China-Estados Unidos: el balancing vía 川建國

En el último artículo de Xulio Ríos se abordó la especulación sobre la pérdida de poder de Xi Jinping en China. Dando continuidad al tema y a modo de engarzarlo con las recientes negociaciones de Estocolmo y otros espacios en los que ambos países se hacen presentes, se presenta la siguiente reflexión. Para esto, se rescata un término que se ha dispersado en las redes sociales dentro y fuera de China que es “川建國”.

Estas palabras surgen con la campaña de MAGA, en donde de manera “sarcástica” se ha convertido en el sobrenombre de Donald Trump. 川建國 (Chuān jiànguó) se confirma de dos elementos 川 para referirse a Trump y 建國, significa “construir/fundar la nación”, dando como resultado “Trump hace a China grande”.

A lo largo de las entregas realizadas sobre los recientes acontecimientos entre estos dos países, principalmente con el tema arancelario, se ha dejado ver a un Trump que no ha conseguido negociaciones absolutas con Beijing. Por lo que a continuación se rescatan temas de los últimos días en donde el factor Trump ha permitido un balancing o equilibrio del poder en la escena internacional.

La ola Trump y la postura de Beijing

Desde el proceso electoral del año pasado en Estados Unidos, desde el gobierno de China y la academia se hizo presente la idea de un segundo mandato de Trump que fuera desafiante, más no imposible de llevar para China. La analogía de Xi sobre un mar lleno de olas y China tratándolo de navegar ha sido un claro ejemplo de esto. Lo errático y a veces impredecible que es la toma de decisiones desde la Oficina Oval ha sido un factor que ha desquiciado al mundo, por lo que la violencia psicológica que ha puesto esta administración en espacios como la economía, la seguridad, la migración, la gobernanza global, etc., ha evolucionado en una incertidumbre como única certeza.

Al mismo tiempo, esto ha dejado claramente ver quién es quién en la política internacional y su capacidad de agencia dentro de la arena internacional. En pocas palabras, esto ha visibilizado la reorganización estructural que el mundo ha tenido durante los últimos veinte años. Este entramado es complejo, por lo que enunciar o evocar términos del siglo pasado como “Guerra Fría” o “multipolaridad” es demasiado simplista para este momento, pues todo esto a derivado en una fragmentación mucho más profunda que se ha comenzado a reagrupar de distintas formas y que necesita ser estudiado y reinterpretado desde distintas disciplinas.

Si bien desde la punta del iceberg esto emula una confrontación entre dos potencias, repensar la estructura de manera jerarquizada es algo no funcional, pues la interconexión que la globalización ha provocado a través de otros factores/categorías generó una red de vinculación entre todos los actores con características estatales que forman el actual sistema internacional. En este sentido, la idea dos o tres liderando y el resto subordinado queda rebasado.

Lo anti-establishment que es Trump para las instituciones –diseñadas por ellos mismos- dentro y fuera de Estados Unidos ha detonado un caos que ha sacado al propio sistema internacional de una zona de confort llamada pax americana. El reflejo de esto se ha materializado en guerras cicladas, una economía altamente vulnerable, un tejido social radicalizado y decisiones reactivas por parte de casi todos los actores internacionales. En la mayoría de los países en el mundo, existe una confrontación interna radicalizada, a nivel político-social; por lo que el frente doméstico e internacional están abiertos al mismo tiempo, y eso genera un escenario de mucha vulnerabilidad. Siendo Estados Unidos el primer país en tener este clima de dos frentes al mismo tiempo.

De manera empírica se ha “aprendido”, fuera de Estados Unidos, a lidiar con la “ola Trump”; en este sentido, China ha sido un referente para esto, pues no doblegarse, y el resultado que esto le ha traído, ha servido para que otros identifiquen límites en la capacidad de negociación de Washington y, al mismo tiempo, dejar de romantizar la idea de alianzas históricas por compartir valores, pues algo que hoy es claro en la escena internacional es que Washington sobrepone la visión actual de “interés nacional” de la clase política gobernante frente a la narrativa histórica de sus valores.

