Guerra de posiciones | ganancias relativas en los juegos secuenciales y simultáneos de la rivalidad sinoestadounidense

No es el momento para declarar triunfadora a la República Popular China (RPC) en sus disputas con Estados Unidos. El actual hegemón enfrenta una serie de jaques en un contexto donde uno busca y necesita certidumbre, mientras que el otro fluye mejor en la incertidumbre. Estamos ante un portentoso poder global que, por primera vez, mina las columnas sobre las que se levantó Washington alrededor del fin de la Segunda Guerra Mundial. Sin embargo, ninguno de los contendientes tiene la fuerza suficiente para crear un entorno de suma cero. Por ahora, aquel trata de contener a China, tarea que se antoja imposible. Algo similar ocurre, por el momento, con el posible desplazamiento o derrota de los estadounidenses a manos de los chinos.

Mientras que Washington busca, como en el ajedrez, el jaque mate; Beijing se desplaza como en el weiqi-go, conquistando espacios. Ambos poderes conquistan posiciones y alcanzan ganancias minimalistas al verse imposibilitados de lograr la ganancia absoluta, que posiblemente nunca logren.

Acciones incrementales de ganancias relativas

Como parte de la idea de la contención, la aplicación de castigos tarifarios ha sido una constante, sobre todo desde los periodos de Barack Obama (2009-2017), pero con antecedentes con George W. Bush (2001-2009). A partir de enero de 2025, Donald J. Trump lanzó una política global que recupera ideas y acciones de sus antecesores, incluso del lejano Richard M. Nixon (1969-1974). En lugar de aplicar una tarifa única, planteó porcentajes diferenciados y, en la mayoría de los casos, exorbitantes.

Trump busca incrementar ingresos y debilitar el dólar, como ocurrió en 1985; igualmente, desea maximizar su dominación sobre el resto de los países a través de infundir miedo y, en su momento, aparecer como un patriarca generoso, como lo ha hecho al permitir que Hungría compre hidrocarburos rusos indefinidamente. Cuando el jefe del ejecutivo estadounidense cede, no lo hace por cobardía. Su acción está determinada por la doble percepción de que las ganancias valen los costos, o bien por la capacidad de negociación y fuerza del adversario.

Washington y Beijing se encuentran enzarzados en juegos de acciones incrementales dominados por ganancias y pérdidas relativas mediante el intercambio de bienes de valores equivalentes que, hasta el momento, no indican victorias o derrotas definitorias, mucho menos definitivas.

En el intercambio acordado sin firma aparente en Busan, Corea del Sur, a fines de octubre de 2025, la Casa Blanca aceptó reducir aranceles a productos relacionados con el fentanilo al 10% y mantener la suspensión de aranceles recíprocos; ampliar la expiración de algunos aranceles bajo la Sección 301; y suspender las regulaciones que amplían controles de usuario final, principalmente.

A su vez, China aceptó suspender controles de exportación sobre tierras raras, imponer mayores controles para regular el flujo de fentanilo, eliminar aranceles retaliatorios relacionados con maíz, pollo y trigo, entre otros; iniciar la compra de soya y reanudar el comercio de Nexperia desde China, entre otras medidas.

Choques alrededor de ideas, identidades, intereses e instituciones

Los intercambios de bienes equivalentes con ganancias relativas giran alrededor de cuatro elementos: ideas de sustento milenarista, el sueño chino de Xi Jinping y la Era Dorada de Trump, cuyo atractivo reside en que la posibilidad de asirlas es, paradójicamente, posible y difícilmente factible. De las construcciones ideacionales surgen identidades que guían tanto en lo externo como en lo interno las conductas sociales, donde ambos contendientes construyen identidades homogéneas, culturalmente unitarias y casi biológicas. Sus acciones respecto a las instituciones son distintas: el primero las construye para incrementar su poder, mientras que el segundo las debilita y destruye como forma de ejercicio del poder. Finalmente, los choques son producto de intereses materiales que se contraponen a las acciones colaborativas intuitivas.

El contexto de estos intercambios es el de una guerra de posiciones fluida y con juegos secuenciales indefinidos asociados, en el caso de Estados Unidos, a su frustración por la imposibilidad de que China se convierta en una “democracia” como “nosotros”; mientras que, respecto a China, se relaciona con su aspiración a lograr ser una potencia global y a sus posibilidades de defenderse de los estadounidenses.

