Introducción
En la España y China contemporáneas, los marcos legales y la retórica estatal promueven la igualdad de género, pero persisten obstáculos para lograr este principio. Si bien las leyes y políticas abordan los principios básicos de la igualdad de género, la mayoría han surgido mediante la toma de decisiones desde arriba, en lugar de una amplia deliberación pública. En este contexto, la movilización de las mujeres emerge como una forma vital de participación política, formando parte de la “Larga Marcha” para definir y defender sus intereses. Este informe de investigación tiene como objetivo analizar las trayectorias de la movilización de las mujeres que desafían las estructuras patriarcales en España y China. Según el Índice Global de Brecha de Género 2024 (2024), España ocupa el décimo puesto en la clasificación general, mientras que China el 106. En la dimensión de Empoderamiento Político, España ocupa el puesto 13 y China el 111, según las puntuaciones de paridad de género. Para comprender mejor estas dinámicas, en lugar de centrarse en mecanismos burocráticos como las cuotas de género y la representación política formal, áreas que se han estudiado ampliamente, esta investigación se centra en la participación política de las mujeres a través de la movilización, incluyendo acciones fuera de línea (por ejemplo, protestas, actuaciones públicas) y la participación en los medios de comunicación desde los márgenes de la agenda estatal.
El estudio de la movilización de las mujeres en estos dos países no se simplificará mediante un marco binario de gobernanza democrática frente a autoritaria. En cambio, analiza la evolución histórica del feminismo y la forma en que cada gobierno percibe el valor político de las voces de las mujeres. La clave de esta investigación reside en comparar un diálogo feminista abierto y de base con el Estado en España y un movimiento feminista divergente que reacciona a un discurso de igualdad de género controlado desde arriba dentro de los límites ideológicos del Partido Comunista Chino (PCCh) en China.
Al centrarse en la movilización política como dimensión clave del feminismo, esta investigación busca proporcionar una comprensión crítica de 1) cómo se ha configurado la capacidad de acción política de las mujeres a lo largo del tiempo; 2) qué canales tienen a su disposición para expresar su insatisfacción; 3) qué mecanismos existen para que las mujeres cuestionen la legitimidad de las estructuras patriarcales.
El memorando se divide en dos partes principales para abordar estas cuestiones. La primera sección presenta una revisión histórica descriptiva de la relación entre el Estado y las mujeres desde la primera ola del feminismo en cada país. Basándose en una extensa literatura secundaria (nacional e internacional), esta sección analiza la acción del Estado para corregir la brecha de igualdad de género y cómo los enfoques de las mujeres para visibilizarla y ampliar su importancia a través de la resistencia han respondido a estos cambios. La segunda parte se centra en un estudio de caso comparativo sobre cómo ambos gobiernos han respondido a las protestas y críticas por acoso sexual en sus sociedades. Este tema adquirió visibilidad global tras el movimiento #MeToo, ofreciendo una perspectiva crítica para evaluar cuán profundamente arraigado sigue estando el poder patriarcal. Esto proporciona información sobre cómo se han gestionado las movilizaciones en España y China y examina hasta qué punto han influido en las demandas de justicia y rendición de cuentas.
La investigación concluye ofreciendo una imagen clara que destaca una sociedad china donde la brecha de desigualdad de género continúa ampliándose, mientras que en España se está cerrando gradualmente. Este contraste presenta, entre otros factores, la importancia crucial de la libre movilización política de las mujeres a través de actos de resistencia.
Marco teórico
La sociedad patriarcal ha generado históricamente una relación de dominación que se manifiesta como desigualdad estructural de género, reforzando la subordinación de las mujeres. En este contexto, este trabajo se enmarca en el análisis de la movilización de las mujeres en relación con el poder estatal. Desde la perspectiva de la teoría feminista del Estado, este se identifica como un agente activo en la consolidación y reproducción del sistema patriarcal en las relaciones sociales y políticas (Mazur y McBride, 2008). En consecuencia, la acción de las mujeres no puede depender únicamente del Estado ni provenir exclusivamente de él.
Centrándose en la dimensión feminista de esta investigación, numerosos estudios han examinado la cuestión de la desigualdad de género y los mecanismos destinados a transformar el sistema patriarcal arraigado en las instituciones estatales, en particular mediante cuotas de género. Más allá del riesgo de que estos mecanismos puedan servir como mera fachada simbólica, como señalan Krook y O’Brien (2012), las académicas Funk e Hinojosa (2023) advierten que la representación numérica no garantiza un empoderamiento genuino. De igual manera, Franceschet, Lucas y Rayment (2024) concluyen que las mujeres en cargos políticos no necesariamente representan mejor los intereses de las mujeres.