Mientras la postura estadounidense ha sido errática, la de Beijing ha sido constante; y esto ha roto la estrategia de Trump. Como ya se ha mencionado en entregas pasadas, esto ha permitido una dinámica de MiniMax entre ambas partes. Por lo tanto, la idea de 川建國 puede sonar coherente si se profundiza un poco más. En esta dinámica, la cultura de negociación ha tenido un papel estratégico, pues la toma de decisiones a largo plazo entre el razonamiento occidental[1] y chino es distinta. En otras palabras, mientras desde Washington se intenta jugar “Age of Empires” en un escenario capitalista, en Beijing se juega Go (圍棋).

Balancing en temas clave

¿Cómo se logra este balancing que hasta ahora ha resultado benéfico para Xi y su visión global?  Uno de los puntos clave ha sido la institucionalización a largo plazo. Esto se refiere a la manera en cómo el mandato de Xi Jinping ha llevado desde la base local hasta lo internacional su visión. En palabras de Martha Finnemore y Kathryn Sikkink, se ha institucionalizado desde la construcción de “carreteras” que han llevado una idea a materializar desde la norma. La Comunidad de Destino Compartido conlleva este tipo de estructura, por lo que la red de “carreteras” tienen un origen, que es el “socialismo con características chinas”.

Alrededor de esto, a lo largo del mandato de Xi Jinping se ha afianzado una infraestructura institucional tremenda. A nivel internacional, es la infraestructura diplomática. En este punto, no se puede hablar de las organizaciones e instituciones que promueve China en la escena internacional, sin primero revisar la apuesta que Beijing ha hecho para tener un cuerpo diplomático altamente profesionalizado. En pocas palabras, no se pueden materializar proyectos sin personas capaces de negociar con una clara estrategia alineada a una visión.  Hoy en día este es otro punto débil en Washington, pues el desmantelamiento del cuerpo diplomático y la salida de Estados Unidos de organizaciones son un espacio que puede traer un costo altísimo, pues una “potencia” debe estar presente en todos los espacios para mantener status quo.

Esto a resultado en una dinámica en la que mientras Estados Unidos pone ultimátum sin cabildeos o diplomacia alguna, China ha aprovechado estos huecos para estar presente con todos. Esto se refleja en la cantidad de foros, cumbres y diálogos[2] promovidos por China a lo largo de este año, con una agenda muy clara orientada a fortalecer y seguir legitimando la necesidad de una Comunidad de Destino Compartido. Por lo tanto, la capacidad de diplomacia pública que hoy en día tiene Beijing es un músculo mucho más importante que el propio ELP.

Si bien, el Sur Global ha sido el principal objetivo de esta diplomacia pública a través de su acción vía foros de cooperación con regiones como América Latina, Sureste Asiático, Asia Central, África y Oceanía, o los BRICS + ; la celebración de la cumbre con la Unión Europea permite reconocer el timing que Beijing tiene respecto a la fragmentación que la “ola Trump” ha dejado. Esto más allá de los resultados de esta reunión entre Beijing y Bruselas. Es decir, si bien el Sur Global es el espacio en donde mayor legitimidad tiene hoy China, esto no significa que Beijing se aparte del Norte Global, pues la manera en cómo Estados Unidos repiensa sus alianzas, las cuales en la praxis son escazas, da una oportunidad a tener ganancias relativas. De manera indirecta, y desgraciadamente, temas como Ucrania y Palestina se han convertido en un termómetro de esta reorganización.

De manera puntual, en recientes días hay dos temas clave para este equilibrio. El primero derivado de las negociaciones en Estocolmo. El resultado de estos dos días de negociación da continuidad a lo complejo que ha resultado para Washington encontrar un punto de quiebre con un resultado a su favor ante China, pues una guerra tarifaria es algo insostenible a largo plazo.

