La Política Exterior Transaccional de Estados Unidos: Análisis de la Estrategia de Seguridad Nacional 2025 y las implicaciones para Asia y China

Índice

Introducción: El Manifiesto de un Imperialismo en Fase de Repliegue y Exclusión

La publicación de la Estrategia de Seguridad Nacional (ESN) de los Estados Unidos en noviembre de 2025 constituye un hito en la historia de la geopolítica, no por su capacidad de innovación diplomática, sino por formalizar la transición de un imperialismo de expansión liberal a uno de exclusión estructural y hegemonía defensiva. Este documento emerge en un contexto en el que la hegemonía estadounidense experimenta un declive relativo frente al ascenso constante de potencias soberanas, lo que ha llevado a Washington a reevaluar sus estrategias de dominio mediante una retirada táctica hacia su retaguardia estratégica (Regalado Florido, 2026, párr. 1).

El 4 de diciembre de 2025, la administración del presidente Donald Trump publicó la ESN 2025, un documento de 33 páginas que establece las prioridades estratégicas estadounidenses para los próximos años. Este documento, exigido por ley al Congreso, adquiere particular relevancia por marcar el segundo mandato de Trump y por presentar lo que algunos analistas internacionales han interpretado erróneamente como un “ablandamiento” de la postura estadounidense hacia China (Wang, 2025; Brookings, 2025). En efecto, el lenguaje del documento evita calificativos explícitos como “competidor estratégico” o “revisionista”, términos presentes en versiones anteriores, y opta por expresiones como “reequilibrar la relación económica con China” o mantener relaciones económicas “mutuamente beneficiosas” (Wang, 2025; Yu, 2025).

Esta doctrina no se percibe como un indicador de fortaleza, sino más bien como una respuesta defensiva destinada a resguardar la economía estadounidense mientras se procura la fragmentación del sistema internacional con el fin de obstaculizar el avance tecnológico y económico de la República Popular China. El presente artículo desglosa esta estrategia como un proyecto de supervivencia imperialista que prioriza el transaccionalismo crudo y el desacoplamiento selectivo sobre el “orden basado en reglas” que el propio Occidente pretendió liderar durante décadas (Regalado Florido, 2026, párr. 2).

La pregunta central que guía este análisis es: ¿Cuál es la naturaleza real de la política exterior transaccional enunciada en la ESN 2025 y cuáles son sus implicaciones para Asia, para China y para el Sur Global? Para responderla, el ensayo se estructura en siete partes. La primera examina el contexto de declive estructural en el que se gesta la estrategia. La segunda analiza la dialéctica de continuidad y ruptura que caracteriza el documento. La tercera sección ofrece una explicación explícita y detallada de la política transaccional. La cuarta parte estudia el paradigma de exclusión como rasgo definitorio del enfoque hacia China. La quinta sección aborda las implicaciones regionales para Asia, incluyendo el tratamiento de Taiwán. La sexta parte analiza de manera explícita las contradicciones y debilidades de la estrategia transaccional. Finalmente, la séptima sección presenta la respuesta estratégica que China debe adoptar ante este nuevo escenario y el creciente atractivo de su visión alternativa en el Sur Global.

La metodología empleada es el análisis documental de fuentes primarias (la propia ESN 2025) y secundarias, con especial atención a las contribuciones de académicos chinos como Wang Peng (2025) de la Universidad de Ciencia y Tecnología de Huazhong, Yu Xiang (2025) de la Universidad Tsinghua, y los profesores Jia Qingguo y Huang Jing de la Universidad de Pekín (北京大学, 2025), así como análisis del Brookings Institution (2025) y otras fuentes internacionales. Se sigue un enfoque de teoría crítica de las relaciones internacionales, atento a las relaciones de poder subyacentes y a los discursos que las legitiman, con especial sensibilidad hacia las perspectivas del Sur Global.

1. El Contexto de la ESN 2025: Recalibración bajo el Declive Estructural

1.1 La Crisis del Modelo de Intervención Global

El contexto en el que se gesta la ESN 2025 se caracteriza por lo que el pensamiento estratégico chino denomina una “recalibración bajo el declive estructural”, motivada por el exceso de alcance estratégico y el agotamiento del modelo de intervención global (Ríos, 2025). Tras un período de inestabilidad interna y fracasos en las políticas exteriores, la administración estadounidense proyecta una imagen de recuperación nacional que busca restaurar su fuerza mediante el aislamiento selectivo y el nacionalismo económico (Asociación Lázaro Cárdenas, 2025).

Las relaciones con China han experimentado una transición desde una competencia gestionada hacia una fase de exclusión estructural, en la cual Washington percibe que el tiempo para mantener su primacía se está agotando frente a los avances chinos en sectores clave de la Cuarta Revolución Industrial. El retraso sistemático en la publicación del informe, atribuido a debates internos sobre la agresividad comercial, refleja una tensión profunda entre el pragmatismo económico y la línea dura estratégica que finalmente ha prevalecido como consenso de Estado (Yuwen, 2025). Este dato es crucial: la aparente moderación fue objeto de disputa, y el resultado final es un producto de esa tensión resuelta a favor de una postura más dura contra China.

El aspecto más llamativo de la ESN 2025 es la redefinición radical de prioridades geográficas. Mientras que las estrategias anteriores (tanto la primera de Trump en 2017 como la de Biden en 2022) colocaban la competencia entre grandes potencias, particularmente en el Indo-Pacífico, como eje central, la ESN 2025 eleva el hemisferio occidental -América Latina y el Caribe- a la categoría de “prioridad máxima” y “primera área de acción” (Wang, 2025; Brookings, 2025). Este cambio no es meramente retórico, sino que implica una reasignación sustancial de recursos diplomáticos, militares y económicos hacia la región tradicionalmente considerada el “patio trasero” de Estados Unidos.

1.2 El Desplazamiento del Rol de Policía Global

El contexto internacional evidencia un desplazamiento del rol de policía global por parte de Estados Unidos, no por convicción pacifista, sino debido a la limitación de su capacidad material y la necesidad de focalizar sus recursos en el territorio nacional (Ríos, 2025). Mientras que Beijing promueve mecanismos de conectividad global, como la Iniciativa de la Franja y la Ruta, Washington responde con un documento que prioriza la seguridad fronteriza y la protección de su mercado interno mediante la asfixia del otro (Regalado Florido, 2026, párr. 6).

En el contexto actual, las relaciones bilaterales han alcanzado su punto más bajo en términos de flexibilidad diplomática. Esta situación se atribuye a la interpretación que la administración estadounidense hace de cualquier avance del Sur Global como una derrota estratégica para los intereses propios de Estados Unidos (Regalado Florido, 2026, párr. 7). Esta percepción ha contribuido a la creación de un ambiente de hostilidad, alimentado por un consenso bipartidista que identifica a China como la única potencia con capacidad sistémica para desafiar la arquitectura financiera y militar establecida tras la Segunda Guerra Mundial (Asociación Lázaro Cárdenas, 2025; Yuwen, 2025).

Esta reconfiguración estratégica global que propone la ESN 2025 sigue una lógica implacable de concentración de recursos en áreas vitales y reducción de compromisos en áreas periféricas o costosas. Como acertadamente resume el análisis, “el contexto internacional evidencia un desplazamiento del rol de policía global por parte de Estados Unidos, no por convicción pacifista, sino debido a la limitación de su capacidad material y la necesidad de focalizar sus recursos en el territorio nacional”. Estados Unidos está transitando de una estrategia de “contención expansiva” global a una de “contención dirigida” o, más precisamente, de “exclusión estructural” (Regalado Florido, 2026, párr. 1), más precisa, más sostenible en el tiempo y adaptada a sus capacidades reales.

