Análisis

Panamá no es un caso más

13/06/2017

Xulio Ríos es director del Observatorio de la Política China.

Panamá no es un caso más

No por relativamente esperado, el establecimiento de relaciones diplomáticas entre Panamá y la República Popular China, tras 107 años de relaciones con la República de China, supone un duro revés para la diplomacia taiwanesa, dejándola en una situación de enorme precariedad. Junto a Paraguay, el país fue visitado en junio del año pasado  por la actual presidenta Tsai Ing-wen en su primera gira exterior. La desafección supone una significativa “pérdida de cara” para su liderazgo, tomado por sorpresa ante la decisión panameña.

Hace unos días se celebró el décimo aniversario del establecimiento de relaciones diplomáticas entre China y Costa Rica, el primer país de la zona en iniciar el viraje. El anuncio se produce igualmente a solo una semana de la visita del presidente Varela a Washington donde se encontrará con Donald Trump en lo que pudiera interpretarse también como un gesto de afirmación de su autonomía decisoria frente al presidente que al poco de llegar puso en cuestión la política de una sola China al atender una llamada telefónica de la presidenta Tsai en noviembre pasado.

Los vínculos económicos y comerciales entre Panamá y Beijing se han ampliado considerablemente en los últimos años. Panamá contaba ya con una oficina de representación en Beijing desde 1996 si bien porfiaba en que esto no afectaría a los vínculos diplomáticos con Taipéi. China es el segundo usuario del canal y recuérdese que el primer barco que cruzó el canal ampliado en junio de 2016 pertenecía a la naviera Cosco. China tiene, además, una fuerte implicación en la ZLC de Colón. El China Landbridge Group, un potente grupo inversor chino, construye en la Isla Margarita de la norteña y caribeña provincia de Colón un terminal de portacontenedores para buques neopanamax, y que con 1,1 billones de dólares representa la mayor inversión del país asiático en este país de América Central. China invierte igualmente en la Costa Atlántica cerca de 7.500 millones de balboas en el proyecto de renovación urbana de Colón, el tercer puente sobre el Canal, una planta de gas natural, el proyecto minero de Donoso -al noroeste del país-, y otras actuaciones en diferentes campos, desde la vivienda a la educación.  Taiwán, por su parte, firmó un TLC con Panamá en 2003, ahora de futuro incierto.

Pese a la decisión de Panamá, la región de Latinoamérica y Caribe sigue siendo la principal proveedora de aliados de Taiwán (11 de un total de 20), pero esta pérdida puede tener consecuencias mayores ya que se trata de uno de sus aliados más antiguos y de mayor peso, ubicado en una zona estratégica y posicionado en la ruta de transporte más concurrida del mundo.

Beijing aumenta la presión

Tras la derrota del Kuomintang (KMT) en las elecciones legislativas y presidenciales de enero de 2016, China consumó la normalización con Gambia tras demorarlo desde  2013, y también con Santo Tomé y Príncipe. Los rumores sobre una pronta desafección del Vaticano, su único aliado en Europa, arrecian cada vez con mayor frecuencia. Por otra parte, en los organismos del sistema ONU nada puede hacer. Beijing aplica el cerrojo sin contemplaciones tal como se ha podido constatar recientemente en la Asamblea Mundial de la Salud pero también con anterioridad en la INTERPOL, la OACI o la Convención sobre el Cambio Climático. La más reciente solicitud de participación en la conferencia de la OIT también fue rechazada. La asfixia afecta incluso a terceros países en los que solo dispone de oficinas de representación: es el caso de Nigeria, instada a trasladar fuera de la capital la representación taiwanesa. La oficina en Fidji podría cerrarse en breve. Todo ello puede afectar a estrategias principales del nuevo gobierno como la Nueva Política hacia el Sur. Ningún país del sudeste asiático sacrificará sus intereses nacionales por facilitar el éxito de una política de Tsai que bajo la premisa de ser menos conciliadora con Beijing puede enemistarles con el gigante.

En este contexto de claro incremento de la presión por parte de China, el caso de Panamá, por su importancia, puede llevar consigo una avalancha de rupturas y quebrar las posibilidades de consolidación de los lazos bilaterales con otros aliados de la región. La República Dominicana medita el cambio desde hace tiempo y esta decisión de Panamá podría precipitar también la suya y quizá otras.

La ruptura de la tregua diplomática establecida durante el doble mandato de Ma Ying-jeou (2008-2016) fue una de las consecuencias del acceso al poder de Tsai Ing-wen y su negativa a aceptar el principio de “Una Sola China”. En vísperas de la victoria de Tsai, un parlamentario del KMT advertía que hasta 18 aliados estarían en disposición de cambiar de bando.

Por más que desde Taipéi se descalifique lo que llama “diplomacia de chequera” en alusión a los incentivos económicos desplegados por Beijing pero de larga tradición en ambas partes, los atractivos de la segunda economía del mundo condicionan la impotencia taiwanesa para retener a sus aliados.

¿Dará Tsai el brazo a torcer?

Sobra decir que este trasiego difícilmente influirá en un hipotético cambio de postura sustancial de la Administración Tsai en lo que atañe a la política a través del Estrecho. Y está por ver el impacto en el sentimiento de la opinión pública. Una encuesta reciente enfatizaba el mayoritario rechazo cívico  (más del 70 por ciento) del principio de una China como requisito político previo para recuperar la normalidad. Un 84 por ciento mostraba su preferencia por el statu quo.

La falta de contactos oficiales a través del Estrecho agrava el foso existente pero aquellos no se reanudarán en tanto Taipéi no acepte el marco de juego establecido por el Partido Comunista de China con su viejo rival, el KMT. De aquí a los comicios locales del próximo año podemos asistir a un persistente y dosificado desangramiento diplomático. Tras ese goteo, será el momento de constatar su grado de influencia en las expectativas electorales de la oposición allegada a Beijing y que ahora reclama con mayor insistencia un cambio radical de política. Mientras tanto, más ásperas serán aun las relaciones a ambos lados del Estrecho.


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