La Comunidad de Destino Compartido: corredores sin guerra, Asia Central y Sureste asiático

Hablar de multilateralismo chino no es un acto reciente, pues desde su origen, la política exterior china ha evolucionado para lograr el posicionamiento que hoy tiene. Durante los últimos años, la reivindicación del Sur Global en la agenda internacional es uno de los elementos discursivos más presentes en la llamada Xiplomacy y en la construcción del concepto de Comunidad de Destino Compartido. Este elemento evoca a fundamentos como los Cinco Principios de Coexistencia Pacífica y la Tesis de los Tres Mundos.

Al mismo tiempo esto se ha materializado a través del protagonismo que China ha logrado en el sistema internacional, pues desde finales del siglo pasado, su política exterior se ha enfocado a reafirmar espacios geográficos y vecindades frente a uno de los retos geopolíticos más complejos que territorialmente posee, que es compartir frontera terrestre con catorce países. Esto sin mencionar los límites marítimos, en donde se encuentra uno de sus principales puntos débiles para Beijing.

Un hecho importante a señalar es cómo esto también ha incluido una narrativa de geografía etnocéntrica, en donde los efectos del colonialismo europeo afectaron sus fronteras; y cómo de manera sutil esto se hace presente en el discurso y en la manera en que Beijing muestra su interés nacional, respecto a conceptos como territorio y soberanía, al momento de promover el multilateralismo; pues estar rodeado de potencias históricas que han generado influencia directa o indirecta en la región, es un factor imperante para construir y reafirmar una zona de influencia que evoque a uno de los primeros proto-sistemas de relaciones exteriores, como lo fue el sistema tributario chino.

Con el “mar revuelto” que es la escena internacional en 2025, esto ha sido aprovechado por la diplomacia china, ganando espacios y legitimando proyectos alternativos de multilateralismo, como la Comunidad de Destino Compartido. Mientras la otra potencia global, Estados Unidos, ha fragmentado el mundo con su errática y pragmática política exterior con la administración Trump; China ha “echado toda la carne al asador” para posicionar su discurso sobre la necesidad de un proyecto de gobernanza global más equitativo.

Una visión de multilateralismo con una base continuamente en evolución: el espíritu de Shanghai y Bandung

La naturaleza burocrática del sistema de gobierno chino ha permitido que su política exterior tenga una continuidad y una proyección cada vez más contundente hacia el exterior. La materialización del multilateralismo chino tiene como antecedente la institucionalización de espacios de cooperación hacia finales del siglo pasado. Ejemplo de esto son los “Cinco de Shanghai”, que evolucionó en la Organización de Cooperación Shanghai (OCS). La OCS ha incrementado su espacio geográfico y logró contener la presencia occidental en uno de los corredores más importantes para China, en compañía de uno de sus aliados estratégicos, que es Rusia. Este ejercicio puso sobre la mesa dos ejes prioritarios para Beijing, la energía y la seguridad; por lo que sumar a países como Irán ha sido uno de los grandes logros de esta organización. Este hecho permite tener una fotografía más completa respecto a lo que hoy acontece en Medio Oriente. A lo largo de las décadas, la OCS ha sido liderada por la alianza sino-rusa, en donde cada uno ha jugado un papel discursivo muy marcado. La Rusia de Putin, como policía malo, y la China de Xi, como policía bueno. Esto último, responde a una lógica muy simple, que es cómo cada uno de estos Estados fundamenta su política exterior. Previo al lanzamiento de la Xiplomacy, dentro de los pilares y los ejes de la política exterior china, era muy marcada la búsqueda constante de mejorar la imagen de China como un actor un tanto “desmarcado” del marxismo; curiosamente, hoy es justo el marxismo con características chinas o la llamada sinización del marxismo, uno de los ejes de la política china, desde donde se hace un llamamiento mundial a un proyecto de gobernanza más justo a través de la cooperación y el diálogo civilizatorio.

Así como esta mejora de imagen ha cambiado, la promoción del multilateralismo chino en esta subregión también. Después de la OCS, vino el lanzamiento de la Franja y la Ruta. No es casualidad que esto se realizara en Astana, y que a más de una década, este lugar siga siendo escenario del nuevo modelo de cooperación y multilateralismo chino.

La Franja y la Ruta (BRI, por sus siglas en inglés) trajo a la infraestructura y la inversión como ejes clave de la cooperación china. Esto permitió extender la frontera del modelo de desarrollo chino y visibilizar lo importante que es el exterior para la sostenibilidad de dicho modelo. En este mismo proceso evolutivo, se fueron insertando nuevos espacios y una visión mucho más transversal y a multiniveles.

La BRI también permitió insertar a otra de las subregiones vitales en la geopolítica china, que es el Sureste asiático. En este espacio, se reitera la narrativa histórica y se justifica el “espíritu de Bandung”, respecto al papel que China debe tener en la reivindicación del ahora llamado Sur Global.

A diferencia de Asia Central, el Sureste asiático posee una historia distinta de vinculación con China, y al mismo tiempo, es aquí en dónde el colonialismo europeo y japonés tuvo más estragos para el imperio chino y su status quo. Al mismo tiempo, esta región ha tenido una influencia cultural y de diáspora desde China e India, que se refleja en su construcción social. También hoy es un espacio que ha permitido la presencia de Estados Unidos en temas como la seguridad; pues más allá de las particularidades de mecanismos de regionalismo en el sureste asiático, parte de la dinámica de la  política regional se debate entre la agenda de cooperación en seguridad promovida desde Estados Unidos y la cooperación a través del multilateralismo chino, que busca dar la vuelta a este posicionamiento desde Washington y promover legitimidad. No es casualidad que los corredores de la BRI en esta región sean los que más proyectos de infraestructura y presencia transversal tengan.