2. Continuidad y Ruptura: La Metamorfosis de la Estrategia de Dominación

2.1 Las Continuidades Fundamentales

La ESN 2025 exhibe una dialéctica de continuidad y ruptura que revela la nueva naturaleza del poder estadounidense en el siglo XXI. La continuidad fundamental reside en la identificación persistente de China como competidor estratégico central y desafío sistémico más agudo para la primacía de los Estados Unidos. Se sostiene la premisa de que Estados Unidos debe contar con la capacidad militar más formidable a nivel global con el fin de asegurar su bienestar económico, ejercer su dominio y mantener su hegemonía. Estos factores han mantenido a la administración actual vinculada a las doctrinas establecidas en 2017 y 2022 (Asociación Lázaro Cárdenas, 2025).

En este sentido, se observa la persistencia en el empleo de medidas punitivas unilaterales y estrategias de coerción diplomática dirigidas a terceros países con el propósito de restringir su colaboración con Beijing. Esta dinámica refleja la lógica de bloques que caracterizó los periodos de mayor confrontación en la historia reciente (Yuwen, 2025).

Wang Peng (2025) añade una dimensión crucial: la ESN 2025 mantiene la identificación de China como el principal desafío estratégico, aunque expresado en un lenguaje más sutil. La “construcción del enemigo mediante categorías abstractas” permite mantener la hostilidad estratégica mientras se evita la confrontación diplomática directa. Así, el documento habla de “competidores extrahemisféricos”, “subsidios predatorios dirigidos por el Estado”, “robo a gran escala de propiedad intelectual” y “control de cadenas de suministro de minerales críticos”, descripciones que solo pueden aplicarse a China (Wang, 2025; Brookings, 2025; O Globo, 2025).

2.2 Las Rupturas Paradigmáticas

No obstante, la ruptura con el pasado es profunda en lo que respecta al abandono del globalismo liberal y la retórica de la promoción de la democracia como eje central de la política exterior (Yuwen, 2025). La presente administración ha optado por reemplazar el idealismo normativo por un transaccionalismo descarnado, en el cual las alianzas no se fundamentan en valores compartidos, sino en beneficios materiales inmediatos y subordinación estratégica (Regalado Florido, 2026, párr. 9).

Otra ruptura crucial se evidencia en la introducción del “Corolario Trump” a la Doctrina Monroe, que implica una retirada táctica de los compromisos globales en Eurasia para concentrar el poder de intervención en el Hemisferio Occidental (Regalado Florido, 2026, párr. 9). Esta medida define a América Latina como una zona de exclusión para actores extrahemisféricos (Asociación Lázaro Cárdenas, 2025). Esta perspectiva se erige como una ruptura con el paradigma de la globalización neoliberal, adoptando un enfoque proteccionista que prioriza la seguridad nacional. Este proteccionismo implica una fragmentación deliberada de los mercados internacionales con el propósito de aislar el ascenso soberano de China (Ríos, 2025).

El “Corolario Trump” actualiza y radicaliza la Doctrina Monroe al establecer que Estados Unidos “negará a competidores extrahemisféricos la capacidad de posicionar fuerzas u otras capacidades amenazantes, o de poseer o controlar activos estratégicamente vitales, en nuestro Hemisferio” (Brookings, 2025; VOA News, 2025). Esta declaración explicita el derecho de Estados Unidos a intervenir en América Latina, utilizando todos los medios necesarios para prevenir que fuerzas extranjeras hostiles (principalmente China) adquieran activos estratégicos en la región, construyendo un “muro de contención geopolítico e ideológico” en la periferia crítica del desarrollo chino (Wang, 2025).

2.3 La Reconfiguración de Prioridades Regionales

Un corolario necesario de la priorización hemisférica es la degradación relativa de otras regiones. El caso de Europa es particularmente revelador por el tono inusualmente duro que emplea la ESN 2025. El documento advierte que, de continuar las tendencias actuales de migración, baja natalidad y cesión de soberanía, el continente europeo podría enfrentar su “desaparición civilizatoria” y que algunos miembros de la OTAN podrían quedar “irreconocibles” en dos décadas (Wang, 2025; Brookings, 2025).

Este diagnóstico cumple dos funciones estratégicas. Primero, presiona a los aliados europeos para que asuman mayores costos de defensa -la ESN 2025 menciona explícitamente el objetivo de elevar el gasto militar de los miembros de la OTAN al 5 % de su PIB (Wang, 2025). Segundo, legitima un distanciamiento progresivo de Estados Unidos respecto a compromisos europeos que ahora se perciben como costosos y potencialmente insostenibles (Brookings, 2025).

Oriente Medio experimenta un tratamiento similar. La ESN 2025 declara que la región ha dejado de ser el centro de la política exterior estadounidense, que las “guerras eternas” deben terminar y que Estados Unidos buscará únicamente evitar que una potencia hostil domine los recursos energéticos y las rutas de tránsito críticas (Brookings, 2025; VOA News, 2025). Esta retirada calculada libera recursos militares y diplomáticos que pueden ser reasignados al hemisferio occidental y al Indo-Pacífico.

3. La Política Transaccional: Definición, Caracterización y Manifestaciones

3.1 Definición Conceptual del Transaccionalismo Estratégico

La política transaccional constituye el núcleo operativo de la ESN 2025 y representa una ruptura fundamental con los paradigmas de política exterior que Estados Unidos había mantenido desde el final de la Segunda Guerra Mundial. Para comprenderla adecuadamente, es necesario definirla en sus propios términos y contrastarla con el modelo que reemplaza.

El transaccionalismo estratégico puede definirse como una doctrina de política exterior que concibe las relaciones internacionales exclusivamente como intercambios explícitos y ventajistas, donde cada interacción entre Estados debe generar un beneficio tangible, inmediato y mensurable para Estados Unidos, despojando la diplomacia de cualquier consideración basada en valores compartidos, solidaridad ideológica o compromisos de largo plazo que no reporten un retorno cuantificable (Wang, 2025).

Esta doctrina se caracteriza por reemplazar el idealismo normativo por un transaccionalismo descarnado, en el cual las alianzas no se fundamentan en valores compartidos, sino en beneficios materiales inmediatos y subordinación estratégica (Regalado Florido, 2026, párr. 9). Esta definición captura la esencia del cambio: la política exterior deja de ser una empresa orientada a la construcción de un orden internacional basado en reglas (con todas las hipocresías que ello implicaba) para convertirse en una serie de operaciones comerciales donde el poder de mercado y la capacidad coercitiva de Estados Unidos se utilizan para obtener concesiones concretas de otros actores internacionales.

Wang Peng (2025) añade una dimensión crucial: el transaccionalismo implica que “las alianzas se mantienen, pero se transforman en empresas conjuntas donde cada parte debe demostrar su valía y pagar su parte”. Esta conceptualización elimina cualquier noción de lealtad o compromiso incondicional entre aliados, sustituyéndola por una lógica de inversión con retorno esperado.

3.2 Los Pilares Fundamentales de la Política Transaccional

La política transaccional enunciada en la ESN 2025 se sustenta sobre cuatro pilares fundamentales que es necesario analizar en detalle:

Primer pilar: La primacía del interés nacional absoluto. La ESN 2025 establece explícitamente que “el propósito de la política exterior es la protección de los intereses nacionales centrales; ese es el único foco de esta estrategia” (Casa Blanca, 2025, p. 1, citado en Wang, 2025). Este principio, que en sí mismo no es novedoso en la historia de la diplomacia, adquiere una significación particular por la forma en que se interpreta: los intereses nacionales se definen de manera restrictiva y se priorizan sobre cualquier consideración de estabilidad global, bienes públicos internacionales o compromisos multilaterales. Esta doctrina “prioriza la seguridad interna de EE. UU. sobre la estabilidad global, mediante el uso de aranceles masivos y restricciones de visados como componentes permanentes de su estrategia diplomática” (Regalado Florido, 2026, párr. 15).

