Avances y Desafíos de la Implementación de la “Ruta de la Seda Digital” en América Latina: El Caso de Chile | X Conferencia de Estudios Estratégicos

Texto de Jean Carlos Kindelan Duliep (Instituto Confucio de la Universidad de la Habana).

Introducción

La Ruta de la Seda Digital (en adelante, RSD) representa el componente tecnológico y de ciberespacio de la Iniciativa de la Franja y la Ruta (IFR) impulsada por el presidente Xi Jinping en 2015. Esta iniciativa, a través del financiamiento, desarrollo, implementación y expansión de las capacidades tecnológicas de China en el extranjero, aspira a una mayor influencia del gigante asiático en la estandarización de la infraestructura digital global.  

Una conectividad digital optimizada genera nuevas vías para el desarrollo; sin embargo, es válido mencionar que el acceso a la infraestructura digital es solamente un punto de partida, debido a que el éxito de estas iniciativas depende también de la creación de un ecosistema propicio para su implementación efectiva.  

América Latina, en los últimos años, ha sido uno de los campos de ejecución más fructíferos y diversos de la Ruta de la Seda Digital. En esta área geográfica destaca el caso de Chile, país que posee, hasta la fecha, el mayor número de instrumentos de asociación y cooperación con China a nivel regional y que ha forjado su relación bilateral sobre la base del pragmatismo y la cooperación económica. (Heine,2023). Factores como la relación de larga data y multifacética de Chile con China, y su infraestructura digital relativamente avanzada en comparación con otros países de la zona, lo convierten en un caso de estudio relevante para evaluar los matices de la implementación de la RSD en la región.  

El presente artículo tiene como objetivo general analizar las características generales de la Ruta de la Seda Digital. Como objetivos específicos pretende valorar la implementación de la Ruta de la Seda Digital en Chile y explicar los principales desafíos a la luz de la confrontacion tecnologica con Estados Unidos

La Ruta de la Seda Digital. Principales Postulados y Aplicaciones

En los últimos años, el acelerado crecimiento de la economía china ha transitado hacia nuevas formas de producción compatibles con la cuarta revolución industrial. En este sentido, el modelo de desarrollo chino ha incluido la producción digital como uno de sus ejes fundamentales, el cual requiere de infraestructura tecnológica para el correcto funcionamiento de nuevas formas de negocio (Parra, 2020).  

La Ruta de la Seda Digital, como dimensión de la Franja y la Ruta de la Seda y el Plan de Acción sobre Internet Plus, fue anunciada en 2015 y se ha enfocado en la construcción de infraestructura digital y de telecomunicaciones. Su contenido se alinea con iniciativas como “Hecho en China 2025” y “Estándares de China 2035”. A través de su implementación, ha expandido los estándares y modelos de gestión digital chinos en destinos estratégicos para su consolidación como potencia mundial (Parra, 2020).  

En el Plan de Informatización Nacional de China, perteneciente al decimotercer Plan Quinquenal, se establecieron varias líneas estratégicas para implementar la Ruta de la Seda Digital. Entre ellas resaltan la promoción del desarrollo coordinado y balanceado sobre la base de la innovación; la dinamización del crecimiento sostenible, la profundización de la cooperación y la apertura económica. La importancia de la innovación en sectores como la nanotecnología, la telemedicina, las energías renovables y la robótica, entre otros, fue refrendada en el Decimocuarto Plan Quinquenal, aprobado en el Quinto Pleno del XIX Comité Central del Partido Comunista Chino (OPCh, 2020).  

La RSD abarca inversión en infraestructura dura (redes celulares) e infraestructura blanda (aplicaciones, plataformas de pago móvil), lo cual viabiliza el comercio de China con los países en desarrollo. De esta manera, se construye un ecosistema de mercado en el que las tecnologías y las plataformas de contenido chinas sean preponderantes, a través de una infraestructura financiera y económica fuera del control de Estados Unidos. Igualmente, a través de la RSD, China busca promover estándares regulatorios de infraestructura digital global, mediante su cada vez mayor influencia financiera y su participación en organizaciones internacionales de normalización. (Parete, 2023). 