Autoras como Miura, McElwain y Kaneko (2023) incluso destacan la ineficacia de las cuotas en contextos marcados por prejuicios sexistas profundamente arraigados. Este problema podría ser especialmente grave en regímenes autoritarios como China, donde las cuotas suelen ser meramente simbólicas, según Kim y Fallon (2023). En estos casos, la mayoría de los puestos asignados a mujeres pertenecen a sectores tradicionalmente «femeninos» y carecen de prestigio institucional, como observan Krook y O’Brien (2012).
La construcción de una sociedad con igualdad de género requiere más que cuotas legislativas o medidas de representación; exige una profunda transformación cultural, que incluye una reconfiguración de la identidad masculina. No se trata solo de crear espacio para las mujeres, sino también de exigir a los hombres un auténtico esfuerzo de adaptación, abandonando los patrones de dominación del sistema patriarcal y adoptando nuevas formas de convivencia igualitaria (White et al., 2024).
En España y China, las mujeres han desarrollado diversas formas de resistencia y movilización. Sin embargo, estos esfuerzos se han encontrado con frecuencia con estrategias estatales orientadas al control, la cooptación o el silenciamiento. En el caso de China en particular, es importante incorporar marcos previamente descritos en la literatura, como los patrones de protestas con motivaciones económicas, la movilización basada en agravios y el concepto de guiones autoritarios de negociación ciudadana (Distelhorst y Fu, 2019).
Este enfoque no solo ofrece una visión más clara de la capacidad de negociación y la flexibilidad de la institución, sino que también destaca su rigidez en China. En consecuencia, este estudio mostrará más sobre cómo las mujeres participan en la acción política desde los márgenes del poder estatal, desafiando las estructuras patriarcales impuestas por el propio Estado.
Rastreando la Movilización Feminista y el Poder Estatal: Una Revisión Histórica de España y China
La Evolución del Compromiso Feminista con el Estado en China
El estado actual de la movilización de las mujeres en China, aunque resiliente y creativa, sigue siendo marginado, fuertemente vigilado y sistemáticamente reprimido. Para comprender esta situación, es necesario revisar su inestable trayectoria, estrechamente ligada a la evolución de los intereses y temores del PCCh.
I. Feminismo y la Era Republicana (1912-1949)
La primera ola del «feminismo chino» se centró en las mujeres y presentó su vulnerabilidad como la causa fundamental de la debilidad de la nación. La liberación de las mujeres se consideraba una forma de fortalecer la nación (Liu y Parete, 2024).
II. Era Maoísta (1949-1976)
El establecimiento de la República Popular China (1949) permitió al PCCh hacer un llamamiento a nivel nacional para que las mujeres se incorporaran a la esfera pública. A diferencia de la «vieja China», el PCCh promovió la liberación de las mujeres, con una primera etapa centrada en la autonomía económica, animándolas a «sostener la mitad del cielo» (Piao et al., 2025). Esta noción de “igualdad” de género se convirtió en un principio fundamental de la era de Mao, aunque no se tradujo en un reparto equitativo del poder (Li, 2022).
El movimiento de liberación femenina continuó promoviendo la protección social y la institucionalizó mediante estructuras burocráticas, en particular mediante la creación de la Federación Nacional de Mujeres de China (FNMC) (1949), una cámara de resonancia para los intereses del Partido (Jones, 2012). La FNMC, “buena hija del Partido”, fue y sigue siendo responsable de implementar políticas para mejorar las condiciones de las mujeres (Wang, 2010).
Durante el período de pensamiento de izquierda radical de la Revolución Cultural, la participación política de las mujeres se promovió mediante cuotas (Guo y Zhao, 2016). Sin embargo, muchos de estos avances no se mantuvieron en el tiempo y, en gran medida, evitó abordar las desigualdades estructurales en las relaciones de género.
III. Apertura y Reforma (1978-1990)
A finales de la década de 1970, el declive de la autoridad ideológica impulsó al PCCh a buscar legitimidad mediante el desarrollo económico y la mejora del nivel de vida, desplazando su enfoque de la doctrina política (Mao) al progreso material (Deng Xiaoping).