Segundo pilar: La redefinición de las alianzas como relaciones contractuales. Bajo el nuevo paradigma, los aliados dejan de ser socios en la defensa de valores compartidos para convertirse en clientes que deben pagar por los servicios de seguridad que Estados Unidos proporciona. La ESN 2025 es explícita al exigir que los miembros de la OTAN eleven su gasto en defensa al 5 % del PIB y que los aliados asiáticos incrementen sustancialmente sus contribuciones a la defensa regional (Wang, 2025; Brookings, 2025). Esta exigencia no se presenta como una petición de solidaridad, sino como una condición para mantener la protección estadounidense. Como señala un análisis del Brookings Institution (2025), esta aproximación “trata a los aliados como instrumentos desechables o como socios a los que se puede exigir sin ofrecer garantías creíbles”.

Tercer pilar: La geoeconomía como herramienta de coerción. La política transaccional convierte los instrumentos económicos -aranceles, sanciones, controles de exportación, restricciones de inversión- en armas de negociación permanente. La ESN 2025 anuncia “aranceles históricos para traer de vuelta a casa industrias críticas” y una política de “diplomacia comercial activa” enfocada en consolidar cadenas de suministro críticas (Casa Blanca, 2025, p. 1, citado en Diario Libre, 2025). Este fenómeno constituye una “militarización del comercio sin precedentes en la historia reciente”, donde la tecnología, las finanzas y los recursos naturales se convierten en “instrumentos de guerra geoeconómica” (Regalado Florido, 2026, párr. 10).

Cuarto pilar: La bilateralización de las relaciones internacionales. El transaccionalismo rechaza explícitamente los marcos multilaterales que limitan la capacidad de Estados Unidos para imponer su voluntad. La ESN 2025 critica a las “instituciones internacionales impulsadas por un transnacionalismo que busca disolver la soberanía estatal individual” (Casa Blanca, 2025, p. 2, citado en Wang, 2025) y opta por negociaciones bilaterales donde el poder asimétrico de Estados Unidos puede ejercerse con mayor eficacia. Esta preferencia por lo bilateral sobre lo multilateral permite a Washington segmentar el tablero internacional, negociar desde una posición de fuerza y evitar la formación de coaliciones que podrían resistir sus demandas.

3.3 Manifestaciones Regionales de la Política Transaccional

La política transaccional no es una abstracción teórica, sino que se manifiesta de manera concreta en las relaciones de Estados Unidos con las distintas regiones del mundo:

En el hemisferio occidental, el “Corolario Trump” a la Doctrina Monroe establece una relación puramente transaccional con América Latina y el Caribe: Estados Unidos ofrece “protección” contra la influencia extrahemisférica (léase China) a cambio de subordinación estratégica y acceso preferencial a recursos y mercados. Los países latinoamericanos son tratados como espacios de proyección del poder estadounidense, no como socios soberanos con intereses legítimos (Brookings, 2025). Esta es una cuestión que nos afecta directamente como región: Washington define a América Latina como una “zona de exclusión” sin consultar a los latinoamericanos, ignorando nuestra soberanía y nuestro derecho a establecer relaciones internacionales con quien consideremos conveniente.

En Europa, la transacción es explícita: Estados Unidos mantendrá su compromiso de seguridad (el Artículo 5 de la OTAN) solo si los europeos pagan el precio exigido -el 5 % del PIB en defensa- y además adoptan políticas migratorias y culturales que Washington considera aceptables. La ESN 2025 advierte que Europa podría enfrentar su “desaparición civilizatoria” si no sigue las recomendaciones estadounidenses (Wang, 2025; Brookings, 2025), un nivel de injerencia en asuntos internos que contradice cualquier noción de soberanía.

En Asia, la transacción se formula en términos de “compartición de cargas”. Estados Unidos exige a Japón, Corea del Sur, Australia y Filipinas que aumenten su gasto militar, desarrollen capacidades ofensivas y permitan un mayor acceso a sus bases, a cambio de mantener el paraguas de seguridad estadounidense. Sin embargo, como señala acertadamente Blankenship (2025), “la ESN responde no con estrategia, sino con demandas”, sin ofrecer garantías creíbles sobre la respuesta estadounidense en caso de crisis.

En Oriente Medio y África, la transacción se reduce a su expresión más cruda: Estados Unidos mantendrá presencia solo para asegurar el flujo de recursos energéticos y minerales críticos, abandonando cualquier pretensión de promoción de la democracia o desarrollo (Brookings, 2025; VOA News, 2025). África es vista fundamentalmente como un “campo de batalla por la competencia de recursos” con China (Regalado Florido, 2026, párr. 11).

3.4 La Lógica Subyacente: Transaccionalismo como Gestión del Declive

Para comprender adecuadamente la política transaccional, es necesario situarla en su contexto histórico-estructural. La ESN 2025 debe entenderse como “un proyecto de supervivencia imperialista que prioriza el transaccionalismo crudo y el desacoplamiento selectivo sobre el ‘orden basado en reglas’ que el propio Occidente pretendió liderar durante décadas” (Regalado Florido, 2026, párr. 2).

Esta formulación es crucial porque invierte la interpretación convencional. No se trata de que Estados Unidos haya descubierto las virtudes del pragmatismo o la eficiencia en las relaciones internacionales. Se trata de que, ante la evidencia de su declive relativo frente al ascenso de China y otras potencias soberanas, Washington ha comprendido que ya no puede sostener el costoso edificio del liderazgo global liberal. El transaccionalismo es, por tanto, una estrategia de gestión del declive que busca preservar el núcleo del poder estadounidense mediante la reducción de compromisos periféricos y la concentración de recursos en áreas vitales.

Wang Peng (2025) refuerza esta interpretación al señalar que la “suavidad” retórica de la ESN 2025 “es hija de la derrota táctica y madre de una estrategia de desgaste más realista y peligrosa”. Estados Unidos ha reconocido que no puede ganar una confrontación rápida con China y, por tanto, se prepara para una competencia de larga duración donde el objetivo no es derrotar al adversario, sino agotarlo mediante la exclusión sistémica y la fragmentación de su entorno internacional.

3.5 Transaccionalismo y Exclusión: La Síntesis Estratégica

La relación entre transaccionalismo y exclusión merece un análisis específico. A primera vista, podrían parecer conceptos distintos: el transaccionalismo se refiere al modo de relacionarse (intercambios ventajistas), mientras que la exclusión se refiere al objetivo (aislar a China). Sin embargo, en la ESN 2025 ambos conceptos se sintetizan en una estrategia coherente.

La estrategia de Washington ha experimentado una transformación, “pasando de un intento de integración de China en un orden internacional regido por normas occidentales a un enfoque más agresivo de expulsión de su influencia de las cadenas de valor estratégicas” (Regalado Florido, 2026, párr. 10). El transaccionalismo es el método para lograr la exclusión: mediante negociaciones bilaterales asimétricas, Estados Unidos induce a sus aliados y socios a adoptar políticas que excluyan a China de sectores críticos (tecnología, finanzas, recursos naturales), ofreciendo a cambio beneficios inmediatos (acceso al mercado estadounidense, protección de seguridad, transferencias tecnológicas limitadas).

Esta síntesis explica por qué la ESN 2025 puede hablar simultáneamente de “relaciones mutuamente beneficiosas” con China mientras implementa políticas de desacoplamiento irreversible. El beneficio mutuo se define en términos estrictamente transaccionales y limitados a sectores no sensibles, mientras que la exclusión opera en las áreas que Estados Unidos considera vitales para su seguridad nacional y su primacía tecnológica.

4. Caracterización de la Estrategia frente a China: El Paradigma de la Exclusión

4.1 De la Competencia a la Expulsión Sistémica

El rasgo definitorio de la ESN 2025 en relación con Beijing es el paradigma de la exclusión sistémica por encima de la mera competencia (Regalado Florido, 2026, párr. 10). Según el análisis de Deng Yuwen (2025), la estrategia de Washington ha experimentado una transformación, pasando de un intento de integración de China en un orden internacional regido por normas occidentales a un enfoque más agresivo de expulsión de su influencia de las cadenas de valor estratégicas.