La RSD define una cooperación más amplia para avanzar en la conectividad y las capacidades digitales, incluida la colaboración en comercio electrónico, finanzas, digitalización industrial e innovación en áreas como la inteligencia artificial (IA) y la computación cuántica(Au&Chen, 2025). Asimismo, contempla la construcción de redes bilaterales transfronterizas de cables ópticos y cables submarinos transcontinentales(Gupta&Patil, 2024).

 La RSD también aspira al desarrollo de una “nueva generación de tecnología de la información” (NGIT). En este sentido, busca consolidar una Internet de las Cosas (IoT) que incluya la economía digital, la IA, los macrodatos, la computación en la nube y la tecnología de ciudades inteligentes. La RSD incluye esfuerzos para construir cables de internet de aguas profundas y ampliar el alcance del sistema de navegación por satélite BeiDou de China como alternativa al GPS (Malena, 2021). 

En el marco de la Primera Conferencia Internacional sobre Economía Digital y la Ruta de la Seda Digital, que tuvo lugar en septiembre de 2017 en Hangzhou, provincia de Zhejiang, se estableció la Alianza Industrial para la Ruta de la Seda Digital, enfocada en tópicos como los anteriormente referidos en los temas de comercio electrónico, ciudades inteligentes, IA y Big Data, logística inteligente e industria inteligente. A principios de 2018, fue publicado el Plan de Acción de Estándares de Conectividad de BRI 2018-2020, para promover la implementación de estándares nacionales para 5G y ciudades inteligentes en los países miembros de la iniciativa. (Parete, 2023)

Según Xi Jinping: “La innovación impulsa la productividad; hace que las empresas sean competitivas y los países fuertes. Necesitamos mantenernos al día con la tendencia de la Cuarta Revolución Industrial, aprovechar conjuntamente las oportunidades creadas por el desarrollo digital, en red e inteligente, explorar nuevas tecnologías y formas y modelos de negocios, fomentar nuevos impulsores de crecimiento y explorar nuevas vías de desarrollo, y construir la Ruta de la Seda Digital y la Ruta de la Seda de la Innovación” (Rodriguez, 2021).  

Una de las estrategias implementadas por Beijing para internacionalizar sus empresas ha sido la política “Go Global”. Como resultado de esto, empresas como ZTE y Huawei se han posicionado en el mercado tecnológico mundial. China ha lanzado su propio ecosistema tecnológico denominado BATX (Baidu, Alibaba, Tencent y Xiaomi), semejante al conglomerado norteamericano GAFAM (Google, Facebook y Amazon). Otras empresas chinas que se han destacado son ByteDance, que han lanzado aplicaciones mundialmente famosas como TikTok, que en muchas ocasiones sustituyen las funcionalidades de sus contrapartes occidentales. (Alix&Balenieri, 2018) 

Con respecto a la computación en la nube (cloud computing), Inspur, el mayor fabricante de servidores de China, anunció a finales de 2017 su asociación con cuatro empresas globales de tecnología —Cisco, IBM, Ericsson y Diebold Nixdorf— para establecer centros de datos y otros servicios relacionados con las empresas financieras basadas en la tecnología en las naciones que participan en la IFR. Esta iniciativa, al igual que otras relacionadas con la internacionalización de las empresas chinas, ha sido apoyada por mecanismos estatales como el Banco Nacional de Desarrollo, el Banco de Exportaciones e Importaciones y la Corporación de Exportaciones de China.   (Parete, 2023)

En resumen, la RSD representa la máxima aspiración china de independencia tecnológica, influencia económica global y el establecimiento de un orden digital que refleje sus propios intereses y valores. Esta iniciativa es un componente clave en el ascenso del gigante asiático como potencia mundial líder en el siglo XXI.  

La Ruta de la Seda Digital en América Latina

El acercamiento de China hacia la región ha formado parte de una estrategia global más amplia, con el objetivo de consolidar el posicionamiento chino en la arena internacional. Teniendo en cuenta la necesidad de China de garantizar su seguridad energética y alimentaria, al igual que el desarrollo de nuevas capacidades tecnológicas y el acceso a nuevos mercados, América Latina y el Caribe se ha convertido en un potencial aliado político en el hemisferio occidental, y ha influido en el rebalanceo de la hegemonía norteamericana y europea en una región que tradicionalmente ha estado bajo su influencia.  