Entiendo por guerra de posiciones que los intercambios, disputas y juegos secuenciales no son estáticos. La fluidez se refiere, sobre todo, a:

  • Espacio: los chinos disputan el Pacífico, sobre todo hacia el sur, aunque no solamente.
    • Militar: se preparan, como lo anuncia el portaviones Fujian, para el momento en que tengan que chocar por la conquista del espacio, como podría ser en Taiwán o Filipinas, entre otros espacios.
  • Comercio: conquistan mercados no solo con productos de bajo valor agregado, principalmente en África y América Latina, sino también de alto valor agregado, como el de los autos eléctricos.
  • Tecnología: dominio, sobre todo, en chips e IA.
  • Institucional: China propone una Organización Internacional de Mediación en Hong Kong y Organización Mundial de Cooperación en Inteligencia cuya sede estaría en Shanghai, entre otras iniciativas.
  • Intelectual: Beijing busca imponer su visión para ordenar la realidad, a partir de la enseñanza del idioma o de la formación de cuadros extranjeros en diferentes disciplinas que podrían llevar a reproducir en sus propios países mecanismos chinos de administración de los Estados.

Los juegos secuenciales sino-estadounidenses son los de mayor peso bilateral en el planeta. No obstante, existen juegos de posiciones simultáneos que también son incrementales y de ganancias relativas. Aunque algunos, como la llamada Operación Especial rusa y su avance en Prokrovsk, parecen estar definidos, pero son alargados artificialmente porque algunos jugadores buscan minimizar sus pérdidas con la ilusión de que podrían alcanzar mayores ganancias.

Los juegos secuenciales y simultáneos

Si la simultaneidad en el sistema internacional es constante, pero de niveles diferenciados, la decisión de Trump de cambiar la naturaleza de los juegos y el campo donde se juegan ha incrementado la intensidad y cantidad de secuencias simultáneas. Estados Unidos, como hegemón amenazado en su poder, es el que intenta realizar mayores juegos simultáneos. Sus armas son la amenaza, el chantaje en el Este de Asia, e incluso deslizar la posibilidad de buscar cambios de régimen en el caso de varios países europeos. En el Oeste de Asia, Trump ha dado mayor organicidad a la relación con el gobierno de Benjamin Netanyahu, para lo cual alienta la materialización del Gran Israel y asumió desde la Casa Blanca la dirección de los bombardeos a Irán. En América Latina se conjugan la necesidad de obtener hidrocarburos, deshacerse de las fuerzas autodenominadas de izquierda, debilitar la presencia de Rusia y, sobre todo, de China en la región, al tiempo que crece la fuerza de Marco Rubio bajo la hipermaterialización de la violencia de la guerra en contra del narco iniciada por Nixon. Por supuesto, la clave es y será el Pacífico y el objetivo militarizar la región para aceitar la maquinaria de la guerra en contra de China.

China realiza tantos o más juegos simultáneos que Estados Unidos. Sus ventajas residen, por lo menos, en los siguientes aspectos: su despegue en IA, chips y autos eléctricos; control sobre metales raros, tanto en su territorio como con fuertes proyectos de inversión en minas de Australia; inversión y cooperación con múltiples proyectos en casi todo el mundo y el aliento a diferentes proyectos culturales.

Trump es violentamente disruptivo y destructor del orden institucional; pretende encontrar su fortaleza en la ausencia de incertidumbre. Por el contrario, Beijing cuenta con un proyecto integral que se encuentra contenido en las cuatro iniciativas globales: desarrollo, seguridad, civilización y gobernanza.

Si es inoportuno declarar un vencedor, sobre todo porque el hegemón no cederá graciosamente su poder, ya sea todo o parcelas de este, es igualmente complicado establecer cómo sería otra arquitectura de los poderes y de las instituciones, ya sea bajo la forma de un G2, un G3 o cualquier otra posibilidad.

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  • Entre sus publicaciones están Meta-etnicidad: la oscilación China entre neo-funcionalismo y neo-realismo frente a Taiwán; Sin discurso civilizatorio no existiría la nueva-nueva China como poder global; La mujer en el Partido Comunista Chino: acceso al poder casi inalcanzable; La República de Corea y la República de China: futuro entrelazado y dificultades compartidas; Chinese & Indian Latin America entry: resurrecting old-model relationships; The People´s Republic of China in Central America and the Caribbean: Reshaping the región; Beijing frente a las ‘minorías nacionales’: la fe grande y las fes pequeñas; La identidad como eje del conflicto Beijing-Taipei. Además, Rectificación de los nombres y antropología de las relaciones internacionales en la República Popular China. Asimismo, Los japoneses vinieron a construir la sinidad: la cinetización y “Los demonios en mi puerta”; Fugu y cinetización de las relaciones sociales en el cine de Ang Lee.
  • Ha ofrecido cursos en El Colegio de México y en la Universidad Autónoma de Barcelona.
  • Miembro del SNII-II adscrito a la Facultad de Economía, Universidad de Colima.
  • Universidad de Colima, México.
Especialidades:
  1. Sistema y pensamiento político: estructura política, legislación, filosofía política, etc.
  2. Política exterior y relaciones internacionales: cooperación, organizaciones, seguridad, multilateralismo, iniciativas, relaciones regionales, regionalismos, foros, etc.
  3. Sociedad y cultura: autonomías, identidad, minorías, demografía, género, etc.
  4. Taiwán y Regiones de Administración Especial.