El gobierno adoptó un enfoque de “goteo”, asumiendo que las mujeres, al igual que otros grupos, se beneficiarían indirectamente de las reformas dirigidas a la población en general (Korabik, 1993/1994). Sin embargo, en esta etapa de libre competencia, las mujeres han tomado cada vez más conciencia de sus derechos frente a las persistentes desigualdades sistémicas y el persistente “techo de cristal” que las rodeaba durante la “reforma empresarial”, que dejó a muchas mujeres en una posición precaria dentro de un mercado laboral estructurado por jerarquías de género.
Esta situación puso de manifiesto las limitaciones de la ACWF para abordar y defender las necesidades de las mujeres, priorizando la agenda del PCCh, como la aplicación de la Política del Hijo Único (Wu, 2023). Esto provocó una desilusión generalizada entre las mujeres con la institución y un cuestionamiento más profundo de la legitimidad del PCCh, ya que el desarrollo y la mejora del nivel de vida no se correspondían con avances en la igualdad de género. En este contexto, muchas mujeres encontraron un punto de partida para el activismo a través de su exposición a los discursos feministas internacionales. La apertura del país, En combinación con los medios de comunicación globales, ofreció nuevos canales para la concientización y la articulación de demandas de género.
IV. La “Apertura” con la Conferencia de Beijing de 1995
La Cuarta Conferencia Mundial de las Naciones Unidas sobre la Mujer de 1995 en Beijing marcó un momento crucial para los derechos de las mujeres en China. Además del respaldo del gobierno chino a la igualdad de género y la reintroducción de políticas de acción afirmativa como la Ley de 1992 sobre la Protección de los Derechos e Intereses de las Mujeres, el impacto más transformador de la conferencia residió en la apertura de un espacio para nuevas formas de participación cívica (Guo y Zhao, 2016). Introdujo el concepto de ONG en China, aumentando la capacidad de concienciación feminista y movilizando a la sociedad civil sobre la desigualdad de género en todo el país (Jones, 2012). Estas organizaciones tradujeron los marcos feministas globales a prácticas locales, contribuyendo allí donde la ACWF mostró sus limitaciones. Estas ONG feministas independientes, a menudo financiadas con fondos extranjeros, pronto atrajeron la atención del PCCh a medida que el movimiento se expandía y se hacía cada vez más visible (Wang, 2010).
Esto coincidió con un giro más conservador en el discurso estatal, con 2007 como punto de inflexión, cuando el gobierno utilizó el concepto de “mujeres sobrantes” como un problema social. Dado que el feminismo “autónomo” representa una amenaza potencial para la autoridad del PCCh, se ha ejercido una creciente presión sobre las ONG y la movilización feminista de base. Estas dinámicas crearon un círculo vicioso entre ambas partes, con restricciones más estrictas impuestas por el gobierno y protestas feministas performativas cada vez más asertivas, como “Ocupar los baños de hombres” (Mead, 2012).
V. Represión y Resistencia (2015-presente)
Si bien principios de la década de 2000 representó un período relativamente positivo para algunas activistas de base, el Estado actuó cada vez más para deslegitimar los movimientos feministas, presentándolos como subversivos y alineados con las ideologías occidentales (CIVICUS, 2024). Bajo el liderazgo de Xi Jinping, el entorno político se ha vuelto significativamente más represivo, como lo demuestra la detención de las “Cinco Feministas” (Yang, 2021). Esta tendencia se intensificó con la Ley de ONG Extranjeras de 2017, que otorgó al gobierno amplios poderes para supervisar y restringir a las ONG con vínculos extranjeros (Dezan Shira & Associates, 2016).
En este contexto restrictivo, muchas mujeres han recurrido a las redes sociales como plataforma para abogar por el cambio social. Sin embargo, la censura a menudo se dirige a estos debates, socavando su legitimidad. En la actualidad, la movilización de las mujeres desafía un discurso estatal que refuerza los roles de género tradicionales, ya que el PCCh busca alinear las expectativas sociales de las mujeres con sus objetivos demográficos, en particular la priorización de la maternidad (Sharma, 2024).
En definitiva, esta cronología demuestra que la promoción de los derechos de las mujeres y la igualdad de género en China ha sido a menudo instrumental, al servicio de objetivos nacionalistas o de construcción estatal más amplios, en lugar de surgir de un compromiso genuino con el desmantelamiento de las estructuras patriarcales y la construcción de una sociedad verdaderamente equitativa.
