Con motivo de la reunión ministerial del Foro CELAC-China, invitamos a algunos expertos a analizar lo sucedido en Beijing y los alcances para algunos de sus países.
Especialistas invitados:
Norbert-Molina Molina, Centro de Estudios de África y Asia (CEAA) de la Universidad de Los Andes. Venezuela
André Da Silva Bueno, Universidade do Estado do Rio de Janeiro. Brasil.
Sebastián Schulz, Centro de Estudios Chinos, Instituto de Relaciones Internacionales, Universidad Nacional de La Plata. Argentina.
Tatiana Gélvez, Universidad Externado. Presidenta ALADAA-Colombia.
A partir del discurso de investidura del presidente Xi, ¿identifica elementos nuevos o solo continuidad en el modelo y la hoja de ruta de la visión de China para la cooperación con la región?
André Da Silva Bueno: Considero que China está desarrollando un proyecto de Estado, en el que la integración con el eje Sur-Sur es parte fundamental de una nueva configuración geopolítica global en la que China busca definir su papel protagónico. El presidente Xi ha sido un articulador destacado en este sentido, garantizando una expresión consolidada de seguridad y continuidad para este proyecto. Es difícil, en mi opinión, saber si los nuevos temas que están surgiendo en la dinámica de esta relación no estaban ya previstos o si algunos de ellos surgen como resultado de movimientos complejos, como en el caso de la presión norteamericana o la inesperada negativa de Brasil a sumarse al programa de la Franja y la Ruta. Son puntos que van surgiendo con el paso de los años y que obligan a realizar ajustes al proyecto original.
Norbert-Molina Molina: Creemos que hay una actualización novedosa con la incorporación de nuevos elementos sistematizados en cinco grandes programas que, además de los asuntos económicos como el comercio, las inversiones y las finanzas, apuntan a una mayor integración entre China y América Latina, en medio de un ambiente internacional matizado por la incertidumbre y en la que el país asiático busca promover el multilateralismo, la promoción de reformas al sistema de gobernanza global, más intercambios académicos culturales, turismo, asistencia en áreas como la seguridad y el desarrollo, nuevos financiamientos, entre otros. El asunto está en cómo superar la actual división que por razones ideológicas enfrenta la CELAC y cómo atender una agenda como la que China le propone a nuestra región. Pragmatismo es lo que esperamos desde esta parte del mundo para que haya beneficios recíprocos.
Argentina
Con la decisión del gobierno argentino de no firmar el documento final de la reunión ministerial, ¿Qué lectura debe darse a esto sobre el momento de la relación bilateral?
Sebastián Schulz: La relación bilateral entre China y Argentina atraviesa uno de sus momentos más fríos en las últimas cinco décadas. Aunque China mantiene acuerdos financieros clave, como el swap de divisas, el gobierno argentino ha cancelado o postergado inversiones estratégicas en sectores como energía nuclear, hidroeléctrica, tecnología y aeroespacial, haciendo caso a las presiones de funcionarios estadounidenses. En este contexto, el vínculo con China se ha desplazado hacia el ámbito subnacional (provincias y municipios) y entre actores de la sociedad civil, con acuerdos en áreas universitarias, culturales y deportivas.
Argentina es uno de los países que más dinero y proyectos a recibido en la región, ¿Esta decisión afecta a la continuidad de esto?
Sebastián Schulz: Es altamente probable que el nuevo posicionamiento internacional del gobierno argentino afecte la continuidad y proyección de las inversiones chinas en el país. Si bien la República Popular China ha manifestado su interés en consolidar la relación bilateral, particularmente en sectores estratégicos como el del litio y el agroalimentario (soja y carne), el actual reordenamiento de las prioridades geopolíticas argentinas podría traducirse en una reconfiguración del vínculo. Esto ya se evidencia en la paralización, revisión o suspensión de iniciativas vinculadas a la cooperación en materia energética (nuclear, hidroeléctrica y eólica), de transporte (infraestructura ferroviaria y portuaria) y tecnológica. En este contexto, aunque se mantengan ciertos instrumentos financieros clave, como el swap de monedas, el escenario sugiere una relación más fragmentada, con menor densidad estratégica y mayor incertidumbre a mediano plazo.
Brasil
Lula fue uno de los invitados más importantes a esta reunión. Ya se han anunciado inversiones chinas en Brasil. ¿Podría esto considerarse un preludio para formalizar el ingreso de Brasil a la BRI?