El documento describe un escenario global organizado en dos niveles: un ecosistema interno liderado por EE. UU. con acceso a tecnologías críticas, y una esfera externa en la que China se encuentra limitada y restringida. Esta caracterización implica que la tecnología, las finanzas y los recursos naturales se consideran actualmente como instrumentos de guerra geoeconómica, diseñados para contener el desarrollo del socialismo con características chinas (Regalado Florido, 2026, párr. 10).

En este sentido, la estrategia en cuestión se distingue por una militarización del comercio sin precedentes en la historia reciente (Regalado Florido, 2026, párr. 11). Se ha establecido que cualquier inversión china en infraestructura crítica, telecomunicaciones o energía constituye una amenaza directa a la seguridad nacional de los Estados Unidos. La ESN 2025 no oculta su intención de sabotear la Iniciativa de la Franja y la Ruta mediante la imposición de estándares técnicos incompatibles y la presión sobre los países receptores (Yuwen, 2025).

4.2 La Competencia Económica como Nuevo Campo de Batalla

La ESN 2025 traslada el eje del conflicto desde el ámbito ideológico-militar (la retórica “democracia versus autoritarismo” característica de la administración Biden) al ámbito económico-industrial (Wang, 2025; Yu, 2025). Este desplazamiento tiene implicaciones concretas. La estrategia ya no busca “cambiar China” mediante la presión ideológica o la promoción de valores occidentales, sino que se enfoca en objetivos mensurables: reducir la dependencia de las cadenas de suministro chinas, recuperar capacidades industriales críticas en territorio estadounidense o aliado, controlar el acceso a minerales estratégicos y establecer estándares tecnológicos (especialmente en inteligencia artificial, biotecnología y computación cuántica) que favorezcan a las empresas estadounidenses (Wang, 2025; Yu, 2025; VOA News, 2025).

Yu Xiang (2025) interpreta este cambio como el paso de un modelo de competencia centrado en la disuasión militar y las alianzas ideológicas a un “nuevo modelo de competencia nacional centrado en el poder económico, el control industrial, la seguridad de las cadenas de suministro y el dominio de las tecnologías centrales”. Es una competencia más silenciosa, pero no menos feroz; más técnica, pero igualmente existencial.

4.3 La Ansiedad Estratégica tras el Reconocimiento de la Paridad

Un aspecto particularmente revelador de la ESN 2025 es su reconocimiento implícito de que la relación bilateral se ha transformado en una “relación entre potencias de poder casi equiparable”. Lejos de ser una muestra de respeto estratégico, este reconocimiento refleja la ansiedad más profunda de la élite estratégica estadounidense (Wang, 2025).

El documento admite, implícitamente, que las políticas de presión máxima implementadas desde 2017 -las guerras arancelarias, las sanciones tecnológicas, la retórica confrontacional- no han logrado los objetivos esperados. China no solo ha resistido la presión, sino que ha diversificado sus mercados (las exportaciones a países de ingresos bajos y medios se duplicaron entre 2020 y 2024), ha fortalecido sus cadenas de suministro alternativas y ha reducido su dependencia relativa del mercado estadounidense (las exportaciones a EE.UU. representan ahora aproximadamente el 2 % del PIB chino) (Wang, 2025; Blankenship, 2025).

Este reconocimiento de la resiliencia china lleva a la administración estadounidense a abandonar cualquier ilusión de una victoria rápida y a aceptar, aunque sea a regañadientes, que la competencia será un “juego estratégico de larga duración” (Wang, 2025). La “suavidad” retórica es, por tanto, hija de la derrota táctica y madre de una estrategia de desgaste más realista y peligrosa.

4.4 Implicaciones para la Integridad Territorial de China

En el ámbito de la relación bilateral, se evidencia una persistencia en la hostilidad sistemática hacia la integridad territorial de China, particularmente a través de la instrumentalización de Taiwán como un punto de fricción estratégica (Regalado Florido, 2026, párr. 13). Washington sigue proporcionando armamento avanzado a las fuerzas separatistas, manteniendo una política de disuasión estratégica que China denuncia como una violación de los tres comunicados conjuntos (Ríos, 2025).

La ruptura fundamental reside en que el enfoque ha dejado de ser ideológico para volverse estructuralmente excluyente; ya no se busca lanzar reformas internas en el sistema político chino, sino reducir su capacidad de proyección global mediante la asfixia económica (Regalado Florido, 2026, párr. 13). La administración estadounidense ha reconocido tácitamente la capacidad de resistencia del modelo chino y, por consiguiente, ha modificado su estrategia, pasando de intentar transformar a China a intentar aislarla (Yuwen, 2025).

5. Implicaciones para Asia: La Primera Cadena de Islas y los Aliados

5.1 La Primera Cadena de Islas como Línea Roja Estratégica

A pesar del giro retórico hacia el hemisferio occidental, la ESN 2025 mantiene una atención prioritaria sobre el Indo-Pacífico, aunque con un enfoque reconfigurado. El concepto central que organiza la estrategia regional es el de la “Primera Cadena de Islas” que se extiende desde Japón, pasando por Taiwán, hasta Filipinas (Wang, 2025; O Globo, 2025; 北京大学, 2025).

La ESN 2025 establece explícitamente que Estados Unidos construirá una “fuerza militar capaz de prevenir agresiones en cualquier punto de la Primera Cadena de Islas” (O Globo, 2025; 北京大学, 2025). Este compromiso con la defensa de esta línea geográfica refleja la percepción estadounidense de que su posición estratégica en Asia depende de mantener el control o la influencia sobre estas posiciones avanzadas.

Wang (2025) señala que este enfoque implica una transferencia de responsabilidades a los aliados regionales. La estrategia “pide a los aliados y socios de la Primera Cadena de Islas que inviertan más recursos en la defensa colectiva e inviertan en capacidades de disuasión críticas”. En otras palabras, Estados Unidos proporcionará capacidades de alta gama (inteligencia, satélites, armamento avanzado), pero espera que Japón, Corea del Sur, Filipinas y Australia asuman la carga principal de la defensa convencional en primera línea.

5.2 Taiwán: El “Remache” de la Cadena y Punto de Fricción Estratégica

Dentro de esta arquitectura estratégica, Taiwán ocupa una posición absolutamente central. La ESN 2025 describe la isla como un “remache” de la Primera Cadena de Islas: si Taiwán “cae”, toda la cadena se desmorona (北京大学, 2025; O Globo, 2025). Esta metáfora, empleada por primera vez en un documento estratégico de este nivel, revela la importancia existencial que Estados Unidos atribuye a mantener el statu quo en el estrecho.

El profesor Huang Jing, de la Universidad de Estudios Internacionales de Shanghai, ofrece un análisis detallado del tratamiento de Taiwán en la ESN 2025 (北京大学, 2025). Señala tres elementos clave:

La centralidad de Taiwán: La estrategia subraya repetidamente que Taiwán es crucial para la seguridad del conjunto de la Primera Cadena de Islas, y que su estatus afecta directamente a la posición estratégica estadounidense en Asia.

La llamada a los aliados: El documento exige explícitamente que Japón, Corea del Sur y otros aliados incrementen su gasto militar y asuman mayores responsabilidades en la defensa de Taiwán, sugiriendo que Estados Unidos no puede -o no quiere- asumir en solitario el costo de una eventual crisis.

La ambigüedad estratégica calculada: La ESN 2025 mantiene una ambigüedad cuidadosamente calibrada sobre si Estados Unidos intervendría militarmente en caso de conflicto. El propio presidente Trump ha evitado repetidamente responder a preguntas directas sobre este punto, limitándose a decir “no me preguntes eso” (北京大学, 2025).

Esta ambigüedad, sin embargo, no debe confundirse con falta de compromiso. Como advierte Huang Jing, la estrategia deja claro que Estados Unidos mantendrá una “ventaja militar ideal” en la región, y que, si los aliados no contribuyen suficientemente, la situación estratégica podría volverse desfavorable para la defensa de Taiwán (北京大学, 2025). Es una forma de presión sobre los aliados, no una señal de desvinculación.

