Análisis

Un aniversario en ámbar

27/07/2017

Xulio Ríos es director del Observatorio de la Política China.

Un aniversario en ámbar

El éxito de la cumbre de los BRICS, prevista para septiembre en Xiamen, China, puede peligrar si se agrava la crisis desatada en el Himalaya. Recientemente, el ministro de defensa, Wu Qian, exigió a India la retirada de las tropas que el pasado mes de junio incursionaron en un área reclamada por Bután y en la que China está construyendo una carretera. El ministro sugirió a Nueva Delhi “no tentar a la suerte”. Por su parte, India reclama que las dos partes retiren simultáneamente las tropas de la zona para poder negociar. Esta semana visita Beijing el Consejero de Seguridad Nacional indio, Ajit Doval, para participar en un foro del grupo BRICS.

China asegura que su determinación y voluntad es “inquebrantable” y que defenderá su soberanía territorial “a cualquier precio”. Según su versión, el área de Doklam nunca ha sido objeto de disputa con India (si con Bután) ya que está definida, a diferencia de otras zonas de la frontera común cuyas secciones no están definidas y son por ello motivo de fricciones y enfrentamientos. India asegura que Bután le pidió ayuda ante la “invasiva” presencia china y a la vista de la preocupación compartida porque la carretera en construcción daría acceso al corredor de Siliguri, un estrecho tramo de tierra que conecta los estados del noroeste de India con el resto del país.

La crisis tiene lugar en vísperas del 90 aniversario de la fundación del Ejército Popular de Liberación (EPL) y cuando el protagonismo militar afecta también a otros escenarios convulsos. El despliegue naval en el Estrecho de Taiwán o el aéreo en el Mar de China meridional, por ejemplo, suscita tensiones peligrosas con los destructores y aviones espía estadounidenses que hacen seguimiento de las actividades chinas. Ante la preocupación expresada por algunos países de la zona en relación a los vuelos de los aviones militares chinos en el estrecho de Miyako, en el Pacífico occidental, el portavoz de Defensa, Ren Guoqiang, se limitó a decir: “se sentirán mejor cuando se hayan acostumbrado a tales movimientos”…

En otro escenario, en el Báltico, Rusia y China, están llevando a cabo maniobras militares en las aguas territoriales de Kaliningrado. La presencia china en una zona de tensiones con la OTAN evidencia tanto el decidido apoyo a las tesis rusas frente a la Alianza Atlántica como la elevación de su nivel se sintonía estratégica y de respuesta a la “interferencia” de EEUU en su propio entorno geográfico.

Cabe recordar que semanas atrás también se anunció el establecimiento de una “base de apoyo” en Yibuti, la primera de su naturaleza en el extranjero y que China asegura no es una base militar sino logística para servir de apoyo a las misiones de escolta y de paz en África y el este de Asia, descartando cualquier propósito de efectuar un despliegue de sus fuerzas militares en la región. Aunque oficialmente se insiste en que no supone un cambio cualitativo respecto a la política de no establecimiento de bases militares en el exterior, algunas dudas persisten.

El enfrentamiento India-China en Doklam plantea un reto complejo para ambas partes. La decidida actitud de India en apoyo de Bután ha sorprendido a la dirigencia china y supone un claro desafío a Xi Jinping, embarcado en una estrategia de afirmación contundente de su liderazgo personal y con una clara voluntad de ampliación del espacio estratégico regional y global del gigante asiático. La escalada de tensión evidencia, por otra parte, el fracaso del intento de Xi de forjar una relación personal y constructiva con el primer ministro Narendra Modi, que no ve con buenos ojos el corredor económico China-Pakistán que discurre, en parte, por territorio reclamado por India pero que es irrenunciable para Beijing por tratarse de una pieza clave del proyecto de la Franja y la Ruta.

La proximidad de la cumbre de los BRICS y del XIX Congreso del PCCh aconsejaría una apuesta firme por la estabilidad y la negociación. Pero la multiplicación de avisos por parte de Beijing induce a la preocupación. Un golpe quirúrgico en el conflicto auparía aun más el liderazgo de Xi y podría facilitar el éxito de su estrategia interna minguando las posibilidades de sus adversarios; por el contrario, la tibieza podría ser entendida como una expresión de incapacidad efectiva para dejar a un lado la retórica cuando los hechos reclaman decisión. Xi, promotor de la reforma militar más importante desde la fundación del EPL, se ha referido en multitud de ocasiones a la necesidad de contar con un ejército “capaz de librar y ganar guerras”.

India guarda en el recuerdo la humillación sufrida en la breve guerra de 1962. Con el aumento del nacionalismo en Asia, la crisis puede dispararse y dar paso a una grave escalada en cualquier momento. Cabe, no obstante, desear que ambas partes se mantengan en la senda de la moderación.


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