La Ruta de la Seda Digital se ha extendido a América Latina y el Caribe (ALC, en adelante) como parte de la iniciativa más amplia de la Franja y la Ruta. Ha tenido como objetivo ayudar a los países de ingresos medios y en desarrollo de ALC a superar la brecha digital, fortaleciendo su infraestructura de internet, profundizando la cooperación espacial y desarrollando estándares tecnológicos conjuntos (Jorge Ricart, 2021).

Un punto importante en el desarrollo de la RSD hacia la región latinoamericana lo constituyó la II Reunión Ministerial del Foro CELAC-China, celebrada en 2018. En el Plan de Cooperación 2019-2021, aprobado en esa ocasión, se acordó como meta el aumento de la cooperación en ciencia, tecnología e innovación, no solo en la estructura productiva, sino también en el sistema de telecomunicaciones y la economía digital, como el comercio electrónico.(Granma, 2018)  

En julio de 2020, durante una videoconferencia en la que participaron 13 cancilleres de la región, el Ministro de Relaciones Exteriores de China, Wang Yi, propuso la búsqueda de oportunidades para avanzar en la implementación de la IFR, entre otros aspectos, a través de la Ruta de la Seda Digital China-Latinoamérica. Esa iniciativa ha sido impulsada a través de empresas privadas que obtienen el apoyo político y financiero en su expansión comercial en el exterior. La RSD ha creado mercados de exportación para las grandes empresas chinas mediante la cooperación económica digital y el comercio electrónico transfronterizo. La mayoría de estos megaproyectos se financian con préstamos de bancos chinos como el EXIM (Export-Import Bank of China) (Jorge-Ricart, 2021).  

La cooperación se ha centrado en áreas como la infraestructura digital, los equipos de telecomunicaciones (incluido el 5G), el comercio electrónico, los macrodatos, la computación en la nube, la inteligencia artificial (IA), el Internet de las Cosas (IoT) y las ciudades inteligentes (Eder, 2019).Las empresas chinas han construido infraestructura de telecomunicaciones y cultivado asociaciones con empresas locales y empresas emergentes, lo que indica una tendencia observada en toda la región (Drexel&Scanlon, 2025).  

Por ejemplo, Huawei ha desempeñado un papel importante en el sector de las telecomunicaciones de América Latina y el Caribe desde 1999 y es líder en el suministro de equipos para redes 5G en la región, a menudo con ventajas de costo y amplitud de oferta, con equipos posicionados para incluirse significativamente en Chile, Perú y Brasil.  Esta empresa opera actualmente centros de datos en varios países de América Latina, incluidas instalaciones de almacenamiento en la nube en Santiago de Chile, São Paulo (Brasil) y México, con planes de expansión.(Prensa Latina, 2024) Se han desplegado ofertas de vigilancia chinas, incluidos sistemas de cámaras de seguridad y arquitecturas a nivel nacional con amplias capacidades de monitoreo, en varios países de América Latina. China Unicom y Huawei Marine Networks anunciaron un acuerdo con Brasil en 2017 para construir un cable de fibra óptica submarino a través del Océano Atlántico que conectaría Brasil con Portugal a través de Cabo Verde.  (Huawei, 2023)

En resumen, las empresas tecnológicas chinas han establecido una fuerte presencia en los sectores de infraestructura y servicios digitales de América Latina, convirtiéndose en socios clave en la transformación digital de la región. Esto representa una expansión estratégica de su influencia en una región históricamente considerada dentro de la esfera hegemónica de Estados Unidos. Aunque no exento de polémicas, este dominio ha planteado interrogantes sobre las posibles dependencias e implicaciones de seguridad.  