5.3 La Presión sobre Japón y Corea del Sur

La ESN 2025 ejerce una presión significativa sobre los aliados asiáticos tradicionales de Estados Unidos para que aumenten su contribución a la defensa regional. El documento menciona explícitamente a Japón, Corea del Sur y Australia como “aliados y socios importantes que comparten frontera con China al oeste” (O Globo, 2025; Brookings, 2025).

El profesor Yu Xiang (2025) interpreta esta presión como parte de una estrategia más amplia de “compartición de cargas” que busca mantener las ventajas regionales estadounidenses mientras se reducen los costos directos para Washington. Se pide a estos países que incrementen sustancialmente su gasto en defensa, desarrollen capacidades militares ofensivas (misiles de largo alcance, capacidades de ataque), permitan un mayor acceso de las fuerzas estadounidenses a puertos e instalaciones, y coordinen sus políticas tecnológicas y de inversión para excluir a China de cadenas de suministro críticas (Wang, 2025; Brookings, 2025; O Globo, 2025).

Sin embargo, como señalan los analistas, esta presión genera tensiones internas en los países aliados. En Japón, el rearme genera resistencias constitucionales y sociales. En Corea del Sur, el escepticismo sobre el compromiso estadounidense (especialmente tras las ambigüedades sobre Taiwán) alimenta debates sobre la necesidad de desarrollar capacidades nucleares autónomas (Brookings, 2025).

5.4 El Dilema de los Aliados: Entre la Dependencia y la Autonomía

La estrategia transaccional de Estados Unidos coloca a los aliados asiáticos en una posición crecientemente incómoda. Por un lado, dependen del paraguas de seguridad estadounidense para contrarrestar el poderío militar chino. Por otro lado, las demandas de mayor gasto y compromiso, unidas a la ambigüedad sobre las garantías de seguridad estadounidenses (especialmente en escenarios nucleares), generan dudas sobre la fiabilidad a largo plazo del aliado americano.

Blankenship (2025) capta agudamente esta contradicción: “La ESN responde no con estrategia, sino con demandas: los aliados deben gastar más. Los aliados deben permitir un mayor acceso de EE.UU. India debe alinearse. Japón y Corea del Sur deben rearmarse. El sudeste asiático debe resistir la gravedad económica de China. Taiwán debe permanecer permanentemente militarizado”. Esta acumulación de demandas, sin embargo, no constituye una visión coherente del futuro equilibrio regional.

Desde la perspectiva china, estas tensiones entre Estados Unidos y sus aliados crean oportunidades diplomáticas. China puede presentarse como un socio económico fiable y no hegemónico, que respeta la soberanía y ofrece beneficios tangibles sin las exigencias políticas y militares que acompañan a la alianza con Washington. La publicación, el 10 de diciembre de 2025, del tercer Documento sobre la Política de China hacia América Latina y el Caribe, que enfatiza la igualdad, el beneficio mutuo y la no interferencia, ejemplifica este enfoque alternativo (Brookings, 2025), un enfoque que resuena profundamente en nuestra región.

6. Contradicciones y Debilidades de la Política Transaccional

6.1 La Paradoja “América Primero” versus Movilización de Aliados

La primera gran contradicción de la ESN 2025 reside en la tensión irresoluble entre el nacionalismo económico del “América Primero” y la necesidad de movilizar aliados para contener a China. Como señala acertadamente Wang (2025), “existe una paradoja fundamental entre ‘América Primero’ y la ‘movilización de aliados”. Si Estados Unidos trata a sus aliados como instrumentos desechables o como socios a los que se puede exigir sin ofrecer garantías creíbles, la confianza se erosiona y la coalición anti-China se vuelve frágil e ineficaz.

Los ejemplos abundan. La imposición de aranceles a productos europeos y asiáticos, las críticas públicas a la OTAN, las exigencias unilaterales de aumento del gasto militar sin contrapartidas claras -todo ello genera resentimiento y dudas sobre la fiabilidad estadounidense. Los aliados comienzan a diversificar sus relaciones internacionales, a buscar acuerdos con China y a evitar compromisos que puedan arrastrarlos a conflictos innecesarios.

Esta paradoja tiene consecuencias operativas inmediatas. Un aliado que duda de la fiabilidad de las garantías de seguridad estadounidenses será reacio a realizar las inversiones militares que Washington exige, creando un círculo vicioso de desconfianza mutua. Además, la retórica del “América Primero” legitima políticas similares en otros países: si Estados Unidos prioriza sus intereses nacionales por encima de todo, ¿por qué no habrían de hacerlo sus aliados?

El transaccionalismo descarnado “ignora las normativas del derecho internacional, con el propósito de imponer la voluntad del interés nacional absoluto” (Regalado Florido, 2026, párr. 15). Esta actitud socava la legitimidad del liderazgo estadounidense incluso entre sus aliados más cercanos, que comienzan a preguntarse si el orden internacional que Estados Unidos dice defender es algo más que una fachada para su dominio unilateral.

6.2 La Competencia por Recursos entre “Renovación Interna” y “Contención Externa”

La segunda contradicción es de naturaleza fiscal y económica. La ESN 2025 se propone simultáneamente dos objetivos masivos: la reconstrucción de la base industrial estadounidense (reindustrialización, independencia energética, liderazgo tecnológico) y la contención efectiva de China en el Indo-Pacífico y otras regiones (Wang, 2025). Ambos objetivos requieren ingentes recursos financieros, en un contexto de elevada deuda pública, polarización política y crecimiento económico moderado.

Wang (2025) plantea la cuestión en términos de juego de suma cero: en un contexto de recursos limitados, la inversión en reindustrialización interna resta fondos disponibles para la proyección externa, y viceversa. Es probable que Estados Unidos no pueda lograr simultáneamente ambos objetivos, y que termine fracasando en ambos frentes.

Los datos económicos respaldan este escepticismo. Blankenship (2025) señala la asimetría fundamental en la relación económica bilateral: “China ya no depende de EE.UU., pero EE.UU. todavía depende de China”. Las exportaciones chinas a EE.UU. han caído al 2 % del PIB chino, mientras que la dependencia estadounidense de manufacturas chinas sigue siendo significativa. Revertir esta situación requeriría una inversión masiva y sostenida que el sistema político estadounidense, con sus divisiones partidistas y sus ciclos electorales cortos, difícilmente puede garantizar.

Además, la “renovación interna” requiere estabilidad y predictibilidad en el entorno internacional, mientras que la “contención externa” genera precisamente lo contrario: incertidumbre, fragmentación de cadenas de suministro y tensiones geopolíticas que desincentivan la inversión privada. Esta contradicción no tiene solución fácil dentro del marco de la ESN 2025.

6.3 La Esquizofrenia entre Ser “Destructor de Reglas” y “Creador de Reglas”

La tercera contradicción es de naturaleza normativa. Estados Unidos pretende, simultáneamente, socavar las reglas multilaterales existentes (especialmente las de la Organización Mundial del Comercio, que considera favorables a China) y establecer nuevas reglas en ámbitos emergentes (comercio digital, inteligencia artificial, estándares tecnológicos) que le sean favorables (Wang, 2025; Yu, 2025).

Esta dualidad es insostenible. Un país que sistemáticamente viola o ignora las reglas internacionales cuando le resultan incómodas difícilmente puede presentarse como un guardián creíble del orden internacional. Los demás países, especialmente los del Sur Global, perciben esta hipocresía y desconfían de las nuevas reglas que Estados Unidos propone.

Blankenship (2025) formula esta crítica con especial agudeza al analizar la afirmación de la ESN 2025 de que Estados Unidos es el “socio preferente” por su “apertura, transparencia, fiabilidad y compromiso con la libertad”. Esta afirmación, señala, “es asombrosa por su total desconexión de los hechos materiales”. En un momento en que el Sur Global se está reorientando visiblemente hacia otros polos de poder, esta autoimagen resulta más un acto de afirmación ritual que una descripción del mundo.

