China y Estados Unidos: Compás estratégico y eficiencia | Alfredo Toro Hardy es diplomático y escritor venezolano

La consistencia estratégica juega un papel fundamental dentro de la competencia por el liderazgo internacional entre China y Estados Unidos. Dicha consistencia se traduce en un curso de acción sostenido en la persecución de objetivos claros. Ello no sólo implica la presencia de un mapa de ruta sino la capacidad para evitar la distracción y el desvío.

De entrada, Estados Unidos se halla en desventaja en este campo. Como la superpotencia establecida, dicho país se encuentra geopolíticamente involucrado en diferentes escenarios de manera simultánea. Sus riesgos de distracción y dispersión resultan, por tanto, mucho mayores que los de China. De hecho, en los últimos dos años Estados Unidos ha estado a punto en varias ocasiones de irse por la tangente y adentrarse en una guerra absolutamente innecesaria con Irán. Tal escenario no sólo empantanaría a Washington en un teatro de operaciones secundario sino que dispararía las oportunidades estratégicas de China.  

A la inversa, con ambiciones geopolíticas más localizadas y cercanas a casa, China resulta más proclive a mantenerse en foco y a circunscribir sus acciones a un sentido de propósito definido. A la vez, sus objetivos han sido plasmados de manera precisa. Para 2049, centenario de la fundación de la República Popular, China aspira a alcanzar un lugar de prominencia acorde a su pasado glorioso. Proyectos como el del Sueño Chino de Rejuvenecimiento Nacional o el Hecho en China 2025, convergen en definir metas concretas que deberán haber sido alcanzadas para esa fecha. El compás estratégico de China es claro. 

Kevin Rudd, ex Primer Ministro de Australia, captaba bien esta diferencia de compás estratégico al señalar lo siguiente: “Desde el fin de la Unión Soviética ha habido poca dirección estratégica en la idea de Occidente y en los elementos centrales de la democracia liberal. Por el contrario, Occidente se ha volcado sobre sí mismo, mostrándose auto satisfecho y globalmente complaciente. China, por el contrario, marcha con paso firme hacia la realización del destino que se ha trazado. China dispone de una estrategia clara. Occidente no tiene ninguna” (“Xi Jinping offers a long-term view of China’s ambition”, Financial Times, October 23, 2017).  

Durante la Guerra Fría con la Unión Soviética, en efecto, Occidente y muy particularmente Estados Unidos dispusieron de un claro rumbo estratégico. Este vino determinado por el conflicto ideológico. Esta nueva Guerra Fría entre Estados Unidos y China no responde, en cambio, a elementos ideológicos. El régimen chino no busca venderle a nadie las virtudes del comunismo. Ni siquiera a su propia población. La nueva identidad china se mide por la capacidad de proveer resultados. En tal sentido, la emergente Guerra Fría con Washington se plantea en términos de eficiencia. En la eficiencia que sepan mostrar sus modelos, uno autoritario y el otro democrático, para responder a los retos planteados. 

Para Estados Unidos ello representa la peor de las opciones posibles, pues encuentra al país en medio de una crisis institucional profunda que ha hecho de su modelo un paradigma de disfuncionalidad. Estados Unidos se ha transformado, efectivamente, en una sociedad fracturada en la que sus divisiones se han vuelto irreconciliables. En el pasado, tales divisiones se planteaban a un nivel vertical en el que el anverso de cada posición encontraba su reverso, pero en donde anversos y reversos se mezclaban sin proyectar identidades definidas. En la actualidad, en cambio, tales divisiones se han fusionado con las identidades partidistas, desatando una profunda polarización social. Dos sociedades enfrentadas coexisten lado a lado, demonizándose y buscando destruirse. El país evidencia, como resultado, una gigantesca fractura horizontal que está tornando cada vez más inoperativas a sus instituciones.  

Así las cosas, un modelo democrático pero absolutamente disfuncional muestra su incapacidad creciente para competir, en términos de eficiencia, con un modelo autoritario pero con probada capacidad de respuesta. El manejo del Covid 19 es evidencia de ello. Aunque culpable de la falta de transparencia inicial, que coadyuvó a la difusión mundial de la pandemia, China ha logrado controlar ésta en su territorio. Contando con una población de 1.3 mil millones de habitantes, China se coloca al nivel de países como Singapur o Dinamarca que apenas rondan los seis millones, en su control del coronavirus. Del millón de muertos que ha producido el coronavirus en el mundo, en cambio, Estados Unidos con apenas 4% de la población global ha aportado el 20% de los muertos. 

Mientras China persigue el objetivo preciso de convertirse en el número uno para el 2049, Estados Unidos se ha transformado en un lugar impredecible. Impredecible y crecientemente ineficiente. Mientras es imposible determinar en qué dirección se dirige su sociedad a mediano plazo, es claro que el país continuará su zigzag, cambiando de rumbo con cada mudanza de inquilino en la Casa Blanca. Mientras cada nueva manifestación de eficiencia confirmará el rumbo de China, cada nueva evidencia de disfuncionalidad no hará más que incrementar la desorientación de Estados Unidos. 

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  • Venezolano. Abogado de la Universidad Central de Venezuela.
  • PhD de la Geneva School of Diplomacy and International Relations. Cuenta con maestrías y postgrados de las universidades de Pennsylvania, Central de Venezuela, París II y ENA (Francia).
  • Cursó negociación internacional en Universidad de Harvard. Diplomático de carrera jubilado.
  • Embajador de su país en Estados Unidos, Reino Unido, España, Brasil, Chile, Irlanda y Singapur, así como Director de la Academia Diplomática. Entre 1991 y 2017 detentó el rango de Embajador bajo cinco administraciones presidenciales sucesivas.
  • Autor de 21 libros y coautor de 15, así como autor de una treintena de trabajos publicados en revistas académicas arbitradas.
  • Columnista en publicaciones especializadas de Estados Unidos, Reino Unido, España, Italia e India. Parte importante de sus escritos versan sobre China.
  • Se jubiló de la Universidad Simón Bolívar de Venezuela con el rango de Profesor Asociado en 1991. Fulbright Scholar y Profesor Visitante de la Universidad de Princeton (1986-1987).
  • Profesor de la Cátedra Andrés Bello de la Universidad de Brasilia (1995-1996, mientras se desempeñaba como Embajador en Brasil). Profesor online de la Universidad de Barcelona (2004-2005).
  • Asesor Académico de la Universidad de Westminster (2004-2008). Electo por el Consejo de Facultades de la Universidad de Cambridge como Profesor de la Cátedra Simón Bolívar de esa universidad para el período 2006-2007 (declinó por razones de servicio).
  • Académico Residente del Centro Bellagio de la Fundación Rockefeller en septiembre de 2011 y en octubre de 2017.
  • Actualmente es miembro del Comité de Expertos del Centro Bellagio y Fellow de la Geneva School of Diplomacy and International Relations.
  • Jubilado

Especialidades:

  1. Sistema y pensamiento político: estructura política, legislación, filosofía política, etc.
  2. Economía y comercio: inversiones, comercio internacional, empresas, préstamos, geoeconomía, desarrollo, etc.
  3. Política exterior y relaciones internacionales: cooperación, organizaciones, seguridad, multilateralismo, iniciativas, relaciones regionales, regionalismos, foros, etc.
  4. Sociedad y cultura: autonomías, identidad, minorías, demografía, género, etc.
  5. Taiwan e regiões de administração especial.