La Estrategia Digital y Marco Regulatorio de Chile   

El gobierno chileno ha definido y articulado una estrategia integral de transformación digital denominada “Chile Digital 2035”. Este plan se enfoca en la reducción de la desigualdad digital, la promoción de los derechos digitales, el desarrollo de la infraestructura digital, el fortalecimiento de la ciberseguridad y la digitalización del sector público. Su objetivo principal es alcanzar el 95% de digitalización de los servicios públicos para 2025 y el 100% para 2035. Asimismo, Chile ha diseñado una “Estrategia de Industria Inteligente”, que tiene como objetivo el aprovechamiento de las tecnologías digitales para aumentar la competitividad y la modernización de sus industrias. Igualmente, el Ministerio de Transportes y Telecomunicaciones tiene su propia “Estrategia de Ciudad Inteligente para el Transporte Chile 2020”, que se basa en el empleo de sistemas de transporte inteligentes para optimizar la movilidad urbana, la accesibilidad y la sostenibilidad. (Cepal,2024) 

Por su parte, el Ministerio de Ciencia, Tecnología, Conocimiento e Innovación de Chile publicó una Política Nacional de Inteligencia Artificial en 2021, que describía los objetivos estratégicos hasta 2031, centrándose en el fomento de los elementos necesarios para el desarrollo de la IA, la promoción de su adopción y el abordaje de consideraciones éticas y de seguridad.(MinCiencia,2024)  

Como se ha demostrado, Chile tiene una plataforma programática bien definida para su futuro digital, que contempla diversos sectores y esferas esenciales como la infraestructura, el desarrollo de habilidades y las consideraciones éticas. Este enfoque proactivo sienta las bases y proporciona un marco para la evaluación y la integración de iniciativas externas que coadyuven en el cumplimiento de sus objetivos, como es el caso de la RSD.  

Al analizar los objetivos programáticos de la RSD y la Estrategia Digital de Chile se encuentran muchos puntos en común, sobre todo en esferas como la expansión de la infraestructura digital, la promoción de la economía digital y el fomento de la innovación. En este sentido, Chile apoyó la adhesión de China al Acuerdo Integral y Progresista de Asociación Transpacífico (CPTPP por sus siglas en ingles) y al Acuerdo de Asociación de Economía Digital (DEPA por sus siglas en ingles), en el marco de la trigesima Reuion e Lideres Economocios ddel Foro de Cooperacion Economico Asia Pacifico (Xinhua, 2024).

En octubre de 2023, durante la visita del presidente Boric a China, Chile y China firmaron múltiples documentos bilaterales de cooperación, incluidos los relacionados con la economía digital y la innovación científico-tecnológica. Esto demuestra que, más allá de la infraestructura, Chile y China están explorando activamente la cooperación en diversos aspectos de la economía digital, incluidos los acuerdos comerciales y el desarrollo rural, lo que indica una asociación amplia y cada vez más profunda en el ámbito digital. (Prensa Presidencia, 2023) 

Logros de la implementación de la Ruta de la Seda Digital en Chile   

Chile fue el primer país sudamericano en establecer relaciones diplomáticas con la República Popular China en 1970. En 2005, se convirtió en el primer país del mundo en firmar un Tratado de Libre Comercio con China. Chile se convirtió en miembro prospectivo del Banco Asiático de Inversión en Infraestructura (BAII) en 2017 y se unió a la iniciativa de la Franja y la Ruta en 2018.

La implementación de la RSD en Chile, a través de las inversiones chinas en tecnología y telecomunicaciones, está destinada a fortalecer sus operaciones en la región y convertirla en un hub digital, teniendo en cuenta que el país austral es una de las naciones con mayor liderazgo en materia de digitalización, infraestructura y capital humano en el continente. Esto ha sido de interés para los proveedores de servicios en la nube, las industrias creativas y otras empresas tecnológicas del gigante asiático.  

En este sentido, Huawei, mediante una inversión de 100 millones de dólares, estableció su primer Data Center en 2019. Un año después abrió su segundo Centro de Datos, que incluía el servicio exclusivo para Inteligencia Artificial y Big Data. Igualmente, las aplicaciones Mobike y Didi, de fabricación china, se introdujeron en Chile con gran desempeño comercial  (Foxley, 2022).  