Esta esquizofrenia normativa es inherente al proyecto de “supervivencia imperialista” que la ESN 2025 representa (Regalado Florido, 2026, párr. 2). Un imperio en declive no puede permitirse el lujo de respetar reglas que limitan su capacidad de acción, pero tampoco puede renunciar completamente a la pretensión de legitimidad que proporciona el liderazgo normativo. El resultado es una mezcla incoherente de unilateralismo y retórica moralizante que convence a pocos y aliena a muchos.

6.4 La Rigidez Estratégica como Fuente de Vulnerabilidad

Una cuarta debilidad, menos evidente pero igualmente grave, es la rigidez estratégica que la política transaccional impone a Estados Unidos. Al definir las relaciones internacionales exclusivamente en términos de intercambios ventajistas y al identificar a China como un adversario existencial, la ESN 2025 reduce drásticamente el margen de maniobra diplomática de Washington.

La falta de flexibilidad estratégica de EE. UU. convierte cualquier pequeño retroceso en una percepción de derrota estratégica, lo que hace que escenarios como el Estrecho de Taiwán sean focos de probable conflicto bélico (Yuwen, 2025). Esta rigidez es particularmente peligrosa en un contexto de creciente multipolaridad, donde la capacidad de adaptarse a circunstancias cambiantes y de encontrar soluciones creativas a problemas complejos es esencial para la estabilidad internacional.

La política transaccional, al reducir todas las interacciones a cálculos de costo-beneficio de corto plazo, dificulta la construcción de relaciones de confianza a largo plazo y la gestión cooperativa de desafíos globales como el cambio climático, las pandemias o la proliferación nuclear. En estos ámbitos, la lógica transaccional simplemente no funciona: los beneficios son difusos, los plazos son largos y la cooperación requiere compromisos que no pueden reducirse a intercambios puntuales.

6.5 La Pérdida de Profundidad Diplomática

Una consecuencia particularmente preocupante de la nueva estrategia es la erosión de los canales diplomáticos. La tendencia observada en el contexto internacional apunta hacia el desarrollo de una Guerra Fría de baja intensidad, caracterizada por una comunicación limitada a la gestión elemental de crisis, lo que implica una disminución en la profundidad diplomática que históricamente ha servido para evitar conflictos de mayor envergadura en décadas previas (Regalado Florido, 2026, párr. 14).

Esta nueva fase implica una pérdida de la función constructiva del diálogo diplomático, convirtiéndose en una herramienta para la gestión de crisis mientras se implementan políticas de desacoplamiento irreversible en sectores como los semiconductores y la inteligencia artificial. En este sentido, el futuro de las relaciones, a partir de lo declarado en la ESN 2025, se percibe bajo un signo de inestabilidad estructural y riesgo incrementado de colisión frontal (Yuwen, 2025).

6.6 La Contradicción Fundamental: Exclusión en un Mundo Interdependiente

La debilidad más profunda de la política transaccional, y la que en última instancia determinará su fracaso, es su contradicción con la naturaleza fundamentalmente interdependiente de la economía y la sociedad globales. La ESN 2025 “se erige como una política de suma cero que desestima la viabilidad de una coexistencia pacífica entre diversos sistemas sociales y económicos, promoviendo la fragmentación sistémica como la única senda para preservar la primacía de la potencia en declive” (Regalado Florido, 2026, párr. 15).

El problema es que la fragmentación sistémica tiene costos enormes, no solo para China, sino también para Estados Unidos y para el conjunto de la economía global. Las cadenas de suministro que Estados Unidos busca “reorganizar” son el producto de décadas de inversiones y optimización; desmantelarlas requerirá años y costos astronómicos que terminarán pagando los consumidores y contribuyentes estadounidenses. La “militarización del comercio” que la ESN 2025 promueve genera ineficiencias, encarece los productos y reduce el bienestar global.

Además, en un mundo interdependiente, la exclusión de una potencia del tamaño de China es simplemente imposible. China es el principal socio comercial de más de 120 países, el mayor fabricante del mundo y un actor indispensable en innumerables cadenas de valor globales. Intentar excluir a China de la economía mundial es como intentar excluir el oxígeno de la atmósfera: simplemente no funciona.

7. La Respuesta Estratégica de China: Firmeza, Desarrollo y Apertura

7.1 No Alimentar Ilusiones, Mantener la Firmeza Estratégica

La primera lección que los analistas chinos extraen de la ESN 2025 es la necesidad de no alimentar ilusiones sobre un cambio fundamental en la política estadounidense. Wang (2025) es explícito: “No podemos albergar ilusiones sobre la política estadounidense hacia China; más bien, debemos tener una comprensión más clara de la naturaleza a largo plazo, compleja y grave del juego estratégico entre China y Estados Unidos”.

Desde la perspectiva oficial de China, esta doctrina no se percibe como un indicador de fortaleza, sino más bien como una respuesta defensiva destinada a resguardar la economía estadounidense mientras se procura la fragmentación del sistema internacional con el fin de obstaculizar el avance tecnológico y económico de la República Popular China (Regalado Florido, 2026, párr. 2).

El cambio de lenguaje no debe confundirse con un cambio de intenciones. La estrategia transaccional sigue siendo una estrategia de contención, adaptada a nuevas circunstancias, pero no menos peligrosa por ello. La “suavidad” retórica encubre una competencia más precisa, más sostenible y potencialmente más eficaz.

Esta firmeza estratégica implica mantener el rumbo en las políticas fundamentales: el desarrollo económico, la innovación tecnológica, la defensa de la soberanía (especialmente en Taiwán) y la búsqueda de un orden internacional multipolar. Implica también no dejarse provocar por las tácticas de “guerra híbrida” estadounidenses, que buscan desviar recursos, generar tensiones internas y erosionar la confianza en el liderazgo chino.

7.2 Profundizar el Desarrollo Endógeno y la Apertura de Alta Calidad

La segunda prioridad es consolidar la base interna del poder nacional. Las reuniones del Buró Político del Partido Comunista de China y la Conferencia Central de Trabajo Económico, celebradas tras la publicación de la ESN 2025, han establecido una hoja de ruta clara (Yu, 2025).

Esta hoja de ruta incluye:

La primacía de la demanda interna: La “insistencia en el liderazgo de la demanda interna y la construcción de un sólido mercado interno” se sitúa como la primera de las ocho tareas prioritarias. El objetivo es reducir la vulnerabilidad a las fluctuaciones externas mediante la activación del enorme potencial del mercado doméstico (Yu, 2025).

La innovación como motor: La “insistencia en el impulso innovador y el cultivo acelerado de nuevos motores de crecimiento” (construcción de centros internacionales de innovación científica y tecnológica, desarrollo de cadenas industriales de alta calidad) busca desplazar la competencia hacia terrenos donde China pueda tener ventajas comparativas (Yu, 2025).

La apertura institucional: La “insistencia en la apertura al exterior y la promoción de la cooperación beneficiosa para todos en múltiples ámbitos” implica una transición de la “apertura cuantitativa” a la “apertura cualitativa e institucional”. China participará activamente en la definición de reglas globales en comercio digital, estándares verdes y gobernanza de cadenas de suministro (Yu, 2025).

La seguridad económica: La “insistencia en mantener la línea de fondo y resolver activa y prudentemente los riesgos en áreas clave” proporciona la base de seguridad para el sistema de apertura. Se trata de reducir la dependencia en eslabones críticos vulnerables a la presión externa (Yu, 2025).

Yu Xiang (2025) enfatiza que esta estrategia no es una reacción defensiva a las presiones externas, sino una “elección política autónoma con China como protagonista”. No se trata de elegir entre “apertura” y “seguridad”, sino de optimizar la relación entre ambas mediante un desarrollo de mayor calidad.

7.3 Diversificación de Mercados y Cadenas de Suministro

La tercera línea de acción es la diversificación proactiva de las relaciones económicas externas para reducir la vulnerabilidad a la presión estadounidense. Wang (2025) señala que China ya ha avanzado significativamente en este terreno: “China ha diversificado sus mercados, desarrollado mercados alternativos y reducido su dependencia relativa del mercado estadounidense”. Las exportaciones a países de ingresos bajos y medios se duplicaron entre 2020 y 2024, lo que demuestra la capacidad china para adaptarse a un entorno comercial cambiante.

