En los más recientes paradigmas referidos a la gobernanza global, el mundo fue categorizado en el Norte y el Sur Global, como una forma políticamente correcta para referirse a los países con desarrollo económico y al resto del mundo. Esta división del sistema internacional en función de capacidad de industrialización y tecnológica ha sido presentada a lo largo de las décadas con distintos enfoques, desde los más tradicionales hasta nuevas propuestas epistemológicas. No obstante, una constante en reconocer el sistema mundo de esta forma es la dinámica de la dialéctica materialista, que ha visibilizado la idea de una relación de poder entre países ricos y pobres.
Este preámbulo sirve para poner sobre la mesa el momento en el que estamos, que es un tiempo en el que pareciera que la regla se rompe; pues previo al verano de 2025 estos conceptos del Norte y el Sur Global también daban forma a la estructura geopolítica del equilibrio del poder.
El discurso del primer ministro canadiense, Mark Carney, en Davos, en donde señaló que: “El mundo está en medio de una ruptura, no de una transición” marca un parteaguas en este proceso que se activa en la Reunión de la Organización de Cooperación Shanghái en Tianjin y, hace un par de días, termina por evidenciarlo con la propuesta del “Board of Peace”. De forma simplista, esto da la imagen de que el mundo está al revés. ¿Qué está pasando? ¿Es sólo un momento o puede ser el inicio de un nuevo nivel de reajuste estructural?
No todo comienza en este siglo
La propuesta para analizar esto requiere echar mano del método histórico y también de algunos clásicos de las Relaciones Internacionales, como Kenneth Waltz en “Man, the State and War” y John J. Mearsheimer en su obra “The Tragedy of Great Power Politics”. Esto para entender los cambios estructurales dentro del sistema internacional desde el poder.
Los términos “nuevo orden mundial” y “multipolaridad” han sido utilizados para significar lo que pasó después de la Guerra Fría, con connotaciones geopolíticas y de hegemonía cultural muy evidente, limitando a una visión de “túnel de la historia” (Frank, 1998). El inicio del siglo XXI en la historia de las Relaciones Internacionales parece un “reseteo” basado en la romantización de la humanidad y su futuro, pues los cambios en la agenda internacional y las discusiones respecto a gobernanza buscaron homologar el mundo, sin profundizar para reconocer lo que había pasado… es decir, simplemente nos dejamos llevar.
En esta idea de “dejarnos llevar” emergen narrativas de “excepcionalismo” histórico, que colocan de manera repentina a “nuevos” actores protagónicos, como en su momento fueron los BRICS; o en su defecto, estos primeros años del siglo XXI, comenzó a mostrar fracturas dentro de la hegemonía occidental en Estados Unidos y la Unión Europea. Este excepcionalismo y visión triunfalista de un paradigma han limitado el análisis histórico para entender qué está pasando, pues los liderazgos y la fragmentación del “status quo”, que mantenía en equilibrio el sistema internacional, no es un producto de lo inmediato, sino son los costos a largo plazo de las decisiones del orden creado en la posguerra y los procesos históricos de las diversas realidades de cada uno de los actores estatales y no estatales dentro del propio sistema internacional.
El débil cimiento del entonces llamado “nuevo orden internacional” ha permitido que sistémicamente se hayan movido “las piezas” poco a poco hasta llegar a este punto, provocando un “nuevo balancing”.
Cuando no todo el Norte Global mantiene su status quo, y no todo el Sur Global está subordinado
De 2001 a 2025, se puede identificar una fase caracterizada por un “buck-passing” inconsciente permitido por el propio Norte Global. Tal vez esto suene muy descabellado, pero los costos de la vulnerabilidad sobre la que se sentó la legitimidad de la Pax Americana, permitió que desde el propio sistema internacional se posicionara una nueva potencia fuera de este espacio conceptual. Es decir, desde el Sur Global comenzó a emerger e incrementar su status quo China.
Las narrativas hegemónicas han minimizado este fenómeno dentro del sistema internacional. No obstante, esto no quiere decir que el timing entre el proceso histórico de la República Popular China sumando a la llegada de Xi Jinping, ha tenido como resultado un protagonismo en la política internacional, pasando de un perfil reactivo a uno proactivo.
Por otro lado, los liderazgos estadounidenses del siglo XXI son producto de propio proceso social, económico y político dentro de este país; y justo este es el costo que la actual visión nacionalista de la clase política que gobierna Washington no quiere asumir.
Estos dos procesos en cadena han provocado movimientos de reorganización y estructura en el sistema internacional; por lo que seguir invisibilizándolos implicaría un costo mayor para la humanidad.
Dos modelos de gobernanza, un sistema internacional
El año 2026 arranca con varios espacios de confrontación sistémica entre Estados Unidos y China; sin dejar de lado que 2025 fue un año para medir fuerza y alcance, principalmente en el ámbito comercial. Ya en algunos espacios académicos he señalado que nos encontramos frente a dos modelos justificados por la idea de autosuficiencia para la supervivencia. También es importante señalar que dentro de esta justificación se puede identificar la “grandeza histórica” de cada uno de estos pueblos; en donde una radica en la Pax Americana y la otra en el 盛世中国 Shengshi Zhongguo. Sin embargo, a pesar de compartir esto, los fundamentos son distintos.
