China: Costos y beneficios de su autoritarismo | Alfredo Toro Hardy es diplomático retirado, académico y autor venezolano

Biden persigue reeditar la confrontación ideológica que caracterizó a la Guerra Fría -en ese caso democracia versus comunismo- con una nueva versión: democracia versus autoritarismo. Más allá del bajo nivel de credibilidad de la democracia estadounidense, en momentos en que ésta ha sido invadida por el cáncer del populismo, se encuentra la receptividad a este planteamiento por parte de sus rivales. En el caso de China, el mayor de estos, no existiría el mayor interés en una confrontación planteada en términos ideológicos. 

         Lo anterior por dos motivos básicos. En primer lugar, el autoritarismo chino no es ideología, es cultura. Una cultura política que se remonta a la unificación del país en el 221 A.C., con la implantación de la dinastía Qin. En tanto tal, el régimen del Partido Comunista Chino se presenta como una prolongación natural a la larga historia dinástica de la nación. En su sustrato encontramos una cultura política confuciana dentro de la cual el gobernante es equiparado a un padre autoritario velando por el bienestar de su familia. Pero, en segundo lugar, para la China actual lo que cuenta son los resultados no las disquisiciones ideológicas. Desde los tiempos de Deng Xiaoping lo importante es que el gato cace ratones. Para el régimen tecno-utilitario chino la eficiencia es la clave que moviliza y motiva sus acciones. 

         Asumiendo esta dualidad cultura-eficiencia que caracteriza al régimen chino, cabría preguntarse acerca de los beneficios y costos de su modelo. Para comenzar, habría que establecer la correlación entre autoritarismo y centralización en la toma de decisión política y evaluar la funcionalidad de esta última. Durante la Guerra Fría con los soviéticos, Washington se benefició grandemente de su sistema abierto de toma de decisiones. Mientras este distribuía el poder de procesar y tomar las decisiones entre una pluralidad de actores e instituciones, la Unión Soviética lo concentraba en el vértice piramidal. El resultado de ello, en el caso estadounidense, es que un alto volumen de información podía ser adecuadamente decantado y evaluado para la adecuada toma de decisión. El sistema soviético, por el contrario, se veía atragantado ante demasiada información en manos de muy pocos decisores. 

         Sin embargo, la diseminación de información y toma de decisiones que funcionó bien para los estadounidenses en el siglo XX, está viéndose sobrepasada por lo  que por aquel entonces era visto como una debilidad: la centralización de la información y la decisión. Gracias a la Inteligencia Artificial el péndulo se ha movido en la dirección contraria, siendo hoy posible procesar volúmenes incontables de data a rapidez astronómica. Más aún, el proceso de aprendizaje autónomo de las maquinas se alimenta precisamente de información, por lo que a mayor volumen de ésta mayor aprendizaje. Este es un proceso del que los chinos están sacando cabal ventaja, amparados por la indiferencia ante el resguardo de la privacidad de sus ciudadanos. Los estadounidenses, en cambio, siguen anclados en un proceso de diseminación de la información y la toma de decisiones que tiende a colapsar ante la polarización que evidencia su sociedad. 

         A ello debe añadirse el componente autocrático del mando de Xi Jinping. ¿Cuál es la funcionalidad de este? Al momento de su ascenso al poder, el sistema evidenciaba dos características básicas. Primero, un modelo de toma de decisiones que aunque piramidal resultaba colegial. Segundo, un sistema institucionalizado de sucesión política. Xi eliminó los dos componentes anteriores. Las decisiones fundamentales se concentran en su persona y su permanencia en el mando se ha hecho indefinida. Ello ha traído beneficios y costos en términos de funcionalidad. Cuando él tomó el poder el régimen presentaba tres problemas mayores: riesgo de fractura del partido entre sus facciones (básicamente tres de ellas); independencia creciente del estamento militar frente al estamento civil; y divorcio creciente entre el partido y la población. Gracias a su ambiciosa y expansiva política anti-corrupción, Xi obtuvo el control del partido y debilitó a sus facciones, a la vez que consolidó el poder del estamento civil por sobre el militar. En otras palabras, puso fin al riesgo de fractura del partido y doblegó la independencia en ascenso de los militares. A la vez, su nacionalismo militante logró reconectar al partido con la población. 

         Como contrapartida a los beneficios anteriores, hay también costos significativos. La dirección y la estabilidad política del país han pasado a asociarse a la figura de su líder fundamental. Ello elimina cualquier contrapeso a la óptica del líder y a sus posibles obsesiones y errores. A la vez, como se ha señalado en relación a Putin, ello condicionaría la información que recibe de sus subalternos a la información que desearía recibir. Por otro lado, de producirse la muerte súbita de un hombre con sobrepeso de 68 años y una historia de fumador, el país encararía un traumático proceso de sucesión con la posibilidad de una fuerte crisis institucional.  

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  • Venezolano. Abogado de la Universidad Central de Venezuela.
  • PhD de la Geneva School of Diplomacy and International Relations. Cuenta con maestrías y postgrados de las universidades de Pennsylvania, Central de Venezuela, París II y ENA (Francia).
  • Cursó negociación internacional en Universidad de Harvard. Diplomático de carrera jubilado.
  • Embajador de su país en Estados Unidos, Reino Unido, España, Brasil, Chile, Irlanda y Singapur, así como Director de la Academia Diplomática. Entre 1991 y 2017 detentó el rango de Embajador bajo cinco administraciones presidenciales sucesivas.
  • Autor de 21 libros y coautor de 15, así como autor de una treintena de trabajos publicados en revistas académicas arbitradas.
  • Columnista en publicaciones especializadas de Estados Unidos, Reino Unido, España, Italia e India. Parte importante de sus escritos versan sobre China.
  • Se jubiló de la Universidad Simón Bolívar de Venezuela con el rango de Profesor Asociado en 1991. Fulbright Scholar y Profesor Visitante de la Universidad de Princeton (1986-1987).
  • Profesor de la Cátedra Andrés Bello de la Universidad de Brasilia (1995-1996, mientras se desempeñaba como Embajador en Brasil). Profesor online de la Universidad de Barcelona (2004-2005).
  • Asesor Académico de la Universidad de Westminster (2004-2008). Electo por el Consejo de Facultades de la Universidad de Cambridge como Profesor de la Cátedra Simón Bolívar de esa universidad para el período 2006-2007 (declinó por razones de servicio).
  • Académico Residente del Centro Bellagio de la Fundación Rockefeller en septiembre de 2011 y en octubre de 2017.
  • Actualmente es miembro del Comité de Expertos del Centro Bellagio y Fellow de la Geneva School of Diplomacy and International Relations.
  • Jubilado

Especialidades:

  1. Sistema y pensamiento político: estructura política, legislación, filosofía política, etc.
  2. Economía y comercio: inversiones, comercio internacional, empresas, préstamos, geoeconomía, desarrollo, etc.
  3. Política exterior y relaciones internacionales: cooperación, organizaciones, seguridad, multilateralismo, iniciativas, relaciones regionales, regionalismos, foros, etc.
  4. Sociedad y cultura: autonomías, identidad, minorías, demografía, género, etc.
  5. Taiwan e regiões de administração especial.