Sin embargo, en la idea de balancing, si existe un espacio en donde esta confrontación se hace presente a través de acuerdos comerciales. Este es el caso de Vietnam, quien logró un acuerdo de sólo 20% de aranceles de lo propuesto inicialmente por Trump, que eran 46%. Estos destellos de acuerdos o anuncios como el acceso a tierras raras, deja ver claramente la urgencia de la administración Trump por volverse un competidor directo en el tema tecnológico. Cabe destacar que hablar hoy de tecnología requiere desmenuzar áreas y sectores que son muy diversos y en los que, hasta hoy, no hay un país que controle todo ese universo; estamos en un momento en que hay áreas lideradas por China, otras por Taiwán, otras por Estados Unidos, Europa, Este de Asia, etc. Por lo que la integración de esto requiere de una estrategia a largo plazo, que es una carrera que algunos países iniciaron el siglo pasado con resultados diversos. La “oligarquía tecnológica americana” y su control del mundo es una narrativa muy arraigada en Occidente, que invisibiliza cualquier experiencia fuera de este espacio, situación que no necesariamente significa que no existan.  Por lo tanto, la carrera que corren a distintos tiempos los actores internacionales forma parte de un trasfondo clave en esta reorganización estructural y equilibrio del sistema internacional.

El segundo tema, tal vez el más sensible, es el triángulo Washington- Taipéi- Beijing. Ayer se viralizó en medios como Reuters y The Financial Times la noticia de que había sido negado el tránsito de Lai Ching-te por Estados Unidos, esto como una escala para la gira que supuestamente daría por América Latina. De manera inmediata, la portavoz presidencial de Taiwán, Kuo Ya-hui, desmintió la información, incluso la gira.  La llegada de Trump ha sido también compleja para Taipéi, principalmente para el gobierno que encabeza Lai; pues tras un primer año de gobierno desafiante ante la falta de control del poder legislativo, el factor Trump no ha sido necesariamente algo que calme aguas en Taiwán. Si bien el gobierno del Partido Democrático Progresista ha hecho una exhausta campaña para visibilizar su buena relación con Washington; esto no necesariamente se logra con este tipo de especulaciones y la falta de continuidad en la cercanía entre Washington y Taipéi. El tema Taiwán ha sido muy utilizado como un discurso político que busca capitalizar la administración Trump, pero que no necesariamente se muestra una estrategia clara sobre cómo o para qué. Mientras tanto, en la isla se muestra a Estados Unidos como una imagen religiosa, se le venera en imagen diciendo que existe, pero en la praxis difícilmente se hace presente más allá de lo que ha existido desde que Washington cambió su reconocimiento hacia Beijing. En reacción, desde Beijing la postura de la reintegración sigue, discursivamente suena con más fuerza, pero en acción continúa sobre la línea gris.

 

A modo de reflexión final: la importancia del espacio virtual y saber cómo comunicarte con las nuevas generaciones

 

Más allá de esto, es importante señalar que hoy la política también se ejecuta en los espacios virtuales, por lo que sin lugar a duda la popularización dentro y fuera de China de temas tendencia como 川建國, hacen presente un algoritmo que visibiliza discursos y legitima acciones. Esto es un tema del que poco se habla, pues a diferencia de otros momentos en la relación entre estos dos países, hoy las personas que difunden información en redes se han convertido en emisores de mensajes que al final son parte de un poder suave a través de la difusión de la cultura.  Así como MAGA fue una campaña que puso en el centro un discurso nacionalista en extremo; hoy los contenidos sobre China, que van desde el turismo, la promoción cultural, la reivindicación de estereotipos, y su papel en el Sur Global, se han vuelto clave para su imagen internacional, no sólo en la arena política, sino en diplomacia pública a través del marketing digital. 川建國 es un referente más para visibilizar ante el mundo la idea de una China victoriosa en momentos complejos.

 

[1] Occidental desde su interpretación colonial.

[2] Desde organizaciones civiles, representaciones diplomáticas, el PCCh, el gobierno, entre otros.

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