Japón y la gestión del Imperio en el Estrecho de Taiwán

La evolución del posicionamiento estratégico de Japón frente a las tensiones en el Estrecho de Taiwán durante la última década –y su revitalización bajo el nuevo liderazgo político japonés– constituye un fenómeno que puede ser interpretado como una expresión paradigmática de lo que Hardt y Negri (2000) conceptualizan como Imperio. En esta lectura, Japón, junto con el gobierno del Partido Progresista Democrático (PPD) en Taiwán, tienden a actuar como gestores regionales de la estructura global del modo de producción capitalista en su fase neoliberal; es decir, del orden mundial liberal en declive descrito por autores como Ikenberry (2011) y Acharya (2014). Así, la insistencia de Japón en presentar la seguridad de Taiwán como “esencial” para su propia seguridad nacional no responde únicamente a objetivos locales de contención geopolítica, sino que se inserta en una arquitectura de poder que reproduce los mecanismos normativos, policiales y de “justicia universal” propios del Imperio.

Hardt y Negri (2000) argumentan que, desde finales del siglo XX, se ha configurado una forma de soberanía posmoderna que ya no corresponde a la lógica clásica de los imperios territoriales, ni a la estructura westfaliana de los Estados-nación soberanos. A esta nueva forma le denominan “Imperio”, caracterizándose por 1) un campo jurídico basado en la excepción, donde las fronteras entre el derecho doméstico y el supranacional se diluyen, 2) la aparición de un derecho de intervención, que habilita a ciertos sujetos privilegiados a actuar “en nombre de la justicia universal” o de emergencias globales, y 3) la legitimidad por consenso y con base en valores éticos abstractos, no por la soberanía formal. De este modo se fomenta la generalización del estado de emergencia como fundamento del poder, en el que se da una función policial para la gestión del orden global por parte de actores estatales y no estatales.

Este marco conceptual es particularmente relevante para interpretar la práctica en la que Japón ya no actúa como “imperio” en su sentido clásico, pero sí como nodo regional dentro de la red gestora del Imperio. Desde que el ex primer ministro Shinzo Abe popularizara la frase “La emergencia de Taiwán es la emergencia de Japón” (CNN, 2021), se consolidó una narrativa en la que la seguridad de Taiwán se presenta como un bien público regional e incluso global. Bajo esta narrativa, la defensa de Taiwán deja de ser una opción estratégica y pasa a ser una exigencia normativa, una responsabilidad ética que Japón asume como parte del conjunto de valores universales asociados con el orden mundial liberal.

Esto es consistente con la lógica del Imperio. Según Hardt y Negri, los actores que ejercen funciones imperiales no se legitiman por derecho, sino por consenso ético y la invocación de valores supremos. En el caso japonés, ello toma la forma de un discurso geoestratégico en el que defender a Taiwán es defender la democracia, contener a China es proteger el orden basado en reglas, y garantizar la seguridad del Estrecho es asegurar la estabilidad global.

La reciente reafirmación del gobierno japonés –especialmente bajo la nueva línea política del Partido Liberal Democrático–, sobre la posibilidad de intervenir militarmente en caso de una contingencia en Taiwán, constituye una intensificación clara de su papel regional. El gobierno ha señalado que un ataque chino a Taiwán podría ser considerado una “amenaza existencial” para Japón, habilitando la doctrina de autodefensa colectiva (Fairchild, 2025).

Este movimiento coincide con la descripción que Hardt y Negri (2000) hacen del Imperio como una estructura que trasciende la lógica estatal, y tiende a reconfigurar las prácticas de seguridad internas –o nacionales– para alinearlas con una soberanía supranacional. En su lectura, el Imperio penetra y reformula el derecho interno, volviendo difusas las fronteras entre la seguridad nacional y la seguridad global.

Así, al reinterpretar su Constitución pacifista, Japón amplía el radio de acción de sus Fuerzas de Autodefensa en sintonía con las expectativas de Estados Unidos, la retórica de los valores democráticos y la “justicia universal” del orden liberal. En este sentido, el nuevo gobierno japonés no está regenerando un imperialismo autónomo, sino integrándose más profunda y funcionalmente en la gubernamentalidad imperial. La proyección japonesa adquiere pleno sentido solo cuando se reconoce que el Imperio requiere fuentes adicionales de consenso y legitimidad en el ámbito local, especialmente aquellas que aportan narrativas compatibles con la defensa del orden liberal.

Hardt y Negri (2000) sostienen que el Imperio no tiene un centro único, sino una multiplicidad de nodos, gobernando mediante zonas de excepción donde se legitima la intervención bajo la lógica de emergencia. El Estrecho de Taiwán encaja perfectamente en esta categoría, ya que la isla parece haberse convertido en un espacio donde se suspenden las garantías normales de soberanía, considerado simultáneamente el estatus de “ser parte de China”, según el gobierno chino, ser un “socio democrático” según Japón y Estados Unidos, y ser un “miembro no reconocido” del sistema internacional, según el propio gobierno taiwanés.

