La República Popular China (RPC) surgió el 21 de septiembre de 1949 con un discurso de Mao Zedong ante los delegados de la Primera Conferencia Consultiva Política Popular, pero fue el 1 de octubre de ese año cuando proclamó su nacimiento desde la parte superior de Tian’anmen. La legitimidad del nuevo gobierno se basaba en múltiples fuentes: la popularidad de Mao, el papel del Ejército Popular de Liberación (EPL) y, en menor medida, del Partido Comunista (PC), pero sobre todo en la promesa de un futuro de mejores condiciones de vida.
Para el 76.º aniversario de la fundación, la RPC se ha convertido en el primer Estado, al menos desde 1945, que rivaliza y supera en algunos aspectos a Estados Unidos. Para entender la situación actual de China y sus desafíos, he tomado como referencia el contexto de 1959. Las razones de esta elección son que, en ese momento, la supervivencia de China aparecía como probable, mientras que hoy está apenas amenazada. Los objetivos del liderazgo de entonces, gracias a políticas diferentes, se han alcanzado y superado en diferentes momentos a partir de los años ochenta, especialmente durante el gobierno de Xi Jinping desde 2012/2013.
Tras una centuria de intervenciones extranjeras, guerras civiles y revoluciones, surgió una república levantada sobre la derrota de las tropas japonesas y nacionalistas. Sin embargo, el triunfo estaba opacado por miseria, adicción al opio, prostitución, analfabetismo, además de falta de tecnología y capital.
Después de décadas de esa victoria, la erradicación de la pobreza extrema fue declarada en 2021, y la lucha contra la corrupción alcanza niveles severos, como la condena a muerte de Tang Renjian, quien fue ministro de Agricultura y Asuntos Rurales, 2020-2024. De gran relevancia es que más del 50% de la población forma ahora una clase media con alta capacidad de consumo.
Desde la perspectiva de Mao, dominado por un voluntarismo destructivo, las posibilidades de supervivencia del Estado eran complicadas. Internamente, las pugnas dentro del partido eran intensas, el descontento de los intelectuales era considerable y la situación de los campesinos se complicaba debido a las políticas contrarias al individualismo. Había una carencia de tecnología, capital y recursos humanos calificados para el trabajo y la innovación. Externamente, la participación en la Guerra de Corea drenó recursos materiales y humanos; los resultados del Movimiento de los Alineados no fueron concretos y el entorno internacional no era propicio para concentrarse en la economía.
El elemento catalizador de las dificultades para medir el futuro de la RPC fue la relación con Moscú, que se acercaba a un fin conflictivo. La Unión Soviética podría haber sido una fuente de tecnología, capital y asesoría para que China superara su atraso, pero se abrió un periodo de confrontación y enormes dificultades internas. La adversidad diplomática y las crisis humanitarias, resultado de los fracasos del Gran Salto Adelante (GSA), permitieron a Mao consolidar su poder frente a figuras favorables al mercado como Chen Yun, Deng Xiaoping, Peng Dehuai e incluso Li Fuchun.
La situación del país era agobiante y el futuro incierto ante la perspectiva de enfrentar a Moscú y Washington. El discurso de que era posible superar a Gran Bretaña y Estados Unidos (chaoying ganmei 超英赶美) en producción de acero, base para la industrialización, carecía de fundamentos materiales. El Estado sobrevivió gracias a la excesiva explotación de los campesinos, además del debilitamiento institucional y el fortalecimiento del ejército, junto con la represión en las ciudades.
Hoy, las amenazas no son menores que en 1958. La diferencia radica en que el Estado y diversos actores han logrado continuar, aunque con dificultades, el ascenso como poder global económico iniciado en el siglo pasado. Esto se debe a un liderazgo que tiene altos niveles de centralización. Sin embargo, a diferencia de Mao, la élite ha mantenido y mejorado lo esencial de la arquitectura institucional de la reforma y la apertura.
La fuerza china, proyectada hacia el futuro, descansa en la voluntad sistemática del liderazgo a no retroceder en sus avances, como lo ha hecho Japón; en una política de construcción de alianzas, especialmente con Moscú y Delhi; y en sus propuestas institucionales para reconstruir la gobernanza global, tales como la Organización para la Cooperación de Shanghai y la Organización Internacional de Mediación.
La gran diferencia con los años cincuenta y sesenta es que hoy China está a la ofensiva y en proceso de construir un sistema internacional.
![Observatorio de Política China [OPCh]](https://www.politica-china.org/wp-content/uploads/logo-horz-1-v500.png)