La evolución del compromiso feminista con el Estado en España
Las movilizaciones y huelgas de mujeres, como las que se celebran anualmente el 8 de marzo, han consolidado la presencia del feminismo en el centro del debate público en España. Esta capacidad de organización y presión política ha convertido al feminismo en un componente indispensable de la democracia española. Sin embargo, su centralidad es el resultado de un complejo proceso histórico. I. Feminismo temprano durante la Segunda República (1931-1936)
La conciencia feminista en España surgió formalmente durante la Segunda República (1931-1939), con la aprobación del sufragio femenino en 1931, punto de partida de su historia en la península. A pesar de ello, todo desarrollo posterior se estancó y colapsó con el inicio de la Guerra Civil (1936-1939) (Crespo Garay, 2022).
II. Dictadura militar franquista (1936-1975)
La dictadura franquista representó una regresión significativa en la situación de las mujeres, en marcado contraste con el período republicano (Cenarro Lagunas y Ruiz Carnicer, 2025). El régimen franquista se fundó sobre el ideal de la sumisión femenina, presentando el feminismo como un pecado para la sociedad, instigado por enemigos de la fe y de España. En consecuencia, impuso a la sociedad una imagen de la mujer como el centro moral de la vida social. Además, el Partido Falangista, el único partido legal durante el régimen, instó a las mujeres a abandonar el ámbito laboral y refugiarse en la servidumbre doméstica. Para ello, se introdujeron mecanismos legales como las dotes para la salida del empleo, erradicando así cualquier vestigio de autonomía femenina fuera del hogar familiar.
Sin embargo, hacia finales de la década de 1960, a medida que la dictadura comenzaba a debilitarse, España se abrió gradualmente al mundo, impulsando cambios socioeconómicos que exigieron la reincorporación de las mujeres al mercado laboral. En este contexto, el feminismo comenzó a resurgir, vinculado a la ola más amplia del «Nuevo Feminismo» internacional.
Finalmente, comenzaron a formarse colectivos feministas clandestinos. En este contexto, el Partido Comunista Español fue clave en la organización del Movimiento de Liberación de la Mujer. El movimiento se centró en la emancipación femenina, exigiendo la igualdad ante la ley en diversos ámbitos públicos y privados, y buscó abordar un malestar generalizado, «el problema sin nombre», redefiniendo la experiencia de lo que significaba «ser mujer».
A partir de este momento, la lucha feminista se volvió inseparable de la lucha más amplia por la democracia, y la movilización de las mujeres desempeñó un papel central en la movilización de la oposición al régimen franquista (Cenarro Lagunas y Ruiz Carnicer, 2025).
III. La transición democrática y el feminismo (1975-1983)
La muerte de Franco en 1975 marcó el fin del Partido Falangista como fuerza gobernante. Un año después, en 1976, tuvo lugar la primera gran manifestación nacional no autorizada por la liberación de la mujer (Pérez, 2025). Este fue un claro ejemplo de cómo una transición política pacífica, sustentada en la aceptación de la amnesia política (Pactos de la Moncloa, 1977) respecto a los crímenes cometidos por ambos bandos, pretendía posibilitar el progreso social.
La aprobación de la Constitución de 1978, que reconoció formalmente la igualdad entre hombres y mujeres, representó un hito al que siguieron reformas legales más específicas (Ministerio de Igualdad, s.f.).
Con la llegada del pluralismo político, muchas feministas se enfrentaron a la frustración de ver sus reivindicaciones subordinadas a las estrategias más amplias de los partidos políticos, convirtiéndolas en una herramienta política para el líder masculino. Esto condujo al auge de asociaciones autónomas de mujeres, que buscaban influir en el cambio social desde fuera de las estructuras tradicionales de los partidos y más allá de los confines de los sistemas burocráticos (Balaguer, 2019). Estos acontecimientos dieron lugar a debates internos sobre la supervivencia de la independencia del movimiento de mujeres respecto del Estado.
A pesar de estos debates, las décadas de 1980 y 1990 se caracterizaron por la institucionalización del feminismo, especialmente con la creación del Instituto de la Mujer en 1983, un organismo público estatal bajo la autoridad del gobierno, cuyo objetivo era promover y fomentar las condiciones necesarias para lograr la igualdad social entre los sexos. Cabe destacar que el Instituto no estaba afiliado a ninguna ideología partidista, sino que buscaba mantener una postura, centrándose en el avance de los derechos de las mujeres y el apoyo a sus demandas dentro de las estructuras legales y los marcos sociales existentes (Instituto de las Mujeres, 2024).