De hecho, el gobierno del PPD en Taiwán ha contribuido activamente a esta arquitectura, no como sujeto subordinado, sino como co-gestor del Imperio. La narrativa taiwanesa de ser la “frontera de la democracia” (Lu, 2025), y una pieza indispensable para la estabilidad del Indo-Pacífico, genera la legitimidad moral que el Imperio necesita para su funcionamiento.

En palabras de Hardt y Negri, la red imperial requiere nodos locales que aporten consenso y valores universales que justifiquen su acción. De este modo, el actual gobierno taiwanés parece actuar al pie de la letra al momento de presentar la defensa de Taiwán como defensa global de la democracia, enmarcar la presión china como violación de normas internacionales, y vincular su seguridad a la del “mundo libre”. Esta contribución discursiva legitima la posición japonesa y fortalece el Imperio.

Ahora bien, la crisis del orden liberal no implica la desaparición de la forma imperial descrita por Hardt y Negri, sino su reacomodo. El Imperio continúa operando por medio de redes descentralizadas de autoridad que requieren actores regionales capaces de sostener sus principios normativos y sus mecanismos de intervención.

El giro japonés en torno al Estrecho no ocurre en el vacío, sino que coincide con la decadencia del orden mundial liberal, descrita por Ikenberry (2011) como un proceso de erosión institucional y pérdida de legitimidad, y por Acharya (2014) como la transición hacia un orden global “multiplex”, caracterizado por la descentralización del poder, la coexistencia de múltiples ideas y la creciente interdependencia entre actores estatales y no estatales. Aunque esta configuración más plural no equivale a los proyectos normativos promovidos por China –como la “Comunidad de Futuro Compartido para la Humanidad” o la Iniciativa para la Gobernanza Global de Xi Jinping–, ambos reflejan el declive de la arquitectura liberal hegemónica. En este contexto, Japón se presenta como un actor que intenta sostener y gestionar los remanentes del orden liberal en retroceso.

De lo anterior se puede concluir que, durante la última década, la política japonesa hacia el Estrecho de Taiwán –intensificada por el nuevo gobierno– constituye una manifestación concreta del Imperio conceptualizado por Hardt y Negri. Lejos de actuar como potencia mundial autónoma, Japón reproduce los mecanismos imperiales de la emergencia permanente, la intervención legitimada por valores universales, el ejercicio de la autoridad policial global, la reconfiguración del derecho interno según necesidades supranacionales, y la articulación de consensos éticos para justificar la acción.

Por su parte, Taiwán funge como zona de excepción donde estos mecanismos pueden desplegarse. El PPD contribuye discursivamente a legitimar este marco, insertándose también como nodo del Imperio. En consecuencia, se podría afirmar que Japón opera como un “gestor sub-imperial”, encargado de mantener la estabilidad de una arquitectura global neoliberal que ya se encuentra en crisis, pero que continúa rigiendo los marcos normativos y estratégicos del Indo-Pacífico.

Referencias

Acharya, A. (2014). The End of American World Order. Polity Press.

CNN (2021, 31 de diciembre). Former Japan PM tells China, ‘a Taiwan emergency is a Japanese emergency’. https://edition.cnn.com/2021/12/01/asia/abe-japan-china-taiwan-intl-hnk.

Fairchild, T. (2025, 17 de noviembre). Los dichos de la primera ministra Takaichi sobre Taiwán desatan crisis en la relación Japón-China. ReporteAsia. https://reporteasia.com/opinion/2025/11/17/dichos-primera-ministro-taiwan-desatan-crisis-relacion-japon-china.

Hardt, M., y Negri, A. (2000). Empire. Harvard University Press.

Ikenberry, G. J. (2011). The future of the liberal world order: Internationalism after America. Foreign affairs, 56-68.

Lu, R. (2025, 26 de febrero). An East Asia: Taiwan, Frontier of democracy or division? The Sundial Press. https://www.sundialpress.co/2025/02/26/on-east-asia-taiwan-frontier-of-democracy-or-division-part-ii/.

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  • Doctor en Ciencias Políticas y Sociales con especialidad en Relaciones Internacionales.
  • Cuenta con más de 60 publicaciones entre libros, libros coordinador, capítulos de libros y artículo de investigación sobre sus temas de interés profesional: relaciones internacionales de China, bienes públicos globales y geopolítica.
  • Universidad Autónoma Metropolitana unidad Xochimilco

Especialización

  1. Sistema y pensamiento político: estructura política, legislación, filosofía política, etc.
  2. Sistema político e pensamento: estrutura política, legislação, filosofia política, etc.
  3. Política exterior y relaciones internacionales: cooperación, organizaciones, seguridad, multilateralismo, iniciativas, relaciones regionales, regionalismos, foros, etc.
  4. Política externa e relações internacionais: cooperação, organizações, segurança, multilateralismo, iniciativas, relações regionais, regionalismos, fóruns, etc.