es un punto de encuentro estratégico, pues a lo largo de los últimos años Beijing ha utilizado este como plataforma de mayor dinamismo bilateral con presidencias pro tempore, a fin de capitalizar el timing de la coincidencia entre las presidencias y los gobiernos de izquierda de algunos países para relanzar relaciones. Existen tres casos muy claros en esto:
- 2017- El Salvador: utilizando la diplomacia parlamentaria con el Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional y el triunfo de Salvador Sánchez, que desembocó en el cambio de reconocimiento diplomático.
- 2020- México: la llegada de la izquierda con MORENA y Andrés Manuel López Obrador, que, durante la pandemia, la presidencia en CELAC permitió un acercamiento vía diplomacia de la vacuna y la mascarilla.
- 2025- Colombia: aprovechando la llegada de Petro para la inserción de este país a la Iniciativa de la Franja y la Ruta.
Pese a esta fragmentación, los resultados de este encuentro pareciera ser otra victoria diplomática para Beijing. Esto pese a la negativa argentina para firmar la declaración de Beijing, que es parte de la hoja de ruta en la vinculación entre América Latina y China para los próximos dos años.
Es importante señalar, que esta declaración permite ver una evolución del modelo de cooperación “1 + 3 + 6”, pues su contenido da continuidad y enfatiza en nuevas áreas estratégicas que están alineadas al nuevo modelo de alta calidad chino. Si bien la inversión, el comercio y la infraestructura se mantienen como ejes de este dinamismo, es imperante resaltar cómo este documento evoluciona con la inclusión de más actores y espacios de cooperación. En este sentido, la declaración de Beijing también se inserta en la Comunidad de Destino Compartido y muestra cómo la diversificación de actores es clave en la construcción de una diplomacia pública más posicionada en la escena internacional. Esto se refleja en los compromisos en materia de cooperación educativa y con partidos políticos de la región.
Si bien esto pudiera ser interpretado como una unificación en la vinculación, no necesariamente implica esto. Desde la institucionalización del Foro CELAC- China, uno de los grandes retos para Beijing ha sido la diversidad de vinculación política que existe en la región. En otras palabras, la hoja de ruta no significa que lo regional prime respecto a las relaciones bilaterales. Esto se refleja en cómo la vinculación de cada uno de los países latinoamericanos con China es muy distinta. Las cuatro reuniones ministeriales continúan visibilizando a Brasil como el principal aliado a nivel regional; mientras que los intereses chinos en la región también son un factor importante para determinar a qué países se les da foco de atención en cada una de estas reuniones. En esta ocasión, la presencia de Jefes de Estado como Boric, Lula y Petro enmarcan el momentum de los intereses chinos en la región. Es decir, el año pasado fue el momento de Perú en el marco de APEC; 2025 es el año de Colombia por lo significativa que es su entrada a la BRI, especialmente por ser un país que tradicionalmente se encontraba más cercano a Estados Unidos.
Por lo tanto, siguiendo el hilo de este análisis, la pregunta es ¿dónde queda México? La respuesta requiere un preámbulo. Si bien ya se mencionó que en 2020 hubo un acercamiento entre el gobierno mexicano y el chino, esto no necesariamente implicó un cambio radical en la política exterior mexicana. Aunado a esto, es importante señalar la ausencia de un Jefe de Estado activo en la escena internacional. La presidencia de Claudia Sheinbaum ha significado un cambio en este último aspecto, pues la reunión del G20 en Río de Janeiro sirvió como escenario para el relanzamiento de la política exterior mexicana. Esto se reflejó en el acercamiento que la presidenta tuvo con algunos países clave para la vida política, económica y social de México, como lo son Estados Unidos, Canadá, China, Colombia, Vietnam y Francia. De manera adicional, Río de Janeiro dejó ver hacia dónde está encaminada esta política exterior mexicana. Es importante recordar que, durante esta reunión, Claudia Sheinbaum hizo propuestas en términos de cooperación e incluso sacó del congelador al grupo MIKTA.
Este preámbulo permite entender la participación mexicana en la reunión de Beijing, pues en las palabras del Canciller Juan Ramón de la Fuente se enfatizó en la visión que promueve este nuevo gobierno, basada en “unidad, colaboración y coordinación sí, pero sin subordinación”. Esta última parte de la frase hace la diferencia y permite entender el posicionamiento mexicano de no subordinación con Estados Unidos, ni con otro gobierno extranjero.
La reunión entre cancilleres no tuvo un mayor impacto, pues fue un primer encuentro formal entre los dos representantes de la política exterior de ambos países. En este sentido, se reafirma el posicionamiento y el compromiso de promover el multilateralismo de manera conjunta; sin embargo, esto no implica otros alcances.
Una puerta medio abierta, pero con ventanas amplias
Esta frase hace alusión a cómo a pesar de que ha existido un mayor dinamismo en la relación bilateral, la perspectiva del ejecutivo mexicano sobre cómo relacionarse con China se mantiene en una postura moderada. Aspecto que se comprende por la posición geopolítica de México y la vinculación que debe tener con Washington sí o sí. Sin embargo, a lo largo de las décadas la ejecución de la política exterior en manos del poder legislativo, Senado o Cámara de Diputados, o vía gobiernos locales ha logrado tener una mayor proyección. Por lo tanto, estos canales alternativos se han convertido en las ventanas amplias entre China y México.
El uso de la diplomacia parlamentaria como mecanismo de acercamiento entre México y Beijing no es algo nuevo. Esto remonta a los intercambios de cooperación entre el Partido Revolucionario Institucional (PRI) y el Partido Comunista de China. Situación que se fue trasladando a la diplomacia parlamentaria en donde se logró institucionalizar el Grupo de Amistad México- China, en donde principalmente representantes del PRI y MORENA son ahora quienes han ocupado asientos en dicho grupo. En pocas palabras, no es la primera vez que un congresista mexicano tiene un viaje a China. Así mismo, el legislativo mexicano ha recibido delegaciones homólogas chinas.
Sin embargo, la visita de Sergio Gutiérrez Luna, al igual que la reunión de la CELAC-China, sucede en un momento importante. De nuevo, la pregunta es ¿por qué generó tanto revuelo y por qué la prensa china lo posicionó? La respuesta recae en un aspecto que es determinante en la vinculación con China, que es la falta de una directriz homologada en todos los niveles sobre cómo relacionarse, qué decir, cómo decirlo y sobre todo la profesionalización o no profesionalización de quienes ejecutan diplomacia parlamentaria. La ventana amplia es un espacio perfecto para potencializar el poder suave y la diplomacia pública china. Es por esto por lo que mediáticamente este evento fue muy importante. En el caso de México, los canales alternos de vinculación hoy son aprovechados al máximo para mantener una narrativa de posicionamiento. Esto se vuelve clave en un momento de confrontación sistémica entre China y Estados Unidos. No obstante, los 3152 km que comparten México y Estados Unidos seguirán siendo un factor para marcar líneas rojas en el relacionamiento internacional mexicano con otros actores. Mientras no se crucen estas líneas rojas, México puede hacer lo que considere, como utilizar la “no subordinación” como un margen de maniobra que le permita no quedar entrampado entre estas dos potencias. Esto es lo que otros países, como Vietnam, han hecho respecto a Washington y Beijing a través de ambigüedad estratégica.
![Observatorio de Política China [OPCh]](https://www.politica-china.org/wp-content/uploads/logo-horz-1-v500.png)