IV. Transversalidad y nuevos desafíos (1995-presente)
Si bien la Conferencia de las Naciones Unidas sobre la Mujer de 1995 tuvo repercusión en China, a nivel internacional, la adhesión de España a la Comunidad Europea en 1986 también tuvo efectos significativos. Las directivas europeas sobre igualdad de género obligaron al gobierno español a transponer estas normas a la legislación nacional, alineando así la política española con las normas de la comunidad internacional.
Desde principios del siglo XXI, el feminismo español ha experimentado una importante expansión y consolidación, especialmente a partir de 2007 con la promulgación de la Ley de Igualdad Efectiva entre Mujeres y Hombres (Crespo Garay, 2022). Aun así, la movilización política de las mujeres españolas ha seguido expandiéndose y abordando diferentes dimensiones de la desigualdad de género. El pensamiento feminista decolonial, interseccional y queer ha ampliado el alcance de la lucha feminista.
Sin embargo, estos avances también se han topado con la resistencia de sectores conservadores y de extrema derecha, que acusan al feminismo de promover una ideología radical, recurriendo a menudo a etiquetas despectivas como «feminazis». Además, han surgido divisiones internas dentro del propio movimiento feminista. En general, la trayectoria histórica del feminismo en España demuestra cómo un movimiento nacido en los márgenes ha logrado transformar los marcos jurídicos, sociales y políticos del país. El feminismo ha sido un motor de democratización y justicia social en España, y parte de esta capacidad se deriva de su compromiso con el Estado y de la libertad y la movilización activa que ha ejercido presión sobre el Estado y su burocracia desde fuera del sistema. Sin embargo, aún queda mucho trabajo por hacer, especialmente ante el auge de las ideologías de extrema derecha y conservadoras.
El caso #MeToo: Acoso sexual y respuesta estatal.
El movimiento transnacional #MeToo, que surgió en octubre de 2017 en Estados Unidos como una campaña digital de víctimas de acoso sexual, agresión y discriminación de género, se convirtió rápidamente en un fenómeno global. Las denuncias del movimiento #MeToo exponen cómo se ejerce la violencia simbólica y estructural contra las mujeres, revelando cómo esta violencia opera a través de relaciones de poder con asesores, colegas o familiares masculinos (poseedores del poder), donde las mujeres a menudo se ven obligadas a aceptar situaciones abusivas para preservar lo que les pertenece por derecho (Huang, 2021).
En países como España y China, el movimiento encontró terreno fértil, aunque existen diferencias significativas.
Se fusionó en la forma en que las mujeres se movilizaron para unirse a la causa y en la respuesta del Estado a esta alineación con el movimiento.
I. Caso de China: Protestas silenciadas
El término “#MeToo” se considera delicado en China y está sujeto a una estricta censura en línea, especialmente cuando el movimiento comenzó a exponer el sexismo sistémico e implicar a funcionarios del partido (Lau, 2021). Cuentas como Voces Feministas (女权之声) fueron bloqueadas, y algunos usuarios incluso fueron acusados de “incitar a la subversión del poder estatal” (CIVICUS, 2024).
Esta represión se intensificó una vez que el movimiento demostró un verdadero potencial de movilización, por ejemplo, a través del Archivo #MeToo chino, que documentó más de 2600 casos (Huang, 2021). La atención internacional también desencadenó la represión, como en el caso de la estrella del tenis Peng Shuai, quien acusó al exviceprimer ministro Zhang Gaoli de agresión sexual (Yu, 2022). Etiquetas como #MeToo y #我也是 fueron rápidamente censuradas. Las discusiones en línea y los testimonios personales fueron severamente suprimidos (Prager, 2019).
Estos casos ponen de relieve un dilema persistente: las sobrevivientes deben elegir entre permanecer en silencio o hacerlo público y enfrentarse a posibles represalias. Esto se evidencia en la inadecuada respuesta institucional y el fuerte estigma social que rodea a las víctimas (Lü, P. y Parete, D., 2024). Si bien la Ley de Protección de la Mujer se ha modificado para abordar el acoso sexual, esto ha ido acompañado de escasas acciones concretas (CIVICUS, 2024). Mientras tanto, siguen ocurriendo nuevos incidentes, como el caso del 8 de abril de 2025, cuando una mujer fue acosada en el transporte público de Shanghái, acto que la gente calificó de “broma” (“当众脱裤猥亵女乘客”, 2025).