Esta diversificación continuará, profundizando las relaciones con:

La Asociación de Naciones del Sudeste Asiático (ASEAN), primer socio comercial de China.

América Latina y el Caribe, donde el reciente documento de política china ofrece un marco de cooperación basado en la igualdad y el beneficio mutuo (Brookings, 2025). Para nosotros, los latinoamericanos, este enfoque contrasta radicalmente con el “Corolario Trump” que nos trata como meros espacios de proyección del poder estadounidense.

África, con su creciente importancia en minerales críticos y mercados emergentes.

Oriente Medio y Asia Central, a través de la Iniciativa de la Franja y la Ruta.

El objetivo no es el desacoplamiento (decoupling), término que China rechaza explícitamente, sino la construcción de una red de interdependencias diversificada que haga inviable cualquier intento de aislamiento o bloqueo.

7.4 Ofrecer una Visión Alternativa del Orden Internacional

La cuarta dimensión de la respuesta china es la más ambiciosa: ofrecer al mundo una visión alternativa del orden internacional, basada en principios diferentes a los del transaccionalismo estadounidense. Yu Xiang (2025) formula esta aspiración con claridad: “China está explorando un camino para evitar la fragmentación del mundo”.

Esta visión alternativa se caracteriza por:

La centralidad del desarrollo: Frente a la “securitización” de las relaciones económicas que propugna EE.UU., China enfatiza que el desarrollo es la base de la seguridad y que la cooperación económica debe beneficiar a todas las partes.

El respeto a la soberanía y la no interferencia: Frente al “Corolario Trump” que reivindica el derecho de intervención en el hemisferio occidental, China ofrece cooperación sin condiciones políticas. Este principio es especialmente relevante para América Latina y el Caribe, regiones que han sufrido durante siglos las intervenciones estadounidenses.

La búsqueda de beneficios mutuos: Frente al transaccionalismo de suma cero (yo gano, tú pierdes), China propone relaciones de “ganar-ganar” donde todas las partes obtengan beneficios.

La defensa del multilateralismo: Frente al unilateralismo estadounidense, China apoya el papel central de Naciones Unidas y la reforma de las instituciones internacionales para reflejar la realidad multipolar.

Blankenship (2025) sugiere que esta visión alternativa tiene un atractivo creciente, especialmente en el Sur Global: “Las naciones del Sur Global están visiblemente reorientándose” hacia otros polos de poder. La ESN 2025, con su afirmación ritual de la superioridad estadounidense, parece no haber captado este cambio sísmico en la geopolítica mundial.

“Mientras que Beijing promueve mecanismos de conectividad global, como la Iniciativa de la Franja y la Ruta, Washington responde con un documento que prioriza la seguridad fronteriza y la protección de su mercado interno mediante la asfixia del otro” (Regalado Florido, 2026, párr. 6). Esta diferencia de enfoque no es menor: una visión construye puentes, la otra levanta muros.

7.5 Mantener la Comunicación y Gestionar las Diferencias

Finalmente, a pesar de la competencia estratégica, China mantendrá canales de comunicación con Estados Unidos para gestionar las diferencias y evitar una escalada incontrolada. Como señala el profesor Jia Qingguo, de la Universidad de Beijing, el presidente Trump ha manifestado en múltiples ocasiones su creencia de que “casi todos los problemas del mundo pueden resolverse siempre que China y Estados Unidos cooperen” (北京大学, 2025).

Esta afirmación no debe tomarse como ingenuidad, sino como reconocimiento de una realidad: la interdependencia bilateral sigue siendo profunda y los costos de una confrontación total serían prohibitivos para ambas partes. La visita del presidente Trump a China prevista para abril de 2026 ofrece una oportunidad para estabilizar la relación y explorar áreas de cooperación potencial (北京大学, 2025).

Las áreas de cooperación potencial incluyen: el cambio climático (a pesar de su escasa presencia en la ESN 2025), la estabilidad financiera global, la no proliferación nuclear, la lucha contra el narcotráfico (especialmente el fentanilo, mencionado en la estrategia) y la gestión de crisis regionales (Brookings, 2025). En todas estas áreas, la cooperación bilateral beneficia no solo a ambos países, sino al conjunto de la comunidad internacional.

Sin embargo, en esta nueva fase “implica una pérdida de la función constructiva del diálogo diplomático, convirtiéndose en una herramienta para la gestión de crisis mientras se implementan políticas de desacoplamiento irreversible en sectores como los semiconductores y la inteligencia artificial” (Regalado Florido, 2026, párr. 14). Por tanto, la comunicación debe mantenerse, pero con expectativas realistas sobre su alcance.

8. Escenarios de Futuro: Posibles Trayectorias de la Relación

8.1 Escenario Tendencial: Competencia Gestionada con Estabilidad Táctica

El escenario más probable para el próximo año es el de una competencia gestionada con estabilidad táctica (北京大学, 2025; Brookings, 2025). Hasta la visita de Trump a China en abril de 2026, es previsible que la administración estadounidense evite medidas altamente disruptivas que puedan complicar las negociaciones. El objetivo de Trump será probablemente mostrar resultados concretos (acuerdos comerciales, compromisos de inversión, cooperación en temas específicos) que pueda presentar a su electorado de cara a las elecciones de medio mandato de noviembre de 2026.

Durante este período, la competencia continuará en los terrenos económico y tecnológico, pero probablemente dentro de los canales establecidos y sin sorpresas mayores. La ESN 2025, en este sentido, fija el marco general, pero no determina el ritmo diario de las interacciones bilaterales.

Este escenario se caracteriza por una “cooperación escasa y conflictividad máxima”, donde la cooperación será “extremadamente limitada y condicionada a beneficios transaccionales inmediatos para Washington, como acuerdos comerciales que no impliquen transferencia tecnológica y favorezcan la balanza de pagos estadounidense” (Regalado Florido, 2026, párr. 16).

8.2 Escenario de Confrontación: Elecciones de Medio Mandato y Radicalización

Un escenario alternativo, aunque menos probable a corto plazo, es el de una radicalización de la confrontación vinculada a la dinámica política interna estadounidense. El profesor Huang Jing (北京大学, 2025) advierte que “el mayor problema de Estados Unidos es la división irreconciliable en la sociedad”, una división que genera una hostilidad mutua superior a la dirigida contra cualquier enemigo externo.

Si Trump pierde las elecciones de medio mandato o enfrenta procesos judiciales (como algunos de sus oponentes han amenazado), podría radicalizar su discurso anti-China para movilizar a su base electoral. En este escenario, la retórica moderada de la ESN 2025 podría dar paso a acciones concretas hostiles: nuevos aranceles, sanciones a entidades financieras chinas, reconocimiento diplomático de Taiwán, o incluso acciones militares limitadas en el mar de China Meridional.

Este escenario, aunque posible, no es el más probable, dada la interdependencia económica y los costos prohibitivos de una confrontación total. Sin embargo, la historia reciente de las relaciones bilaterales muestra que no pueden descartarse sorpresas desagradables.

8.3 Escenario de Cooperación Limitada: Acuerdos Puntuales y Estabilización

Un tercer escenario, también posible, es el de una cooperación limitada en áreas específicas que estabilice la relación general sin resolver las diferencias fundamentales. En este escenario, la visita de Trump a China podría producir acuerdos concretos en comercio agrícola, control de fentanilo, cooperación energética o inversiones en semiconductores (北京大学, 2025).

Estos acuerdos, sin embargo, no alterarían la naturaleza competitiva de la relación a largo plazo. La ESN 2025 seguiría siendo el marco de referencia para la política estadounidense, y China continuaría con su estrategia de desarrollo endógeno y diversificación externa. La relación sería estable, pero fría; cooperativa en lo táctico, competitiva en lo estratégico.