Desde el punto de vista tecnológico, una de las aspiraciones de los sectores industriales y productivos chilenos ha sido garantizar el acceso a la red 5G y establecer una infraestructura digital de avanzada a nivel regional. En este sentido estuvieron encaminados los acuerdos firmados con la empresa Huawei y la visita del presidente Sebastián Piñera a Shenzhen en 2019 (Cooperativa, 2019). De esta manera, empresas como ZTE tienen una participación importante en el mercado de telefonía y en las telecomunicaciones chilenas. Actualmente son los principales proveedores de 5G del operador WOM, de Movistar (Telefónica) y Claro, mientras que Entel se mantiene con equipos de Nokia y Ericsson. (Catalano,2023) 

Además, China plantea construir un cable de fibra óptica transpacífico, a través de Hong Kong, lo cual le permitirá interpretar una gran cantidad de información desde América del Sur hacia el Pacífico. La empresa Huawei Marine Network es la principal solicitante, pero por temas de seguridad nacional, las autoridades australianas han establecido restricciones al proyecto. Aún es posible la financiación o la participación de empresas chinas en los cables de fibra óptica desde Chile hasta la Antártida, mediante la ampliación de la red de Fibra Óptica Austral construida por Huawei, u otra línea troncal (Ellis, 2021).  

Los equipos de Huawei están posicionados para incluirse de manera significativa en la implementación de redes 5G en Chile. El gobierno chileno decidió en 2021 no excluir a Huawei de su despliegue de la red 5G. Huawei opera actualmente instalaciones de almacenamiento en la nube en Santiago de Chile, como parte de su presencia de centros de datos en América Latina. De igual manera, de conjunto con la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO, por sus siglas en inglés), China está apoyando la iniciativa “1000 Aldeas Digitales” en Chile, con el objetivo de impulsar la conectividad y proporcionar soluciones digitales para las comunidades rurales(FAO,2022).

Mediante la inversión en estos sectores, la RSD ha desarrollado la infraestructura digital de Chile a través del acceso a tecnologías chinas de vanguardia en áreas como la IA, los macrodatos y las ciudades inteligentes, lo cual ha incidido positivamente en su propia transformación digital. Asimismo, ha creado nuevos mercados de exportación para bienes y servicios chilenos en China, ha estimulado el crecimiento económico y creado nuevas oportunidades de empleo(MercoPress, 2024). Usualmente, las empresas chinas ofrecen tecnología a precios más competitivos que los proveedores occidentales, lo que reduce el costo del desarrollo digital de Chile.  

Controversias y discrepancias con Estados Unidos   

La cada vez mayor interrelación entre Chile y China ha llamado la atención del gobierno norteamericano, el cual en varias ocasiones ha expresado su preocupación por una posible injerencia china en los asuntos internos de la nación austral. Aunque China es el quinto inversor en Chile, detrás de Estados Unidos, Canadá, la Unión Europea y Brasil, la Casa Blanca alega su preocupación por la creciente inversión tecnológica china en Santiago. Esta nueva confrontación geoeconómica y geopolítica, denominada “Guerra Fría Tecnológica”, ha frustrado en varias ocasiones procesos de inversión china en Chile.

Por ejemplo, hacia 2016, el gigante asiático aspiraba a construir un cable submarino de fibra óptica desde Valparaíso a Shanghái. En 2017 se firmó un acuerdo para realizar un estudio de viabilidad sobre esta y otras opciones de interconexión digital (Xinhua,2017). Sin embargo, la conexión directa a Shanghái no se concretó. En 2020, el gobierno chileno eligió una solución propuesta por la empresa japonesa NEC para construir el cable submarino Humboldt, que conectaría Chile con Australia y Nueva Zelanda, con Sídney como punto final de conexión. Esta decisión estuvo influenciada por la visita en 2019 del entonces Secretario de Estado de Estados Unidos, Mike Pompeo, un crítico vocal de la RSD de China. Un año después, Chile negó la confección de pasaportes a la empresa china Ansino, tras la acusación de Washington sobre un posible riesgo para la seguridad de los datos personales y la amenaza de quedar fuera del programa Visa Waiver (Artaza, 2025).  