II. Caso España: Indignación Colectiva
El feminismo en España también adoptó la etiqueta #MeToo en 2018. Un acontecimiento clave que configuró la efectividad de esta influencia fue el juicio del caso conocido como “La Manada”, relativo a la agresión sexual a una joven durante las fiestas de Pamplona en 2016. La sentencia judicial de 2018, considerada ampliamente indulgente, desató una indignación pública masiva. Grupos feministas denunciaron el resultado con el lema “Yo sí te creo”, exigiendo una reforma legal del derecho penal para proteger los derechos de las mujeres (Brandariz Portela y Popelka Sosa Sánchez, 2022).
Los medios de comunicación son un elemento clave en el movimiento #MeToo. En este sentido, medios como ABC y El País, y su sensibilidad hacia las cuestiones de género, han contribuido a la conceptualización de #MeToo en español (Brandariz Portela y Popelka Sosa Sánchez, 2022). Al mismo tiempo, las personas influyentes en línea desempeñaron un papel significativo en la formación de la opinión pública sobre el feminismo en un país donde la igualdad de género y el discurso feminista han cobrado creciente relevancia (Fraile, Tirado Castro y Zuluaga, 2025).
Gracias a la movilización de organizaciones feministas, así como al amplio debate y visibilidad en línea, especialmente tras el caso de “La Manada”, el acoso sexual dejó de ser visto como una preocupación marginal para convertirse en un problema social compartido.
Conclusión
El análisis de la participación política de las mujeres a través de la movilización en China y España revela paralelismos contextuales y divergencias cruciales.
El caso chino presenta limitaciones institucionales singulares, condicionadas por un sistema político autoritario y un marco ideológico que refuerza activamente el discurso patriarcal, a la vez que silencia la movilización de las mujeres en las altas esferas. Esta investigación ilustra cómo, en China, los derechos de las mujeres suelen estar subordinados a agendas más amplias de construcción nacional. Las mujeres suelen ser posicionadas como defensoras en lugar de líderes, y sus cuerpos y vidas han sido históricamente instrumentalizados para servir a los objetivos del Estado. Si bien esta dinámica no es exclusiva de China, el alcance de las restricciones a la autonomía de las mujeres, especialmente en comparación con España, es sorprendente.
Las restricciones actuales impuestas al activismo feminista en China, a menudo deslegitimadas por apelaciones a la “armonía social” y los “valores chinos”, evocan la represión de las voces feministas durante la España franquista, donde los valores familiares y la religión restringieron los derechos de las mujeres. Sin embargo, la diferencia actual entre ambos escenarios pone de relieve hasta qué punto la cultura se presenta a menudo como una barrera, cuando en realidad la discriminación institucional desempeña un papel central. Es precisamente abordando estas barreras estructurales que se podría fomentar un espacio más abierto y progresista, sin borrar la distinción cultural. (Jones, 2012)
Sin embargo, las mujeres chinas persisten en encontrar formas innovadoras de negociar el espacio político. Muchas adoptan una forma de “ciudadanía autoritaria”, utilizando el lenguaje ideológico y los compromisos legales del PCCh para enmarcar su defensa. Un resultado de esta dinámica es el surgimiento de las feministas 小粉紅, que adoptan una postura nacionalista para defender los derechos de las mujeres en el marco de la ideología estatal y desafían a quienes las confrontan como “extranjeras o fuerzas subversivas” (Liu y Parete, 2024).
Simone de Beauvoir escribió: “Incluso cuando sus derechos se reconocen de forma abstracta, la costumbre arraigada les impide manifestarse concretamente en las costumbres” (Beauvoir, 1949/2). 011, p. 29). Estos “hábitos” suelen ser creados por y para el beneficio de los hombres, y se mantienen gracias a la maquinaria del Estado. China ha introducido el Programa Nacional para el Desarrollo de la Mujer (2021-2030) y es signataria activa de acuerdos internacionales sobre los derechos de la mujer. Sin embargo, el progreso sigue siendo desigual dentro de sus fronteras, y existen indicios de regresión en algunos aspectos. Por ejemplo, por primera vez en 1997, no hubo representación femenina en el Comité Permanente del Politburó (Cozens, 2024).
Para concluir, esta investigación debe reconocer sus limitaciones. Comparar países como España y China es inherentemente complejo. No solo los sistemas políticos y las estructuras de gobierno son diferentes, sino que también los contextos culturales y sociales varían tanto que sería difícil proponer recomendaciones que pudieran transferirse directamente al modelo chino. No obstante, es esencial destacar que el aumento de la desigualdad de género puede, en última instancia, resultar contraproducente para la legitimidad de cualquier gobierno, ya sea el español o el chino. Sin espacio para las voces de las mujeres y para movilizarse, cualquier sociedad seguirá quedándose atrás.
Bibliografía
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