Desde Washington, la reorganización de la política exterior y la diplomacia está basada en la visión geopolítica del siglo pasado, resultado de esto es la Doctrina Donroe, en donde el uso de la fuerza da lugar a la diplomacia del garrote y “Monopoly”, como fuente de autosuficiencia dentro de la alta y baja política. El concepto de MAGA en el plano internacional conlleva regresar al modelo del siglo pasado, reavivando el realismo puro para asegurar recursos naturales que reactiven los sectores y la industrialización estratégica. Esto encaminado a una autarquía “tecno”-petrolera.
Mientras que, desde Beijing, la sinización del marxismo con Xi ha marcado una ruta de largo plazo; en donde a nivel política exterior y diplomacia, China ha desarrollado una infraestructura que ningún otro país posee. Sin embargo, para mantener las premisas del “socialismo con características chinas para la nueva era” es necesario lograr la autosuficiencia. Parte del aprendizaje histórico chino, le ha llevado a entender y a plantear una visión sistémica de cooperación profunda. Justo esto es lo que en gran parte rompe el paradigma actual y la categorización dicotómica de Norte-Sur. En este proceso de largo plazo, el PCC reconoce la importancia de la armonía con el impacto ecológico en todos sus sentidos. A diferencia de Estados Unidos, el pueblo chino ha experimentado momentos retadores como hambrunas y limitación en el acceso a recursos básicos y estratégicos. Esto deriva en la necesidad de un plan de desarrollo que tiene que ser asertivo y sostenible basado en nuevas industrias estratégicas y la necesidad de establecer un liderazgo tecnológico global.
Estas dos visiones de lo que significa el status quo para cada una de estas potencias, dan como resultado maneras distintas de búsqueda de liderazgo mundial y legitimidad. En este punto, ambas cisiones comparten algo en común, que es el desgaste del sistema intergubernamental impuesto en la posguerra.
¿Por qué mencionar Tianjin? Porque esta reunión marca un hito para China, como una potencia que emerge del Sur Global, que históricamente su proceso para construir legitimidad ha sido más tardado por no pertenecer a Occidente, pero que a través de Tianjin encuentra el momento para lanzar su Iniciativa de Gobernanza Global.
¿Por qué mencionar Davos? Porque Davos marca el hito para Estados Unidos después de una de las acciones más retadoras para el sistema internacional, que fue la incursión a Venezuela. La propuesta del “Board of Peace” es una muestra de la ruptura con el orden internacional justificado por mera supervivencia.
¿Invisibilizar al resto del mundo?
Este aspecto es el que convierte a este año en determinante. La evolución pragmática de la gobernanza global también fragmenta la idea del Norte y el Sur Global, pues reacomoda las alianzas. Por un lado, es importante repensar la justificación de la OTAN, cuando Trump desafía directamente a Europa y Canadá. Las declaraciones de Macron y Carney en Davos marcan una ruptura muy importante, que es posible gracias a los privilegios históricos de “formar” parte del Norte Global. Situación que es imposible para países del Sur Global geopolíticamente vinculados con Estados Unidos, como los son México y los países centroamericanos, y que es algo de lo que es consciente Beijing. Más allá de esto estas rupturas han sido aprovechadas y trabajadas desde la Xiplomacy desde 2024 en el Norte y Sur Global, ejemplo de esto es el relanzamiento de la vinculación con India y Canadá.
Por otro lado, el Sur Global también se fragmenta en función de la variedad de procesos, pues la narrativa del liderazgo chino en el Sur Global se vuelve meramente un recurso discursivo. Más allá de la esfera geopolítica, no se puede desconocer la herencia colonial; es decir, la vigencia, la internalización y la apropiación de países del Sur Global de la narrativa de la Pax Americana del siglo XX, y los propios procesos históricos de China, como potencia histórica, dentro de distintos puntos de Asia, que llevan a entender por qué países como Argentina, Paraguay, Paquistán, Vietnam e Israel, por mencionar algunos, se suman inmediatamente a la “Junta de Paz”.
Justo estas condiciones convierten al resto del mundo en actores determinantes en este “balancing” que tal vez tenga implicaciones en la institucionalización de la gobernanza global. ¿Será que el desafío que representa el modus operandi de la “Junta de Paz” sea un catalizador hacia la reforma del Sistema ONU y otros organismos intergubernamentales, como lo propone Beijing?
A modo de nota al pie, sólo mencionar que en estos múltiples canales de confrontación, una cita importante en términos de gobernanza comercial es el futuro del TMEC, que con el escenario actual, apunta al minilateralismo.
![Observatorio de Política China [OPCh]](https://www.politica-china.org/wp-content/uploads/logo-horz-1-v500.png)