En enero de 2024, Google se unió al proyecto del cable submarino Humboldt, modificando su ruta para conectar Chile, la Polinesia Francesa y Australia. Se estima que el cable Humboldt se instale en 2025 y esté operativo en 2026(Cicileo,2024). De igual manera, Chile excluyó a Huawei del denominado Sistema Nacional Satelital, optando por empresas europeas como Airbus.  

Por su parte, Estados Unidos ha promovido iniciativas como “América Crece” y alternativas como Ericsson y Nokia. En 2022 firmó con Chile un acuerdo sobre Redes Limpias. Asimismo, empresas como Amazon y Google han anunciado inversiones en centros de datos en Chile. A través de agencias como la USAID, promueve programas de innovación con énfasis en seguridad digital y alternativas a tecnologías chinas. Igualmente, ha presionado a Chile para que se alinee con iniciativas como la Alianza para la Prosperidad Económica, que excluye a China en cadenas de suministro tecnológico.  

El gobierno de Estados Unidos sostiene que la inversión china constituye un riesgo para la ciberseguridad, la gobernanza de datos y la información sensible. Igualmente afirma que la preponderancia de empresas chinas pudiera plantear un desafío competitivo para las empresas y empresas emergentes chilenas locales en el espacio digital.  

Recientemente China ha acusado a Estados unidos de injerencia en los asuntos internos chilenos. La controversia surgió como resultado de la cancelación del proyecto astronómico Monitoreo de Objetos Transitorios (TOM, por sus siglas en ingles) por parte del gobierno Chileno. El proyecto chino en cuestión tenia como principal objetivo el estudio de las estrellas, los agujeros negros y los elementos pesados del universo. La decisión de cancelar el observatorio estuvo influenciada por el embajador norteamericano Brandon Judd y la senadora Jeanne Shahee quienes han expresado su voluntad de restringir el acceso de China a los recursos estratégicos chilenos. Ante esta suspensión, China acuso a Estados unidos de influir negativamente en esta decisión citando presuntas dudas sobre el desarrollo del programa espacial militar chino. El gobierno asiático ha afirmado que esta tendencia constituye una Nueva Doctrina Monroe (Ex Ante, 2025).

La rivalidad entre Estados Unidos y China tiene un impacto directo en Chile, ya que ambos países son sus principales socios comerciales. Las tensiones geopolíticas, particularmente la competencia estratégica entre Estados Unidos y China, influyen significativamente en el enfoque de Chile hacia la RSD. Chile debe manejar cuidadosamente estos intereses contrapuestos para equilibrar los posibles beneficios económicos y tecnológicos de comprometerse con China con las posibles repercusiones de Estados Unidos y las preocupaciones sobre la seguridad nacional.  

Conclusiones

La Ruta de la Seda Digital, impulsada por China, se erige como una estrategia integral para proyectar su liderazgo tecnológico global, abarcando desde la construcción de infraestructura física hasta el desarrollo de un ecosistema digital avanzado. Su objetivo trasciende la mera expansión tecnológica, buscando establecer estándares y modelos de gestión propios que reconfiguren la gobernanza digital y financiera a escala mundial, lo cual constituye una alternativa a los esquemas occidentales.

En Chile, la RSD ha catalizado avances notables en su transformación digital, aprovechando la infraestructura preexistente y una relación bilateral pragmática. La inversión china ha sido fundamental para modernizar sectores clave además de impulsar la digitalización rural. Estos avances han generado beneficios económicos y acceso a tecnologías de vanguardia, posicionando a Chile como un hub regional actor relevante en el panorama digital latinoamericano.

Sin embargo, la implementación de la RSD en Chile se ve frenada por la confrontación geopolítica entre China y Estados Unidos. Las preocupaciones norteamericanas sobre ciberseguridad, privacidad de datos y autonomía tecnológica han derivado en presiones y obstáculos para proyectos chinos específicos, forzando a Chile a un complejo equilibrio entre sus intereses económicos y tecnológicos y las consideraciones de seguridad nacional. Esta dinámica de rivalidad internacional, junto con la necesidad de mayor transparencia, define los desafíos cruciales para el futuro digital chileno y ofrece lecciones significativas para la región.

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