André Da Silva Bueno: Brasil sufre un grave problema de polarización política y dificultades recurrentes en la organización de proyectos estatales. Además, la clase política brasileña oscila entre mostrarse insegura, refractaria o apoyar la profundización de las relaciones con China. Es un problema histórico. Una vez más, la negativa del actual gobierno a participar en la Iniciativa del Cinturón y la Ruta sorprendió a la mayoría de los estudiosos de China en Brasil, que habían estado aconsejando una mayor integración. Es posible, y muchos esperan, que Brasil escape del dominio de la geopolítica dolarizada y cree alternativas económicas y políticas que garanticen más independencia y equidad. Si el presidente Lula lo hará o no es otra cuestión, que depende de la consolidación de un proyecto de acercamiento a China y que pasa por una posición de Brasil en el mundo, pero que todavía genera temor en gran parte de la clase política brasileña.
¿Cuál cree que puede ser el papel de Brasil en el futuro del Foro CELAC-China y otros mecanismos de cooperación y multilateralismo impulsados por China, como los BRICS+?
André Da Silva Bueno: Brasil –y más específicamente la clase política brasileña– tendrá finalmente que decidir entre un papel geopolítico protagónico o persistir en una visión de dependencia colonizada. Existe pleno potencial en el país para jugar un papel importante de decisión y organización en estos espacios; Sin embargo, dependerá una vez más de superar las indecisiones de las agendas eventuales y transformar el tema en un proyecto de Estado, con vigencia por décadas.
Colombia
En esta ocasión Colombia es de los países que mayor visibilidad tiene, ¿Qué perspectivas se prevén tras la formalización de la entrada de Colombia a la BRI?
Tatiana Gélvez: Desde el inicio del gobierno de Gustavo Petro, y debido a su orientación hacia ideas de izquierda, existía la expectativa de un acercamiento más decidido entre Colombia y la República Popular China. No obstante, durante las visitas previas del presidente en 2024, esta aproximación se percibió aún como tímida. Esta cautela respondía, en parte, a la presión ejercida por sectores dentro del propio gobierno y, especialmente, al escepticismo del empresariado, que tiende a ver la relación con China más como una amenaza que como una oportunidad.
Sin embargo, el contexto internacional ha comenzado a transformarse, particularmente con el retorno de Donald Trump a la actual presidencia de Estados Unidos y la adopción de políticas cada vez más adversas al orden internacional tradicional. Este nuevo escenario abre una ventana para que Colombia reconsidere su posicionamiento geopolítico, lo cual podría traducirse en una mayor disposición a fortalecer los lazos con China y explorar alianzas de beneficio mutuo.
En este sentido, las perspectivas para la relación bilateral parecen más abiertas. Iniciativas como la línea de crédito por 9.200 millones de dólares ofrecida a los países miembros de la CELAC, junto con nuevas inversiones en infraestructura, ofrecen una oportunidad concreta para Colombia. Proyectos estratégicos, como la modernización del puerto de Buenaventura en el Pacífico y la expansión del puerto de Cartagena en el Atlántico, podrían encontrar en China un socio clave para su consolidación, contribuyendo así al fortalecimiento de la infraestructura logística nacional y a una mayor integración comercial con Asia-Pacífico.
Adicionalmente, China se perfila como un aliado estratégico para Colombia en varios frentes clave. Uno de ellos es la modernización y tecnificación del sector agrícola, que podría beneficiarse significativamente de las tecnologías y capacidades desarrolladas por el país asiático, particularmente en áreas como la automatización, el uso de inteligencia artificial y los sistemas de riego inteligente.
Por otro lado, las políticas públicas implementadas por China para la erradicación de la pobreza —basadas en sistemas de información avanzados que permiten una focalización precisa y un monitoreo continuo de las condiciones socioeconómicas de la población— constituyen un referente de gran interés para Colombia. Estas experiencias podrían ofrecer aprendizajes valiosos en un momento en que el país prioriza avanzar en la reducción de desigualdades y la mejora de los mecanismos de inclusión social.
Asimismo, existen oportunidades de diálogo y cooperación en el desarrollo de capacidades para la producción de energías renovables, un campo en el que China ha alcanzado avances significativos tanto en tecnología como en escalabilidad. A esto se suma la posibilidad de colaboración científica en iniciativas orientadas a la preservación de ecosistemas estratégicos, fundamentales para la sostenibilidad ambiental y la calidad de vida humana.