Desde una visión geopolítica, asegurar la conectividad del paso terrestre, Asia Central, y los corredores marítimos, Sureste asiático, es vital para el modelo de desarrollo y la proyección internacional de China. En otras palabras, estas regiones son nodos de conectividad externa. No se puede consolidar una Comunidad de Destino Compartido y foros regionales en Europa, África, el Pacífico, Medio Oriente y América Latina, sin reafirmarse en estas dos subregiones.

Las recientes experiencias como la Segunda Cumbre China-Asia Central y el Foro Boao han dejado la hoja de ruta de este multilateralismo, a través de ejes como:

  • El desarrollo verde y energía limpias
  • La cooperación tecnológica y cultural
  • Mayor presencia de actores no estatales
  • Modelo de producción de alta calidad y hi-performance en las cadenas globales de valor

Esta revisión permite identificar la evolución del multilateralismo y, sobre todo, la apuesta multidimensional de inversión que esto implica. A simple vista, pareciera que esto no reclama nada a cambio. Sin embargo, esto conlleva dejar ver sutilmente la apuesta china a un mayor protagonismo y posicionamiento basado en la sostenibilidad de su modelo de manera interna y externa; en otras palabras, la visión de interés nacional desde la interpretación de la Xiplomacy.

El contexto de 2025 y la narrativa del “lado correcto de la historia”

Dentro de esta evolución, uno de los puntos que se han visibilizado es el tipo de posicionamiento que hace Beijing sobre fenómenos internacionales y sobre rivales y aliados sistémicos. La Xiplomacy ha permitido un posicionamiento “más contundente” y menos subordinado, pero con líneas rojas muy delimitadas. Estas líneas siguen siendo no comprometer la buena imagen internacional y los temas que desde Beijing son considerados como asuntos internos.

Bajo este contexto, en los recientes posicionamientos de China en sus vínculos bilaterales, se ha hecho presente la frase “estar del lado correcto de la historia”. La coyuntura actual ha abierto la puerta para seguir promoviendo una narrativa de corte postcolonial sobre la necesidad de un nuevo proyecto de gobernanza global, como lo es la Comunidad de Destino Compartido.

A diferencia de otros momentos en la historia de las relaciones internacionales, las crisis sistémicas han permitido un Sur Global más visible. Si bien esto no se ha reflejado en una capacidad de agencia igual al Norte Global, ejercicios como la Comunidad de Destino Compartido y sus iniciativas han permitido un Sur Global más activo y organizado. Incluso, esto ha desencadenado que otras iniciativas desde estos países también se hagan presentes en las organizaciones intergubernamentales. Otro ejemplo de esto, es la condena desde los países del Sur Global a las narrativas coloniales respecto a conflictos, principalmente lo que acontece en Medio Oriente.

No obstante, en esta brecha que se ha abierto, China se reafirma en temas como el mantenimiento de paz bajo nuevos términos- policía bueno-, pero también esto ha buscado posicionar una narrativa sobre por qué el proyecto de gobernanza global chino es un camino idóneo.

Al mismo tiempo, este ejercicio de diplomacia también se capitaliza para legitimar las líneas rojas. Ejemplo de esto, son los mensajes que se envían a casos como Guatemala o Singapur “invitándoles” a estar del lado correcto de la historia. En el primer caso, debido a su reconocimiento diplomático a Taiwán, y en el segundo, por la cercanía con Estados Unidos.

A modo de conclusión, mientras Estados Unidos ha utilizado la coerción como un mecanismo de posicionamiento; China ha utilizado toda su infraestructura con un activismo diplomático intenso en regiones estratégicas como Asia Central y el Sureste asiático. Esto con la intención de disuadir cualquier intento de guerra cercana o en frontera. Es importante señalar, que esto no exime el discurso de reintegración territorial que se ha intensificado principalmente por la postura de Washington.

 

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  • Directora del Observatorio de la Política China  del Instituto Galego de Análise e Documentación Internacional (IGADI) 
  • Profesora- Investigadora Titular de Tiempo Completo de la Licenciatura en Negocios Internacionales en la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla (BUAP) en México.
  • Doctora en Relaciones Transpacíficas por la Universidad de Colima. Becaria del programa Taiwan Fellowship 2025 en el Departamento de Diplomacia y Asuntos Internacionales de la Universidad Nacional de Chengchi.
  • Profesora visitante en FLACSO- Argentina y de la Maestría en Relaciones Internacionales de la Universidad Rafael Landívar.
  • Cuenta con más de 40 publicaciones que estudian la vinculación política, económica y social de la Cuenca del Pacífico.
  • Fue investigadora junior del programa “China y América Latina” del Diálogo Interamericano en Washington DC.
  • Embajadora del programa cultural “Canal Walk” de la Franja y la Ruta en China.
  • Integrante del Sistema Nacional de Investigadores del Consejo Nacional de Humanidades, Ciencias y Tecnologías, nivel 1.
  • Benemérita Universidad Autónoma de Puebla, México.

Especialidades:

  1. Economía y comercio: inversiones, comercio internacional, empresas, préstamos, geoeconomía, desarrollo, etc.
  2. Política exterior y relaciones internacionales: cooperación, organizaciones, seguridad, multilateralismo, iniciativas, relaciones regionales, regionalismos, foros, etc.
  3. Sociedad y cultura: autonomías, identidad, minorías, demografía, género, etc.
  4. Taiwan e regiões de administração especial.