8.4 Implicaciones para la Seguridad de Taiwán

En todos los escenarios, la cuestión de Taiwán seguirá siendo el punto más peligroso de la relación. La ESN 2025 deja claro que Estados Unidos considera la isla como un interés estratégico vital y que está dispuesto a movilizar a sus aliados para mantener el statu quo. Sin embargo, también sugiere que Washington preferiría que sean sus aliados asiáticos quienes asuman la carga principal de la defensa de Taiwán, lo que introduce un elemento de incertidumbre sobre la respuesta estadounidense en caso de crisis (北京大学, 2025; O Globo, 2025).

La advertencia es sombría: “La tendencia observada en el contexto internacional apunta hacia el desarrollo de una Guerra Fría de baja intensidad, caracterizada por una comunicación limitada a la gestión elemental de crisis, lo que implica una disminución en la profundidad diplomática que históricamente ha servido para evitar conflictos de mayor envergadura en décadas previas” (Regalado Florido, 2026, párr. 14). Los analistas advierten que “la falta de flexibilidad estratégica de EE. UU. convierte cualquier pequeño retroceso en una percepción de derrota estratégica, lo que hace que escenarios como el Estrecho de Taiwán sean focos de probable conflicto bélico” (Yuwen, 2025).

China, por su parte, mantiene una posición inquebrantable sobre Taiwán como parte inalienable de su territorio. Cualquier intento de independencia formal o cualquier cambio unilateral en el statu quo por parte de las autoridades de la isla o de sus apoyos externos sería respondido con todos los medios a disposición del Estado chino. Esta es una línea roja que la ESN 2025, con toda su ambigüedad calculada, no puede ignorar.

Conclusiones

La Estrategia de Seguridad Nacional de Estados Unidos 2025 representa un hito en la evolución de la política exterior estadounidense y un desafío complejo para la República Popular China. Este ensayo ha argumentado que, lejos de significar una moderación de la hostilidad estratégica, la ESN 2025 inaugura una fase más sofisticada y potencialmente más peligrosa de la competencia bilateral: la “contención pragmática” o, más precisamente, el “paradigma de exclusión estructural”.

Los hallazgos principales del análisis son:

Primero, la ESN 2025 debe entenderse como un proyecto de supervivencia imperialista que prioriza el transaccionalismo crudo y el desacoplamiento selectivo sobre el ‘orden basado en reglas’ que el propio Occidente pretendió liderar durante décadas. El documento emerge en un contexto de recalibración bajo el declive estructural, donde Estados Unidos, consciente de su declive relativo, se repliega tácticamente hacia su retaguardia estratégica.

Segundo, la ESN 2025 exhibe una dialéctica de continuidad y ruptura. La continuidad reside en la persistente identificación de China como el principal desafío estratégico. La ruptura fundamental reside en el abandono del “idealismo normativo por un transaccionalismo descarnado”, ejemplificado en el “Corolario Trump” a la Doctrina Monroe que define América Latina como zona de exclusión para actores extrahemisféricos.

Tercero, la política transaccional constituye el núcleo operativo de la ESN 2025. Se define como una doctrina que concibe las relaciones internacionales como intercambios explícitos y ventajistas, donde cada interacción debe generar un beneficio tangible para Estados Unidos. Se sustenta en cuatro pilares: la primacía del interés nacional absoluto, la redefinición contractual de las alianzas, la geoeconomía como herramienta de coerción y la bilateralización de las relaciones internacionales. Esta política debe entenderse como una estrategia de gestión del declive que busca preservar el núcleo del poder estadounidense mediante la reducción de compromisos periféricos y la concentración de recursos en áreas vitales.

Cuarto, el rasgo definitorio de la nueva estrategia es el paradigma de la exclusión sistémica, que implica una transformación desde el intento de integración de China en el orden occidental hacia un enfoque de expulsión de su influencia de las cadenas de valor estratégicas. La tecnología, las finanzas y los recursos naturales se convierten en instrumentos de guerra geoeconómica, con el objetivo explícito de sabotear la Iniciativa de la Franja y la Ruta.

Quinto, en Asia, la ESN 2025 mantiene una atención prioritaria sobre la Primera Cadena de Islas y sobre Taiwán como “remache” de la misma. Se exige a los aliados regionales que aumenten su gasto militar y asuman mayores responsabilidades defensivas, en un intento de transferir costos manteniendo ventajas estratégicas. Sin embargo, la instrumentalización de Taiwán como un punto de fricción estratégica persiste como la amenaza más grave a la estabilidad regional.

Sexto, la estrategia transaccional estadounidense está plagada de contradicciones y debilidades profundas: la paradoja entre “América Primero” y la movilización de aliados; la competencia por recursos entre renovación interna y contención externa; la esquizofrenia entre destructor y creador de reglas internacionales; la rigidez estratégica que convierte cualquier retroceso en una percepción de derrota; la pérdida de profundidad diplomática; y, fundamentalmente, la contradicción entre el objetivo de exclusión y la naturaleza interdependiente de la economía global. Más preocupante aún, “la falta de flexibilidad estratégica de EE. UU. convierte cualquier pequeño retroceso en una percepción de derrota estratégica”, incrementando los riesgos de escalada.

Séptimo, la respuesta china debe combinar firmeza estratégica (no alimentar ilusiones sobre un cambio fundamental en la política estadounidense), profundización del desarrollo endógeno (primacía de la demanda interna, impulso innovador, apertura institucional), diversificación de mercados y cadenas de suministro, y oferta de una visión alternativa del orden internacional basado en el desarrollo, la soberanía, el beneficio mutuo y el multilateralismo.

En última instancia, la competencia entre China y Estados Unidos no es simplemente un conflicto entre dos grandes potencias. Para China, el desafío más auténtico y formidable sigue siendo interno: mantener el crecimiento, profundizar las reformas, garantizar la estabilidad social y continuar mejorando el nivel de vida de su población. Si China tiene éxito en esta tarea, ninguna estrategia de exclusión, por muy “estructural” o “transaccional” que sea, podrá detener su inevitable ascenso.

El camino que China ha elegido -el de la apertura, la cooperación y el desarrollo pacífico- contrasta fuertemente con el transaccionalismo excluyente que propugna la ESN 2025. Mientras Estados Unidos construye muros (reales y metafóricos) y define “zonas de exclusión” en su hemisferio, ignorando la soberanía de los pueblos latinoamericanos y caribeños, China tiende puentes y ofrece beneficios compartidos sobre la base del respeto mutuo y la no interferencia. A largo plazo, esta visión inclusiva del orden internacional tiene más probabilidades de atraer a las naciones del Sur Global y de construir un mundo verdaderamente multipolar, pacífico y próspero.

Como he sostenido a lo largo de este análisis, la ESN 2025 debe entenderse como un proyecto de supervivencia imperialista que revela más sobre las ansiedades y debilidades de Estados Unidos que sobre sus fortalezas. China, por su parte, está explorando un camino para evitar la fragmentación del mundo, ofreciendo una alternativa basada en la conectividad, el respeto mutuo y la cooperación beneficiosa para todos. En esta dialéctica entre exclusión e inclusión, entre fragmentación y conectividad, se decidirá en buena medida el futuro del orden internacional en las próximas décadas. Y en esa dialéctica, desde el Sur Global, tenemos mucho que decir y mucho que elegir.

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  • Lic. en Educación en la especialidad de Geografía.
  • Docente de Economía Política Marxista-Leninista.
  • Máster en Economía Mundial.
  • Jefe del proyecto de Investigación sobre Asia y Oceanía del Centro de Investigaciones de Política Internacional adjunto al MINREX.
  • Coautor del libro “El Despertar del Dragón” y coordinador y autor del libro “China y sus Relaciones Internacionales”.
  • Autor de gran número de artículos la dinámica económica, política, social y de las relaciones internacionales de China en revistar nacionales e internacionales. Imparte conferencias en diferentes instituciones docentes y en instituciones nacionales.