Este acercamiento pareciera un giro en la vinculación de Colombia, quien tradicionalmente había sido más cercana a Estados Unidos, ¿Qué efectos podría traer esto? ¿considera que Colombia puede quedar entrampado en la confrontación entre Estados Unidos y China?
Tatiana Gélvez: Naturalmente, el acercamiento de Colombia a China en un contexto de crecientes tensiones geopolíticas entre este país y Estados Unidos genera un escenario incómodo para la relación tradicional con el país norteamericano. No obstante, es importante recordar que ya existían fricciones previas, en particular por las condiciones indignas en las que fueron deportados migrantes colombianos indocumentados desde Estados Unidos. Este hecho provocó reacciones del presidente Gustavo Petro, que a su vez generaron una respuesta negativa del entonces presidente Donald Trump, quien impuso aranceles a productos colombianos. Aunque esta medida fue manejada a través de canales diplomáticos, recibió un respaldo significativo de la opinión pública en Colombia, que la interpretó como una defensa legítima de la soberanía nacional y de la dignidad de sus ciudadanos. Sin embargo, también despertó incertidumbre y preocupación en sectores empresariales, que perciben estas tensiones como un riesgo para la estabilidad económica.
Otro factor crítico en esta relación es el papel que desempeña la cooperación internacional, especialmente a través de la agencia estadounidense USAID, que hasta 2024 representaba aproximadamente el 70% de la ayuda internacional recibida por Colombia con enfoque en el desarrollo social, la implementación del Acuerdo de Paz y la lucha contra el narcotráfico. La reducción significativa de esta financiación ya había comenzado antes del acercamiento reciente con China, generando un vacío financiero que obligará al gobierno colombiano a buscar nuevos aliados para la continuidad de estos programas.
En este contexto, China podría representar una alternativa estratégica tanto en términos de financiación como en la implementación de proyectos de desarrollo, además de ofrecer nuevas oportunidades de mercado para las iniciativas productivas derivadas de estos procesos. Este posible giro en la política exterior de Colombia no necesariamente implica una ruptura con Estados Unidos, sino más bien una apuesta por la diversificación pragmática de sus alianzas internacionales. Se trata de buscar un mayor margen de autonomía y sostenibilidad en sus agendas de desarrollo interno, especialmente en un escenario marcado por la incertidumbre generada por los recortes presupuestales y los cambios abruptos en las agencias de cooperación norteamericanas, que han afectado la continuidad de numerosos proyectos sociales y de paz en el país.
Venezuela
En esa ocasión se ha destacado la presencia de Venezuela y algunos otros países que han tenido reuniones de trabajo bilateral, aunado a esto, Venezuela es de los países que más dinero ha recibido por parte de China, por lo tanto, ¿Cómo debe ser leída esta presencia venezolana en un contexto complejo a nivel interno, regional y global?
Norbert-Molina Molina: Venezuela y China sostienen actualmente una alianza al más alto nivel, estratégica a toda prueba y a todo tiempo, como juntos la han denominado. La compleja situación del país, y de nuevo las sanciones unilaterales impuestas por los Estados Unidos, reforzarán sin duda esta asociación, pero con mayor precaución por parte de Pekín buscando obtener resultados óptimos en los planes propuestos y que no afecten su imagen en la región. Los tiempos de los grandes fondos de financiamiento parecen haber quedado atrás, mientras ambos gobiernos buscan fortalecer sus áreas de cooperación.
En su opinión, ¿Cómo se espera que la agenda regional CELAC-China sea aterrizada en la relación bilateral entre Venezuela y China?
Norbert-Molina Molina: Desde Pekín se han puesto sobre la mesa cinco grandes programas para sus relaciones con América Latina en los próximos años. Soy un tanto pesimista con la CELAC ante la actual fractura que padece el organismo con gobiernos enfrentados entre sí por razones ideológicas, muy pocos pragmáticos y desconocedores del significado de China actualmente. En el caso venezolano, aunque difícil de predecir por la compleja situación que imponen las sanciones y otros factores internos, la cooperación seguirá fortaleciéndose, quizá no al mismo nivel que otros países de la región, pero sí con el ritmo que impone la Asociación Estratégica acordada a través de su Comisión Mixta de Alto Nivel.
![Observatorio de Política China [OPCh]](https://www.politica-china.org/wp-content/uploads/logo-horz-1-v500.png)
